En días pasados, una noticia conmocionó a la comunidad: una señora de avanzada edad, dedicada a la venta de dulces y golosinas, fue atropellada por una conductora imprudente. La indignación y la preocupación se apoderaron de la opinión pública, exigiendo justicia y responsabilidad por parte de la responsable. Sin embargo, en medio de la indignación, un gesto de humanidad y compasión vino a iluminar el panorama. El alcalde Marco Bonilla visitó a la señora y le entregó un carrito, un triciclo lleno de mercancía para que pueda retomar sus actividades.
Este gesto, más allá de la política y la burocracia, muestra el lado humano del alcalde y su compromiso con la comunidad. En un momento en que la crítica y la desconfianza hacia los políticos están a la orden del día, este acto de empatía y solidaridad es un recordatorio de que, a veces, la humanidad y la compasión pueden hacer la diferencia. La señora ha recibido no solo apoyo moral, sino también un impulso para seguir adelante con su negocio, demostrando que la administración municipal puede hacer la diferencia en la vida de las personas.
Por cierto, hubo algunos que lo tacharon de oportunista por lucrar con situaciones de vulnerabilidad.
En la política chihuahuense ya comenzaron a moverse las piezas rumbo a las próximas candidaturas, particularmente al interior de Morena. Aunque públicamente se habla de procesos, encuestas y consensos, en los pasillos del partido cada vez parece más claro que algunas “reglas” no escritas ya empezaron a marcar quién sí llegará a la boleta… y quién definitivamente no.
En ese contexto, todo apunta a que Hugo González tiene el camino prácticamente asegurado para competir por una diputación local. Su posición como presidente del consejo estatal y su trabajo como regidor le han dado visibilidad y puntos dentro del partido. En política, las credenciales internas pesan, y González parece tenerlas de su lado en este momento.
Muy distinta es la situación de su compañero regidor, Miguel Riggs. Entre inconformidades y movimientos, hay quienes aseguran que el exlegislador está más que inquieto por mantenerse en la jugada política. El problema, dicen algunos dentro del mismo círculo político, es que su imagen pública no le ayuda demasiado.
A Riggs le persigue una reputación complicada: señalamientos de actitudes machistas, misoginia, un estilo confrontativo y una forma de hacer política que suele generar más polémica que acuerdos. No es precisamente el perfil que muchos dentro de Morena quisieran proyectar rumbo a un proceso electoral donde la narrativa de renovación y cercanía social es clave.
Además, quienes siguen de cerca su trayectoria aseguran que, desde que comenzó su carrera política, no se ha distinguido precisamente por iniciativas destacadas o logros legislativos memorables. Más bien, su nombre suele aparecer ligado al escándalo y a la confrontación mediática.
En ese sentido, algunos observadores comparan su estilo con el de personajes del espectáculo político que viven de la polémica constante. Un perfil que genera ruido, sí, pero no necesariamente el tipo de ruido que construye una candidatura sólida.
Así, mientras unos parecen avanzar con el camino despejado, otros siguen tratando de sacudirse etiquetas que, en política, suelen ser más difíciles de quitar que de poner. Y en Morena, donde la disputa interna ya comenzó, la verdadera batalla apenas está tomando forma.