La dificultad para recolectar testimonios es una gran barrera que enfrenta el periodismo de migración, pero los silencios también hablan y se convierten en testimonios que revelan el miedo, la incertidumbre y las barreras que atraviesan las personas migrantes.
Por Magali Ibarra, Dayana Huitrón y Jair Lira CDMX
Era mediados de marzo de 2026. Una mañana fría y húmeda nos recibió en Iztapalapa, Ciudad de México. Ahí se encontraba la Casa del Migrante Arcángel Rafael, un albergue que desde octubre de 2022 brinda apoyo humanitario a personas migrantes en tránsito. Esa mañana que conocimos el albergue y a sus habitantes, asistimos con doble propósito: impartir talleres de periodismo a migrantes y, al mismo tiempo, entrevistar a algunas personas en movilidad para escribir un reportaje sobre cómo se había transformado su identidad después de migrar.
Nos instalamos en el espacio que el staff nos asignó para realizar el taller. Pasaron los minutos, pero nadie llegó. Poco a poco entendimos que no se trataba de desinterés. Era evidente el cansancio que muchas personas migrantes sentían ante la constante llegada de desconocidos a un espacio que, aunque temporal, seguía siendo su hogar. Desconocidos que, en muchas ocasiones, parecían acercarse a estos migrantes únicamente para obtener algo de sus historias y de sus voces. Aquella ausencia de participantes en nuestro taller se convirtió en la primera barrera para cumplir nuestro objetivo. Aunque comprendemos las razones detrás de esa distancia, no pudimos evitar sentir cierta desilusión. La idea inicial de escuchar testimonios y construir relatos junto a las personas migrantes parecía diluirse lentamente entre el silencio y la desconfianza. Sin embargo, la situación cambió de manera inesperada.
Una mujer colombiana, que llamaremos Tania, pues nuestra interlocutora prefirió el anonimato, se acercó con curiosidad al espacio donde nos encontrábamos. Tenía ojos claros, cabello rubio y una complexión delgada. Se sentó en nuestro espacio y le explicamos que buscábamos crear un taller de periodismo para que las personas migrantes pudieran construir nuevas narrativas desde sus propias experiencias y formas de mirar el mundo
Con una calidez que contrastaba con la distancia inicial del lugar, nos abrió la posibilidad de conversar con ella. Al principio empezamos a dar el taller sobre cómo realizar una entrevista periodística. Tania tomó la iniciativa y en un tono seguro y fresco propuso ser entrevistada y compartir los desafíos de adaptarse a un país distinto, donde hay nuevas costumbres, otras dinámicas y diferentes formas de vida. Pero, a pesar de haber tomado la iniciativa, la mujer colombiana fue clara en torno a que a ella no le gustaba hablar ni de cómo había sido su camino ni lo que había vivido en él, cosa que respetamos pues durante este tránsito las personas migrantes quedan expuestas a situaciones traumáticas que marcan su vida.
En la entrevista Tania compartió que viajaba con su familia, sus dos hijos adolescentes y su esposo y que México no era ni es su destino. Esta familia colombiana busca llegar a Estados Unidos, sin embargo, había pasado por circunstancias que los obligaban a quedarse en México y juntar recursos para seguir su camino. Nuestra entrevistada afirmó que los mexicanos la han tratado bien y que al llegar a la Ciudad de México consiguió trabajo en la Central de Abastos pelando verdura y despachando “marchantes”. Tania explica que se siente bien recibida por sus clientes y patrones. Y abunda:
“México es un lugar muy inseguro, viví primero en Ecatepec y muy constante se escuchaban balazos, ya en aquí – en Iztapalapa– se ve menos pero no deja de ser inseguro, México es mucho más inseguro que del lugar de donde vengo”
Según el INEGI, en la Encuesta Nacional De Seguridad Pública Urbana (ENSU) en marzo de 2025 la percepción de inseguridad pública en Iztapalapa era generalizada en la población. Más de 7 de cada 10 vecinos que viven en esta demarcación vive insegura, lo que confirma la percepción de Tania sobre su actual lugar de residencia, porque esta colombiana además viaja sola y de noche al trabajo en el que cumple un horario de 5 de la tarde y hasta pasada la medianoche. Terminamos el taller y Tania nos pidió compartir el reportaje que escribimos con ella.

Encontrar migrantes para entrevista
Durante nuestro proceso para recolectar entrevistas periodísticas nos situamos en la alcaldía Tláhuac, esa misma donde el gobierno de la Ciudad de México inauguró un albergue temporal en el Bosque de Tláhuac en 2023, luego del desalojo de migrantes –en su mayoría haitianos– de la plaza Giordano Bruno en la alcaldía Cuauhtémoc. Aunque este albergue estaba diseñado para atender a 180 migrantes se atendían alrededor de 4000 al mismo tiempo. En ese año, y a pesar del sobrecupo, los migrantes seguían llegando y la única alternativa era quedarse en los alrededores del albergue sin acceso a servicios básicos teniendo que buscar cómo sobrevivir por sus propios medios. Es por esto que se fueron creando redes de apoyo entre migrantes desplazados hasta esta alcaldía, quienes construyeron comunidades herméticas para protegerse y ayudarse mutuamente.
