El escándalo alrededor de los sucesos en Chihuahua ha capturado titulares, mesas de opinión y debates parlamentarios. Uno de los más personajes más críticos del actuar de la gobernadora Maru Campos ha sido el senador Javier Corral. Bien valdría, en aras de la comprensión de las motivaciones del morenista, conocer un poco mejor el historial de este legislador y su convulso pasado con la mandataria panista.
Javier Corral fue gobernador de Chihuahua cuando aún era miembro de Acción Nacional. Desde aquel momento sostuvo tensas relaciones con la otrora alcaldesa de la capital. Sin embargo, derivado de una profunda ruptura en el seno del panismo chihuahuense, Campos y el resto del partido dieron la espalda al gobernador, y ella se convertiría eventualmente en la candidata, y luego, en la sucesora del propio de Corral como cabeza del Ejecutivo.
Corral ha sido seriamente señalado, no solamente por Campos sino a través de reportajes y medios de comunicación, por corrupción y desvío de recursos de más de 90 millones, durante su gestión en el gobierno de Chihuahua. Ahora bien, según se ha especulado, el gobierno de Maru Campos, a través de la Fiscalía Anticorrupción y la Fiscalía chihuahuense, le ha investigado formalmente con el propósito de que se viese obligado a comparecer frente a un juez por crímenes en el estado.
Y según ha trascendido, Corral habría negociado con Morena para que se le concediese una senaduría plurinominal con el propósito de obtener fuero y protección frente a la “persecución política” dirigida por la gobernadora. Y como se sabe, ha sido desde 2024 un fiel aliado de Adán Augusto López y el resto de su camarilla. Votó en favor de todas las reformas constitucionales, incluida la judicial, y se le ve plácidamente sentado al lado de conspicuos miembros del partido.
En otras palabras, la embestida política hoy liderada por Corral contra Maru Campos parece más surgida de una revancha personal que por el hecho de que el morenista esté “comprometido” con la defensa de la soberanía nacional, lo que no es más que un artilugio discursivo utilizado por la 4T para justificar y ocultar sus propias tropelías.
Corral no está solo. La abogada Vanessa Romero, socia del senador, se ha sumado a la vendetta contra Campos. Lo ha hecho en el programa Es la Hora de Opinar y en su artículo publicado en El País. Como se recordará, fungió como miembro del comité de evaluación del poder ejecutivo en las pasadas elecciones judiciales.
Todo parece indicar que Maru Campos saldrá bien librada. Si bien el hecho de que la participación de agentes de la CIA en territorio nacional debe ser investigado por la Fiscalía de Ernestina Godoy, la oposición, sin buscarlo, ha encontrado un elemento discursivo basado en el “coraje” de una de sus gobernadores para combatir frontalmente el azote del crimen organizado.