Más que una estrategia temporal para acompañar la Copa del Mundo, el plan “Mundial Verde: con Juego Limpio, el Planeta Gana” busca dejar una huella duradera en la forma en que la capital se relaciona con su entorno. La jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, presentó una política integral que convierte al evento deportivo en catalizador de cambios estructurales en consumo, movilidad, turismo y producción local.
Desde el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, la mandataria planteó que el Mundial no solo implica retos logísticos, sino una oportunidad para redefinir la relación entre ciudad y medio ambiente. Bajo esa lógica, el programa articula 10 ejes que, más allá de atender la demanda de visitantes, pretenden modificar prácticas cotidianas de habitantes, comercios y sectores productivos.
El enfoque central no está únicamente en reducir impactos durante el torneo, sino en consolidar un modelo urbano sostenible que perdure. “Cuidar la ciudad es también cuidar el futuro”, sintetizó Brugada al subrayar que el 60% del territorio capitalino es suelo de conservación, una condición que redefine la identidad de la metrópoli como algo más que un espacio urbano.
Del espectáculo al cambio estructural
Uno de los ejes más relevantes es la eliminación progresiva de plásticos de un solo uso, apoyada en incentivos a comercios y en la adopción de sistemas reutilizables en espacios de alta concentración como estadios y festivales. A esto se suma el impulso a la economía circular, con estaciones de retorno y esquemas de separación que buscan convertir residuos en insumos para nuevo mobiliario urbano.
La estrategia también incorpora un componente económico con impacto territorial: productores del suelo de conservación serán integrados a las cadenas de consumo del Mundial mediante la comercialización directa de alimentos como nopal, amaranto y miel. Con ello, se intenta reducir intermediarios y fortalecer economías locales.
En paralelo, el turismo será reorientado. Las llamadas “Rutas del Campo” ampliarán la oferta hacia zonas rurales y naturales, con actividades agroturísticas y educación ambiental. Este rediseño busca desconcentrar la presión sobre el centro de la ciudad y visibilizar ecosistemas clave.
Xochimilco como símbolo ambiental
El plan coloca a Xochimilco como uno de los pilares del “Mundial Verde”. La rehabilitación de embarcaderos como Cuemanco y Nativitas incluirá infraestructura sustentable, tratamiento de agua y captación pluvial. Además, se reforzarán acciones de conservación del ajolote y del sistema lacustre, en un intento por convertir este espacio en referente internacional de restauración ecológica.
A la par, se impulsará la producción de 500 mil matracas de carrizo —material considerado invasor—, transformando un problema ambiental en una oportunidad económica para comunidades locales.
Movilidad, energía y aire limpio
Otro componente clave es la reducción de emisiones. Programas como “Bájate del Coche” promoverán el uso del transporte público, la bicicleta y recorridos peatonales hacia el estadio, mientras que se plantea incluso incentivar el trabajo remoto durante los días de mayor actividad.
En el Fan Festival del Zócalo, que espera concentrar hasta 55 mil personas diarias, se aplicarán medidas como el uso de energía solar, captación de agua pluvial, eliminación de pirotecnia y manejo integral de residuos. Los alimentos serán servidos en materiales biodegradables y las bebidas en envases reutilizables.
Alineación global, acción local
La administración capitalina enfatizó que el programa se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, pero con una ejecución basada en acciones locales. La secretaria de Medio Ambiente, Julia Álvarez Icaza, destacó que el éxito dependerá de la participación ciudadana y de la corresponsabilidad entre gobierno, iniciativa privada y sociedad.
En ese sentido, el “Mundial Verde” se plantea no solo como una política pública, sino como una convocatoria colectiva para replantear hábitos de consumo y convivencia con el entorno.
Así, la Ciudad de México busca convertir uno de los eventos deportivos más grandes del mundo en una plataforma de transformación ambiental, donde el verdadero marcador no será el de los partidos, sino el impacto que deje en la forma de habitar la ciudad.
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