No le creo nada a Ramón Alberto Garza, exdirector de El Norte y Reforma. Lo aprecio bastante y hasta diría que somos amigos, pero amistad no mata conocimiento.
Don Ramón es bien mentiroso, y así pasará a la historia. Pero a veces, como aquel personaje de la fábula que acierta por pura chiripa —digamos que sopla la flauta por puro azar—, le atina.
¿A qué viene esto? Curioseaba en X y apareció un video de Ramón Alberto hablando de política. Le preguntaron quién irá a la Secretaría del Bienestar ahora que Ariadna Montiel, titular desde el sexenio de AMLO y pieza clave con Claudia Sheinbaum, se va a presidir Morena. Ramón dijo que suena Leticia Ramírez, hoy Coordinadora de Asuntos Interinstitucionales de la Presidencia y exsecretaria de Educación.
Un acompañante de Ramón, pretenciosamente fifí —con ese tonito de quien aspira a la alcurnia de Monterrey—, descalificó a Leticia. A los mamilas regios, como a los de todo el país, les molesta la gente sencilla, competente y honesta si es de izquierda, como Leticia.
Lo digo abiertamente: creo que Leticia Ramírez, de izquierda pura, decente y con un estilo de vida austero, es de lo mejor de la 4T.
Siempre he pensado que quien llegue a Bienestar puede crecer hasta el infinito en popularidad. Es lógico: lo más importante de los gobiernos de izquierda lleva el nombre o el apellido Bienestar. Es el sello de la casa: IMSS-Bienestar, Gas Bienestar, Banco del Bienestar y un largo etcétera de pensiones y becas.
En las encuestas que hemos hecho, si a Ariadna Montiel le agregamos el cargo de “titular de Bienestar”, empata y hasta supera a los pesos pesados del gabinete que más trabajan su imagen, Omar García Harfuch (Seguridad) y Marcelo Ebrard (Economía).
Sin el apellido, Montiel se hundía en las mediciones, pero acompañada de la palabra Bienestar crecía hasta el cielo. Lo mismo pasará con quien llegue a partir de muy pronto a la Secretaría del Bienestar.
Quizá la idea de dar el cargo a la discreta Leticia Ramírez sea ubicar a alguien honorable y sin ambiciones de crecimiento político. Es mucho patrimonio de popularidad la cartera más apreciada por el pueblo de México.
Podría ser eso, sin duda… o todo lo contrario: lanzar a una nueva competidora a la pista de las carreras políticas. La verdad es que no lo sé, y no especulo. ¿O sí lo hago?
He escrito esto solo para dejar testimonio de mi admiración por una militante ejemplar, asumiendo que quizá mi amigo de tantos años en El Norte y poco tiempo el Reforma soltó otra de sus millones de mentiras o, tal vez, le ocurrió al señor Garza como a ese flautista fortuito que, sin querer, terminó soplando una nota digna del Concierto en sol mayor de Mozart.