Por Gustavo Ferrari Wolfenson
Hoy, 21 de abril, se cumple un año del fallecimiento del papa Francisco, de Jorge Bergoglio o Padre Jorge a secas como muchos de quienes lo conocimos solíamos llamarlo. Un papa que llegó a la más alta posición de la iglesia católica, como el mismo lo señalaba, desde el fin del mundo. Un jesuita, un tipo austero que, aunque parezca raro decirlo, tenía un carácter muy fuerte que lo transmitía con la mirada y que en su época de arzobispo de la ciudad de Buenos Aires siempre tenía un gesto adusto y para mucha mala cara. Nada que ver con el padre sonriente vestido de blanco que durante 12 años guio por senderos renovadores, por sus reformas internas, su enfoque en los pobres y su estilo pastoral cercano.el vicariato de Cristo.
Como arzobispo de Buenos Ares, viajaba en transporte público, no por demagogia, sino por convicción, Llamaba a las parroquias y prácticamente les ordenaba a los sacerdotes a salir a la calle, a solidarizarse con las penurias que estaba pasando la gente luego de la dura crisis institucional económica del país en el 2001. Le gustaba el futbol. Erahincha fanático de San Lorenzo un equipo de barrio del cual renovaba, incluso desde Roma, su membresía como socio todos los años. Admiraba a Pelé sobre Maradona y Messi, Formador de jóvenes, con quienes promovía esa rebeldíanata generacional instándolos a marcar el rumbo de un futuro diferente, de generar consensos. “Hagan lio” (relajo), “saquen a sus párrocos de la zona de confort y llévenselos a la calle a mostrarles la realidades de cómo se vive”. “Diganles a las religiosas que son servidoras de Dios y no tías solteronas que se la pasan encerradas escondiéndose de los problemas del pueblo”. Ese era Jorge Bergoglio, ese era Franciso,
Llegó al Vaticano y se desprendió de los oropeles. Sus viejos zapaos gastados y un portafolio negro lo acompañaron hasta su último día de vida. Le preocupaban los sin techo, los migrantes, los desposeídos, el cuidado del planeta a los que englobó en una de las encíclicas más importantes de los últimos tiempos que fue Laudato Si. Lo repito, fue un papa de una Santa Sede que a partir de su mandato se fue acercando nuevamente a la feligresía. Que combatió como nadie los abusos sexuales en la iglesia, que dijo ¿quién soy yo para juzgarlos?« ante la pregunta sobre una persona gay, que busca al Señor y tiene buena voluntad, que pregonabainsistentemente que nos guardáramos en la mente y en el corazón que ¡Dios nunca se cansa de perdonar!, marcando posiciones que le generaron duras controversias con las corrientes ortodoxas más duras que lo tildaban como un “jesuita revolucionario y transgresor”-
Conocí a Jorge Bergoglio en el 2001, cuando la Argentina se incendiaba institucionalmente y la iglesia junto a las NacionesUnidas iniciaron la Mesa del Diálogo Político durante la IV Jornada de la Pastoral Social. En esas jornadas, Bergoglio pidió explícitamente «rehabilitar la política», definiéndola como una de las formas más altas de la caridad porque apunta al bien común. Sostenía que la política debía ser el medio para salir de la crisis y no para «gerenciarla».
Como parte de esa mesa de diálogo, la iglesia, con Bergoglio como figura central, impulsó espacios de concertación y diálogo para intentar reconstruir las instituciones democráticas ante el agravamiento de la crisis social y económica. Ante la falta de credibilidad de la clase política, la Iglesia se posicionó como un actor con autoridad moral para facilitar el diálogo entre diversos sectores, buscando una salida pacífica. A partir de una serie de homilías y reflexiones; que luego fueron recopiladas en un libro titulado «Ponerse la patria al hombro”, Bergoglio fue marcando el camino de lo que años más tarde haría desde la Santa Sede: ponerse la iglesia al hombro.
Los diálogos en esos tiempos fueron numerosos. Las reuniones para encontrar hilos conductores hacia la pacificación institucional de la Argentina nos permitieron crear una fraterna relación. Me fui del país, pero el vínculocontinuó. Luego de que su nombre fuera mencionado como un fuerte aspirante a la sucesión por la muerte de Juan Pablo II y cediera sus votos para la elección de Joseph Ratzinger como el Papa Benedicto XVI, su comentario entre los conocidos fue: “hasta aqui llegué, ya me retiro”, en alusión a que legaba a la edad de su jubilación cardenalicia. La renuncia del papa Benedicto XVI, lo volvió a viajar a Roma con un pequeño maletín. Estaba escribiendo un documento y le dijo a su secretario y vocero Guillermo Marcó: “espérameunos días al regreso lo terminamos”. No hubo más regreso. El 13 de marzo de 2013, el cónclave eligió a un hijo de Ignacio de Loyola para la Sede de San Pedro – un pontificado definido por el carisma ignaciano que lo formó: el discernimiento, la libertad interior y el deseo de encontrar a Dios en todas las cosas. Ya Papa hace unos llamados a sus amigos líderes de distintos credos, como el rabino Daniel Goldman, el dirigente musulmán Omar Abboud y al propio sacerdote Guillermo Marcó, co-presidentes del Instituto de Diálogo Interreligioso (IDI), para decirles que ya no se reunirían todas las semanas al cafecito. Luego se comunica con el diarero para suspenderle el envió de los periódicos y lohace con Luis Garibal, Alicia Barrios, Alicia Olivera con quienes, a pesar de la diferencia de hora, les llamaba repentinamente para conversar sobre la vida.
