El dinero fácil y el sexo como vehículos para existir figuran entre los principios que exhibe Euphoria, serie popular entre adolescentes que regresó este año tras cuatro de ausencia y que parece empeñada en rescatar una pedagogía tóxica que las juventudes reales ya superan en su vida cotidiana.
El desajuste es notable. Mientras las generaciones más jóvenes beben cada vez menos (en Estados Unidos, la proporción de adultos menores de 35 años que afirman consumir alcohol cayó alrededor de diez puntos en dos décadas, y la sobriedad voluntaria pasó de rareza a aspiración), posponen o descartan la maternidad y han aprendido a desconfiar de la exhibición de sus rostros permanente en redes con “feeds” en blanco, Euphoria insiste en un catálogo de conductas que su propio público comienza a abandonar. La serie narra como horizonte vital lo que sus espectadores tratan, cada vez más, como riesgo.
La tercera temporada vuelve ese desfase casi caricaturesco. Cassie, el personaje de Sydney Sweeney, se reinventa como creadora de contenido en OnlyFans para financiar su boda; en una de las escenas más comentadas aparece disfrazada y ladrando a la cámara. Esa misma Cassie es retratada, además, como adicta a las redes sociales y envidiosa de la vida ajena: justo la pulsión de la que la generación más joven dice querer desintoxicarse. Rue, por su parte, aparece en México convertida en mula de un cártel, tragando cápsulas de fentanilo para cruzar la frontera, porque el filtro sepia y el estigma son sello de la casa de cualquier contenido producido en Estados Unidos. El sexo monetizado y el dinero rápido no funcionan aquí como desviaciones que la trama castigue, de hecho son la trama, un ejemplo, los únicos vehículos disponibles para que los personajes sigan existiendo.
Sus defensores dirán que Euphoria no celebra ese mundo, dirán que más bien lo denuncia; que el regodeo en la degradación es advertencia y no propaganda. La realidad mostrada por la psicología y la Convención de Beijing dicen que ciertos contenidos pueden reforzar estereotipos, normalizar la violencia o presentar imágenes degradantes de las mujeres, además de que la teoría del aprendizaje social de Albert Bandura, muestra que las personas pueden aprender conductas observando modelos, especialmente cuando esos modelos son admirados, recompensados o presentados como exitosos.
La crítica ha sido severa pues la valoración de la serie en Rotten Tomatoes se desplomó de cerca del 80% de la primera temporada a alrededor del 40% en la tercera, y a su creador, Sam Levinson, se le reprocha desde hace años una representación de las mujeres que oscila entre el desnudo gratuito y la humillación. Si es que la serie fuese una denuncia contra lo que muestra, la trama implicaría alternativas que arreglan o compensan esos arquetipos. Cuando la “denuncia” exige, temporada tras temporada, los mismos cuerpos expuestos y las mismas mujeres reducidas a su sexualización, conviene preguntarse a quién sirve realmente esa pedagogía.
Las series conforman súper-estructura y de eso se trata, de una pedagogía cultural. Euphoria exporta con estética hipnótica, un conjunto de valores muy estadounidenses sobre qué significa triunfar, desear y pertenecer. Lo hace justo en el momento en que esos valores se han vuelto, también allá, objeto de disputa política.
No es casual que la conversación se haya desplazado de la serie a su protagonista. Sydney Sweeney se convirtió en pararrayos de la guerra cultural tras su campaña de 2025 para American Eagle con el juego de palabras entre jeans (vaqueros) y genes que muchos leyeron como guiño a un ideal de belleza racializado, y desde entonces ciertos sectores conservadores la adoptaron como emblema, al punto de apodarla “MAGA Barbie”. Que se difundiera su registro como votante republicana en Florida avivó la polémica, aunque la actriz insiste en que no es “una persona política” y rechaza las etiquetas que le adjudican. Trump la ha reconocido como una de las suyas. La propia temporada coqueteó con el meta-juego al revelar que Cassie, su personaje, también es republicana y el juego era la ficción devolviéndole el espejo a la disputa real.
Durante los últimos eventos, otra de las protagonistas, Zendaya, se ha mantenido al margen y no se sienta siquiera a un costado de Sydney justo por el simbolismo político que ha adquirido. Una serie que se presentó como retrato generacional terminó convertida en campo de batalla ideológico, defendida y atacada por lo que enseña más que por lo que cuenta, eso hace tan relevante hablar de que no hay contenido inocente y reconocer que por primera vez, la narrativa norteamericana sobre quiénes somos y qué deberíamos hacer se encuentra en jaque.
Las juventudes no se compran el discurso de la serie, lo critican y ahora las generaciones como la Z parecen ser moralinas por rechazar lo que hace unos veinte años se volvió tendencia con personajes como Britney Spears. Los adolescentes parecen haber tomado nota antes que nadie pues dejan el alcohol, miran con recelo la sobreexposición y desconfían del dinero rápido y el sexo como única medida del valor propio. La pedagogía tóxica que Euphoria querría transmitir llega, al final, con varios años de retraso y sin encontrar terreno fértil para que fluya aquella toxicidad.
El dato:
Un nuevo estudio de la plataforma de entretenimiento digital JB.com revela los 10 personajes de televisión que más detesta el público.
Ninguna serie acumula más personajes odiados que Euphoria: Nate, Cassie, Cal y Jules figuran todos en la lista.
La investigación analizó las conversaciones en línea para determinar qué personajes televisivos genera más rechazo. Para cada uno, el estudio midió con qué frecuencia su nombre aparecía junto a palabras negativas como «molesto», «odio» y «peor personaje» en artículos de prensa y redes sociales. También se examinaron los hilos de Reddit para calibrar cuánto rechazo despierta realmente cada protagonista. Nate ocupa el segundo lugar de la lista y es el personaje más detestado de Euphoria. La temporada final de la serie sigue en emisión, y los hilos de Reddit sobre él han sido brutales durante semanas. Su personalidad controladora y abusiva vuelve incómoda cada una de sus escenas, nadie quiere un “Nate” en su vida. En internet ha sido mencionado en 776 mil publicaciones y artículos negativos, lo que lo sitúa cerca de la cima de los más despreciados de la televisión.
Cassie es otra de las protagonistas de Euphoria que el público no soporta. En Reddit la tratan con menos dureza que a Nate, pero aun así recibe mucho odio en línea. La mayoría de los espectadores se volvió en su contra después de que traicionara a su mejor amiga, Maddy, al salir con Nate. Los fans han sido implacables con ella desde aquella ruptura, censurando su comportamiento en más de 1 millón de publicaciones en redes sociales.
Otro fracaso político de norteamérica.