Cuando el albergue cerró sus puertas muchos migrantes continuaron desplazándose y solo algunos se establecieron por la zona. Para cumplir el principal objetivo de este reportaje, que era conocer cómo se había transformado la identidad de los migrantes después de migrar, nos acercamos a dos emprendimientos, en los cuales dos mujeres haitianas ofrecen servicios de barbería, estética, venta de ropa, aplicación de uñas y trenzado, hicimos dos visitas en las cuales no logramos obtener ninguna interacción favorable ya que al acercarnos y tener un diálogo con ellas, solo recibimos respuestas herméticas..
Entrevistar migrantes ya es una tarea difícil, pero tratar de tener acercamientos con migrantes haitianos es aún más complicado, además de las dificultades lingüísticas, ellos y ellas fueron estigmatizados por discursos raciales y marcados por experiencias discriminatorias que limitan sus interacciones con la sociedad, en consecuencia, crearon una comunidad hermética en la que los intercambios sociales, culturales y económicos se da solo entre ellos, esto como un modo de protección mutua y resistencia.
Con casi todas las esperanzas perdidas, nos dimos cuenta de que entrevistar migrantes era más difícil de lo que parecía. Después de varios intentos coincidimos con Talo, un migrante cubano de 54 años que vende en un puesto de frutas y verduras. En Cuba todos le decían Talo, no quiso darnos su nombre real porque dijo que eso podía afectar su proceso migratorio en México, no sabíamos a qué se refería exactamente, pero respetamos su decisión e incluso nos pidió que no grabáramos su voz. Dialogando un poco con Talo, nos contó que él tenía dos años viviendo en México, primero había llegado a Nicaragua y ahí una persona lo esperaba para llevarlo a Honduras, después lo llevaron a Tapachula y de ahí a Ciudad de México. Su destino principal era viajar a Estados Unidos, como menciona Talo: “la única forma de ayudar a tu familia cubana es mandar lo que produzcas aquí, no es lo mismo que si mandaras dólares, pero esa es la única forma de ayudar a los que quedaron allá”. El impulso para salir de su país fue darle una mejor calidad de vida a su hija ya que en Cuba existen muchas desigualdades, “hay que luchar bien fuerte si quieres salir adelante y allá en Cuba por mucho que quieras luchar no es posible”. Nos contó que allá en Cuba la gente ya no quiere trabajar porque se dieron cuenta que por más que trabajen no logran conseguir nada y, además las opciones para comer eran muy reducidas “puro arroz y frijoles, aquí puedo elegir lo que yo quiera comer y tengo muchas opciones”, mencionó Talo.
El testimonio de Talo nos sirve para visibilizar que la migración es un fenómeno social donde las personas huyen de la pobreza, violencia, desigualdad o falta de oportunidades. La migración es un hecho que nos incumbe a todos como sociedad porque revela las violencias, desigualdades y decisiones políticas que estructuran una sociedad.
Hacia un periodismo de soluciones
La experiencia de intentar construir este reportaje terminó llevando la investigación hacia una pregunta más profunda: ¿por qué cada vez es más difícil hacer periodismo de migraciones? La respuesta apareció no sólo en el silencio de las personas migrantes que rechazaron hablar, sino también en las reflexiones de Júlia Lyra, investigadora de la Universidad Federal de Río de Janeiro, a quien se entrevistó para este reportaje. Júlia cuenta que las personas migrantes pasan por procesos sociales donde se sienten vulneradas por los prejuicios y estigmas de la sociedad que las narrativas cuentan, narrativas que son construidas inicialmente en medios de comunicación tradicionales que alimentan las perspectivas estigmatizantes y en muchos casos, xenófobas
Según el análisis de Júlia, gran parte de los discursos mediáticos se enfocan únicamente en coberturas periodísticas que reducen la experiencia migratoria a dos únicas dimensiones: la victimización y la criminalización dejando de lado la complejidad de las personas y sus trayectorias de vida. “Las visiones hegemónicas de los medios son siempre muy negativas respecto a la migración”, para ella esta representación constante ha provocado que muchas personas migrantes desarrollen miedo o cansancio frente a las cámaras, grabadoras y entrevistas.
Júlia sostuvo que uno de los principales errores del periodismo migratorio consiste en reducir a las personas únicamente a su condición de migrantes. Frente a ello, propuso una práctica periodística basada en la escucha, la transparencia y el reconocimiento de la complejidad humana: “además de migrante, ¿qué más hace esa persona?, ¿es padre, madre?, ¿qué sueños tiene?” expresó.
Su planteamiento se acerca a lo que actualmente diversos medios y organizaciones denominan periodismo de soluciones: una forma de narrar fenómenos sociales sin quedarse únicamente en el conflicto o la tragedia, sino buscando contextos, responsabilidades estructurales y formas distintas de representación. En el caso de la migración, esto implica dejar atrás narrativas centradas exclusivamente en el sufrimiento y comenzar a construir relatos que reconozcan que migrar no debe entenderse solo como la consecuencia de una crisis, sino también como una decisión humana atravesada por proyectos de vida, aspiraciones y búsqueda de oportunidades. “La gente siempre migró y siempre migrará”, señaló Júlia durante la conversación.