Su nombramiento me encontró en el aeropuerto de Cancún. Veníamos de Estados Unidos y mi familia seguía para Buenos Aires y yo partía para Saltillo en donde estaba desarrollando una consultoría para el gobierno de Coahuila. Las pantallas del aeropuerto de pronto anunciaron la fumata blanca y la frase célebre del Cardenal Protodiácono desde el balcón de la Basílica de San Pedro: “Annuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam« (Os anuncio una gran alegría: tenemos Papa),seguida de Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum, Dominum Jorge Mario, Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Bergoglio, Qui sibi nomen imposuit Francscum.
Nos miramos con mi esposa e hija. Un papa llegado desde el fin del mundo, jesuita, latinoamericano, argentino cuyas primeras palabras fueron “recen por mil, sacudía la historia de la milenaria iglesia católica, La alegría nos invadía. A lospocos días desde mi oficina en Saltillo le escribí una carta de saludo y felicitación para que se la hicieran llegar a través de la Nunciatura Apostólica en Mexico (embajada de la Santa Sede). No habían pasado diez días cuando mi madre me llama desde Buenos Aires emocionada, con lágrimasdiciéndome que una persona directamente de la Nunciatura en la Argentina le había entregado por mano una carta del Papa Francisco dirigida a mí. No sabia que hacer y le dije: mamá ábrela y me la lees. En su carta, cuya despedida decía “Reza por mí”, el papa recordaba aquellos encuentros de Diálogo Argentino, la necesidad de seguir luchando por afianzar las instituciones, velar por esa Casa Común que tan puntualmente fue redactando en su encíclica Laudato Si y lo que significaba para él la amistad que también lo plasmo en su otra encíclica Fratelli Tutti,
Fracisco en sus años de pontificado nunca visitó a su país, Si bien fue muy criticado por eso, como buen argentino, sabia que como pueblo conflictivo, su presencia generaría más desencuentro, divisiones de los espacios políticos por lograr su adhesión, que era precisamente lo que no quería que sucediera.
La anécdota más representativa a este pensamiento es la contada por Alfio Coco Basile, destacado director técnico de fútbol. Dice así: San Lorenzo (equipo popular de futbol) me contrató para que fuera su técnico. El primer domingo antes de entrar a la cancha veo un cura en el vestuario hablando con los jugadores. Pregunto quién es ese cura y me dicen que es un socio del club que antes de empezar los partidos entra al vestuario, les desea buena suerte y les da la bendición. Entonces yo me puse firme y le dije a losdirectivos: “Yo no quiero ningún cura aquí, además trae mala suerte, llevamos ocho partidos perdidos seguidos y si me van a buscar a mi como técnico es para revertir esa situación, Rezos aquí no quiero, quiero goles, así que desde mañanaadiós cura en el vestuario”. Pasan los años un día me encuentro en un restaurant a uno de los viejos directivos del club y luego de saludarme me dice: “Coco, viste que hay un nuevo Papa”. Mi respuesta fue: “Claro, si lo sabe todo el mundo es Francisco”. Y sabes quién es Francisco me volvió a preguntar: Es Jorge Bergoglio el cura que tu echaste del vestuario”
Durante su pontificado, siguió tomando mate, le mandaban los alfajores que le gustaban, le preguntaba a los guardias suizos de su seguridad si sabían cómo había quedado el resultado de su equipo de futbol. Comia en el comedor de la Casa Santa Marta la residencia donde vivía y tenía unaaustera recamara en el Vaticano, A diferencia de sus predecesores, optó por no comer en el Palacio Apostólico, prefiriendo un ambiente comunitario y sencillo. Pidió serenterrado en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, un lugar por el que sentía gran devoción, situado fuera del Vaticano, rompiendo con la tradición de enterrar a los pontífices en la Basílica de San Pedro.
Con el esfuerzo que le costó su última aparición en públicodurante el Domingo de Resurrección al impartir la bendición urbi et orbi tras la misa de Pascuas, queda presente la respuesta que le dio a un periodista que le preguntó por su salud y su respuesta quizá fueron sus últimas palabras “sigo por ahora vivo”.
A ls pocas horas, un lunes 21 de abril de 2025, a las 07:35 horas, el Papa Francisco, Jorge Bergoglio, se abrazó con el señor. La historia de la iglesia católica seguirá su rumbo. León XIV, su sucesor, le está dando su sentido a su legado y papado. Muchas veces las lápidas son el mejor homenaje hacia aquellos que no son reconocidos en vida.
Descanse en paz querido Padre Jorge. Espero que sigas haciendo lio
La entrada El Padre Jorge: a un año de la muerte del Papa Francisco. se publicó primero en La Chispa.