Después de una batalla legal de casi dos años, que empezó cuando Noelia Castillo solicitó en abril de 2024 a la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña la autorización a una «muerte digna» -una medida que le fue concedida tres meses después y por unanimidad, y que su padre rápidamente recurrió ante la Justicia-, la joven catalana ha recibido este jueves la eutanasia en el centro sociosanitario Sant Camil de Sant Pere de Ribes (Barcelona), donde se congregaron los padres y «toda la familia», aunque ella quiso estar sola en la habitación. La eutanasia se ha llevado a cabo mediante una sedación intravenosa.
Un final deseado por esta joven catalana de 25 años, que sufría una discapacidad del 74% después de su intento de suicidio en 2022, y que en los últimos días ha recibido una gran atención mediática, tras la entrevista que concedió a Antena 3 anunciando el día y la hora de su muerte asistida, así como los motivos que la llevaron a tomar esta difícil decisión.
El caso de Noelia, además, ha reabierto el debate público sobre la eutanasia y sus límites legales y éticos en un país en el que el Congreso despenalizó esta práctica en 2021, convirtiendo a España en uno de los pocos países que permiten a un paciente incurable recibir ayuda para morir, siempre que cumpla unos estrictos requisitos y pauta.
La muerte asistida de Noelia ha seguido el protocolo médico para estos casos, con un equipo de sanitarios, elegido entre aquellos que no son objetores de conciencia a la eutanasia, que antes de iniciar el proceso farmacológico confirmaron que la joven mantenía su decisión.
El padre de Noelia intentó evitar el proceso este mismo jueves pero la sección de instrucción del Tribunal de Instancia de Barcelona rechazó su petición.
Hasta las puertas del centro sociosanitario Sant Camil de Sant Pere de Ribes también acudieron Abogados Cristianos, contratados por el padre de Noelia, así como conocidos de la joven y curiosos interesados por el caso y la presencia de cámaras de televisión. Asimismo, un grupo de la comunidad cristiana La Vinya de Vilanova i la Geltrú, que han cantado y rezado en el exterior del centro desde primera hora de la tarde.
Debido a la gran expectación creada y para garantizar la seguridad e intimidad de Noelia, el centro sociosanitario de Sant Pere de Ribes ha estado blindado en todo momento por los Mossos d’Esquadra, que sólo han dejado entrar a familiares de la joven. Varios agentes se han repartido incluso por el interior para vigilar los vestíbulos y pasillos. De hecho, una chica que se ha identificado como amiga de Noelia de hace años, cuando ambas tenían 15, se ha quedado sin poder acceder. «Perdimos el contacto, me enteré por televisión y no dudé en venir», ha explicado, después, la supuesta amiga.
«Ha fallado el sistema legal, el procesal y el sanitario», ha asegurado el abogado del progenitor, José María Fernández. «A una mucha que ha tenido una vida muy dura, que todos lamentamos, lo único que se la ha podido dar es la muerte. Hace mucho tiempo que ella debería haber recibido tratamiento para sus enfermedades mentales y un grado de dependencia mayor que le hubiera permitido tener una mayor pensión para tener una vida digna», ha señalado el abogado.
«Lamentando mucho este final, esperamos que este caso al menos sirva para que no se repita en el futuro y no haya más Noelias», ha concluido el letrado contratado por el padre.
La joven llega a la eutanasia casi dos años después de solicitarla -la pidió ante la Comisión de Garantías en abril de 2024- y tras batallar contra su padre ante los juzgados. La joven logró el aval de todas las instancias judiciales españolas, desde el contencioso 12 de Barcelona al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, el Supremo y el Constitucional, después de que progenitor recurriera a cada fallo.
Noelia explicó hasta dos agresiones sexuales sufridas, la última grupal por parte de tres chicos en una discoteca días antes de su último intento de suicidio (también explicó varios episodios de autolesiones en la entrevista concedida en Antena 3). «No lo denuncié porque fue justo antes de intentar suicidarme», aseguró. Por tanto, no hubo ni denuncia ni investigación posterior.
Fue el 4 de octubre de 2022 cuando se arrojó por la ventana de un quinto piso para quitarse la vida. No murió. Sufrió una «grave» e «irreversible» lesión medular, una paraplejia que le provocó fuertes «dolores neuropáticos» y carecía de movilidad completa en las piernas. Vivió en un centro sociosanitario la mayor parte del tiempo y tenía una discapacidad del 74% (anteriormente era del 67% por sus problemas de salud mental). En concreto, un trastorno límite de la personalidad y otro obsesivo compulsivo, como ella misma reconoció en la entrevista.