Júlia explicó que muchos medios continúan utilizando imágenes y conceptos asociados con catástrofes como: “olas”, “mareas” o “invasiones”, términos que alimentan percepciones de miedo y rechazo social. Al mismo tiempo, señaló que frecuentemente se responsabiliza a las personas migrantes de problemas estructurales relacionados con empleo, salud o seguridad, sin cuestionar el papel del Estado ni las condiciones políticas que originan los desplazamientos.
Frente a este panorama, construir nuevas narrativas implica también modificar las formas de aproximación periodística. La investigadora Júlia Lyra recomendó priorizar relaciones horizontales, procesos de escucha prolongados y consentimiento constante durante las entrevistas. “[..] donde tu tienes que estar muy atento a las emociones de la gente y descubrir hasta dónde puedes ir”, comentó al referirse a la responsabilidad ética de entrevistar personas atravesadas por violencia, desplazamiento y precariedad. También subrayó la importancia de visibilizar las aportaciones sociales, culturales y económicas de las personas migrantes. “Este otro lado de la moneda que es valorada a las aportaciones de los migrantes porque son gente que trabaja, incluso trabajan muchas veces en los empleos más exportables, o sea generan lucros”, afirmó.
Hacer periodismo de migraciones implica entonces algo más complejo que documentar desplazamientos humanos. Implica cuestionar desde dónde se mira, quién tiene derecho a narrar y qué consecuencias producen esas narrativas. Tal vez el reto no sea únicamente “dar voz” porque las personas migrantes siempre la han tenido, sino aprender a escuchar sin ser invasivo, representar sin reducir y narrar sin convertir la vida de otros en mercancía informativa.
En un contexto donde millones de personas continúan desplazándose por violencia, desigualdad, crisis climáticas o simplemente por la búsqueda de una vida distinta, el periodismo todavía tiene una responsabilidad pendiente: dejar de mirar a la migración como una amenaza y comenzar a entenderla como una experiencia profundamente humana
Estrategias para acercarse al periodismo de migraciones
El trabajo periodístico en contextos migratorios no sólo enfrenta dificultades logísticas para acceder a fuentes o territorios, sino también tensiones sociales y políticas que atraviesan profundamente la relación entre periodistas, comunidades locales y personas migrantes.
En entrevista con Emmanuel Solís, documentalista de migraciones y doctorante de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí nos comparte una formulación de estrategias para construir un periodismo de migraciones a través de su trabajo etnográfico realizado en Tapachula, donde analizó las tensiones sociales que emergen alrededor de la presencia de migrantes afrodescendientes en la frontera sur de México, ya que existen disputas por el espacio público, el trabajo, la seguridad y la pertenencia generando un ambiente marcado por la desconfianza y la hostilidad.
Emmanuel Solís, después de escuchar nuestro testimonio sobre el desafío al conseguir entablar diálogo con migrantes, nos planteó una serie de estrategias, en un primer momento declaró que es importante observar y estudiar las interacciones antes de llevarlas a cabo, nos explica que para tener acercamientos y crear confianza o una relación de pares con los otros y en algunas ocasiones es necesario “dejar el modo periodista” pues son personas racializadas que no quieren ser representados en los medios solo como la o el migrante y siempre respetar su voluntad y nunca forzarlos a nada.
Emmanuel nos comentó que es importante conocer nuestros límites como periodistas y sobre todo, construir relaciones a través de la introspección, él dice: “hacer un ejercicio de conocernos para también identificar algunos patrones, porque existe racismo, de exotismo, de miedo, de por qué nos pone nervioso un grupo de personas extrañas, o porque no me resultan extraña”, pues de alguna manera, conocernos a nosotros mismos propone nuevas formas de re-construir narrativas de las migraciones desde quienes somos nosotros, y quienes son los demás, concluyendo con: “Eso habla mucho de mí, no es algo malo, es mi formación, mi bagaje cultural, mi historia, pero hay que identificar y a hay que aprender a conocernos para saber si puedo apoyarme en mis dotes de diálogo o mejor busco otra manera” relató.
Emmanuel retoma la necesidad de no extraer solamente información de sus vidas, sino también, apoyar en las necesidades específicas que requieran, con en el caso de trámites institucionales, él exclama “buscar formas en que les podamos retribuir, ya sea que te haga unas fotos, quieres que traduzca algo, quieres que te apoye en un trámite, que te acompañe a un lado, que te diga cómo llegar, buscar cuál es la situación y que esta relación sea horizontal de intercambio. No nada más es extraer”. Con esta última reflexión, Emmanuel señala en las posibilidades próximas para poder realizar un periodismo de migración que no solo busque informar, sino también construir nuevas formas de intercambio y reconocimiento.
*Esta pieza fue elaborada en el Taller de periodismo narrativo de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).
El cargo #Especial | Hacer periodismo de las migraciones en y desde México apareció primero en NÓMADAS.