En la política local hay personajes que parecen más enfocados en el algoritmo que en el territorio, y ese es el caso de Cuco Ochoa, representante de la Secretaría de Economía, cuya presencia reciente ha destacado más por las publicaciones en redes que por resultados tangibles de gestión. En los corrillos políticos se comenta que su activismo digital tendría como objetivo colarse en las encuestas rumbo a una eventual candidatura a la alcaldía de Chihuahua o, cuando menos, asegurar una diputación. Sin embargo, la estrategia luce frágil frente a perfiles con mayor trayectoria y trabajo de base; mientras otros construyen estructura y propuestas, él apuesta a la exposición constante, como si la viralidad pudiera sustituir a la memoria colectiva, que en política suele ser implacable.
Prueba de ello fue su visita a la región del Cerro de la Cruz, donde le ofrecieron un menudo que, según los presentes, ni siquiera parecía haber probado: llegó, soltó el discurso y se fue, cuidando cada movimiento para no mancharse el atuendo, con una delicadeza casi de señorita. Resulta curioso que, tras años de vérsele muy cercano a Marcelo Ebrard y a los círculos de restaurantes elegantes, ahora pretenda proyectar una imagen de sencillez y humildad degustando un “menudazo” en colonia popular. El problema no es el platillo, sino la puesta en escena: cuando la política se convierte en escenografía, la gente distingue entre quien realmente se sienta a la mesa y quien solo posa para la foto.
LA GRAN AUSENTE en el actuar de la 4T sigue siendo la austeridad, esa que tanto pregonó el expresidente López Obrador, iniciador de este movimiento, quien juraba solo portar 200 pesos en su cartera y que nunca había tenido algún tipo de tarjeta pues vivía de la buena voluntad y aportaciones de la gente y por lo que se ve, sí es verdad, ahora dicen que El Mencho aportó grandes cantidades a sus campañas.
Y fiel a esos principios, la senadora Andrea Chávez llevó a cabo un contrainforme a la misma hora que la gobernadora Maru Campos en un lujoso hotel del Periférico de la Juventud, en cuyo salón -El Diamante- ronda los dos mil 300 pesos por persona y según las estimaciones, acarrearon ¡ups! acudieron entre 800 y mil personas. Es decir, tan solo para contar con el salón, se habrían gastado poco más de 2 millones 300 mil de pesos.
Eso, sin contar renta de camiones o camionetas o gastos de gasolinas, comidas, casetas y alojamiento para quienes llegaron desde Guadalupe y Calvo para cuyo viaje se necesitan al menos ocho horas. Además, el respectivo estipendio para cada asistente y cada cabeza de grupo.
¡Viva la austeridad para el pueblo!
Que cada persona solo tenga un par de zapatos y traiga doscientos pesos en la bolsa, mientras los hijos del expresidente se dan vidas de lujo en México y el extranjero; mientras Rocío Nahle acumula propiedades; mientras Sergio Mayer pide permiso para entrar a La Casa de Los Famosos; mientras se reparten contratos millonarios entre los más cercanos a la Presidencia de la República; y muchos mientras más.
En política, los tiempos se aceleran… y las ansias más. Apenas vamos cruzando la mitad del sexenio y ya hay quienes mandaron a planchar el traje para 2027. Pero este fin de semana, en su Cuarto Informe, la gobernadora Maru Campossoltó la frase que cayó como balde de agua helada en más de una oficina con aspiraciones: “Hay gobernadora para rato… y viene lo mejor para Chihuahua.”
Traducido al lenguaje de la grilla: todavía mando yo.
Porque mientras algunos andan en modo precampaña permanente, la inquilina de Palacio les recordó que el reloj institucional sigue corriendo a su favor. Y que, aunque resten años, son suficientes para dejar claro quién conduce y quién apenas calienta.
Ahí está el alcalde capitalino, Marco Bonilla, que no oculta su disciplina… ni su interés. Juega a la lealtad institucional —y hay que reconocerle que lo hace con oficio—, pero también entiende que en política el que no se mueve no sale en la foto. El detalle es que la foto, por ahora, la sigue encabezando Maru.
Del otro lado del mapa azul, Jesús Valenciano hace lo propio desde Delicias: administración eficiente, presencia constante y guiños sutiles a un futuro más grande que su municipio. Pero entre querer y poder hay una diferencia: la bendición del timing. Y el timing, guste o no, todavía lo marca la gobernadora.
Y luego está Morena, ese universo paralelo donde todos son candidatos hasta que dejan de serlo. El alcalde juarense Cruz Pérez Cuéllar juega a ser factor nacional, aunque a veces el tablero local le recuerde que Juárez no es trampolín automático. La senadora Andrea Chávez, con reflector propio y narrativa combativa, ya construye posicionamiento como quien ensaya discurso de toma de protesta. Morena huele el 2027 como oportunidad histórica… pero olvida que las elecciones no se ganan en el aire, sino contra estructuras reales.
Y ahí es donde entra el detalle incómodo: mientras los suspirantes hacen giras disfrazadas de informes, la gobernadora concentra presupuesto, agenda y operación. Podrá gustar o no su estilo, pero nadie puede negar que entiende el poder… y lo ejerce.
“Viene lo mejor”, dijo. La frase no es menor. Es mensaje interno y externo. Interno para los propios, que ya andan contando canicas; externo para los adversarios, que sueñan con un desgaste acelerado que no termina de llegar. Porque si algo ha mostrado Maru es resistencia política. Ha sobrevivido a embates nacionales, tormentas partidistas y a ese deporte estatal de disparar primero y preguntar después.
Claro, el 2027 llegará. Siempre llega. Pero hay una diferencia entre prepararse y precipitarse. Hoy, el tablero no está vacío. Tiene gobernadora. Y tiene mando.
Quizá el verdadero mensaje del Cuarto Informe no fue una promesa de obras ni un catálogo de cifras. Fue una advertencia elegante: todavía no es tiempo de herencias.
Así que, estimados aspirantes —azules, guindas o del color que inventen mañana—, respiren. Falten dos o tres calendarios, pero el poder no se comparte por ansiedad. Se disputa cuando el ciclo termina.
Y este, les guste o no, aún no termina.
Porque sí: hay mucha gobernadora. Y los años que quedan, los vale… y los va a hacer valer.