En la era digital, donde prácticamente todo pasa por una pantalla, desde la conversación pública, la política, el activismo, hasta la vida cotidiana, pensar en reglas claras para internet ya no es un lujo, es una necesidad. Por eso, el reciente acuerdo de colaboración voluntaria firmado por el Gobierno de México con gigantes tecnológicos como Google, Meta y TikTok para combatir la violencia digital contra mujeres y niñas merece atención.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, la iniciativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum y presentada junto con la titular de la Secretaría de las Mujeres, Citlalli Hernández, y el titular de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, José Antonio Peña Merino, plantea algo muy relevante: reconocer que el espacio digital también necesita corresponsabilidad.
Las redes sociales han democratizado la voz de millones de personas, pero también han amplificado fenómenos como el acoso, la violencia simbólica y las campañas de odio, particularmente contra mujeres que participan en la vida pública. Lo saben bien muchas políticas mexicanas que han sido blanco constante de ataques digitales, desde Citlalli Hernández, Clara Brugada, Beatriz Paredes, hasta Claudia Sheinbaum, pasando por liderazgos como Olga Sánchez Cordero, Margarita Zavala o Patricia Mercado.
Desde la perspectiva de la comunicación digital, hablar de la regulación de la red es inevitable. Internet dejó de ser hace mucho un territorio sin reglas. En la Unión Europea, por ejemplo, el Digital Services Act ya obliga a las plataformas a actuar frente a contenidos dañinos, mientras que en Australia existe incluso una autoridad dedicada a la seguridad digital. En ese contexto, que México impulse un acuerdo de colaboración con las plataformas tecnológicas es, sin duda, un paso en la dirección correcta.
Porque si algo define a nuestro momento histórico es la paradoja. Nunca se ha hablado tanto de igualdad y, sin embargo, vemos tendencias culturales que parecen mirar hacia atrás. Basta abrir cualquier red social para encontrarse con fenómenos como el “trad wife”, que romantiza roles tradicionales como si el reloj social pudiera retroceder décadas, discursos de hipermasculinidad que trivializan la violencia, o contenidos donde la misoginia se disfraza de humor, nostalgia o simple “opinión”.
En una sociedad polarizada, donde la política global se mueve entre extremos, discursos incendiarios y debates cada vez más agresivos, iniciativas como esta recuerdan algo muy simple: innovar también es construir espacios más seguros. No es censura, como algunas voces claman, es simple convivencia.
México, con todos sus retos, está intentando abrir una conversación necesaria sobre la responsabilidad digital compartida. Y en una época donde muchas discusiones públicas parecen girar hacia el conflicto permanente, apostar por acuerdos, colaboración e innovación institucional es, francamente, refrescante.
Y en tiempos donde el mundo parece vivir entre innovación, polarización y retrocesos, apostar por acuerdos y responsabilidad compartida también es una manera de empujar la conversación pública hacia un horizonte más justo y más seguro.
X: @GINA_ARELLANO