<div>Ucrania corta el acceso por tierra a Crimea y la deja sin gasolina, sin turistas y con estantes vacíos: "Quiero irme"</div>

El territorio ocupado por Rusia vive la situación más complicada desde 2014 y las autoridades locales intentan evitar un estallido de protestas por el malestar entre la población
Ucrania lanza el ataque más grande sobre Moscú desde el inicio de la guerra e incendia una refinería de petróleo
Ucrania está decidida a bloquear el acceso a Crimea. Los ataques de drones han convertido la autopista que conecta la parte septentrional de Rusia con este territorio ocupado en un infierno para los camiones y, en los últimos días, han logrado dañar los principales puentes que unen la península con el continente.
El objetivo es dejar sin suministros a los soldados rusos del frente sur y agotar las defensas antiaéreas, pero el resultado es una escasez de combustible y alimentos que los crimeos nunca antes habían experimentado a este nivel. Un asedio que también ha obligado a reducir la circulación de trenes desde Rusia y ha disparado las cancelaciones de reservas turísticas justo al inicio de la temporada de verano.
La indignación ciudadana ha empezado a aflorar a través de videos en la red donde los vecinos cargan contra las autoridades, mientras otros anuncian con pesar su intención de mudarse lejos de la península.
Desde su anexión en 2014, Vladímir Putin ha querido proteger Crimea de los estragos de la guerra. Considerada por los rusos como su cuna espiritual y vestigio de su gloria militar e imperial, el Kremlin busca evitar que sus habitantes tengan la tentación de plantearse si vivían mejor bajo administración ucraniana.
Crisis de combustible
Existen tres rutas para llegar a Crimea. La más segura es por el puente de Kerch, que comunica directamente el este de la península con la región rusa de Krasnodar, al sur del mar de Azov. En 2022, con la invasión de Ucrania, las tropas rusas consiguieron abrir otro corredor por la costa norte de este mar, a través de las provincias ocupadas. Desde allí, los vehículos tienen dos opciones: la más rápida consiste en cruzar los varios puentes que dan acceso a la península; la más lenta obliga a conducir 200 kilómetros más hasta el istmo de Perekop.
En los últimos días, los drones de medio alcance ucranianos han golpeado todos los puentes de la región de Jersón, en repetidas ocasiones, interrumpiendo el tráfico de mercancías hacia Crimea. Aunque los expertos no se ponen de acuerdo sobre hasta qué punto estos ataques son críticos, es evidente que están dificultando la logística rusa.
A estos problemas hay que sumarle los más de 400 camiones calcinados por aparatos ucranianos mientras se dirigían al sur de las zonas ocupadas. El jefe de las fuerzas de drones de Kiev, Robert Brovdi, declaró en una reciente entrevista para la agencia Reuters su intención de “aislar Crimea en un futuro próximo”. Según él, será “tan fácil como disparar perdices en campo abierto”.
La consecuencia más inmediata ha sido una grave crisis de carburante. En plena guerra, el transporte de combustible por mar no es fiable, mientras que la capacidad del puente de Kerch es insuficiente para abastecer toda la península.
Desde principios de junio, la falta de gasolina se ha convertido en norma y las autoridades locales están racionando el repostaje. En la ciudad más grande, Sebastopol, los residentes disponen de un código QR con el que pueden llenar su depósito con un máximo de 20 litros de combustible a la semana. Un sistema que solo funciona con la aplicación de mensajería estatal, Max, que muchos rusos se niegan a descargarse ante las dudas sobre su política de privacidad.
Aun así, conseguir un código no equivale a tener garantizada la gasolina. La semana pasada, se pidió a todos los ciudadanos que no hicieran cola en las áreas de servicio porque sería inútil: los camiones cisterna no iban a llegar aquel día. La psicosis es tal que, para evitar revelar datos al enemigo sobre estos vehículos, el Gobierno ha prohibido tomarles fotos.
“Están acaparando alimentos”
Los problemas de suministro han afectado a las tiendas de comestibles y a los supermercados. Algunos locales han advertido de restricciones en la venta de cereales, pasta y aceite de girasol. En varios estantes ha desaparecido el trigo sarraceno, producto básico de la dieta rusa, mientras que en otros se ha agotado el azúcar en plena época de elaboración de conservas para el invierno.
“La gente no cree que las autoridades puedan normalizar la situación; están entrando en pánico y acaparando alimentos”, advierte un activista local que prefiere preservar su identidad al medio opositor Krim.Realii. “Los jubilados prácticamente se han llevado todo el azúcar. Las pequeñas tiendas que solían operar de forma improvisada están cerrando en masa: no hay existencias”, añade.
Los gobernantes niegan la crisis alimentaria. “Crimea satisface plenamente sus necesidades internas de alimentos: trigo, productos de cereales, aves de corral y carne de cerdo. La producción de leche y huevos ha aumentado, y anualmente se plantan nuevos huertos y viñedos”, afirma el jefe ruso de la península, Serguéi Aksionov.
En declaraciones a elDiario.es, el analista económico Viacheslav Shiriáyev asegura que Crimea es solo el primer eslabón de una crisis que se extenderá por toda Rusia. “Es un círculo vicioso en el que Rusia está entrando porque todas sus refinerías se están viendo afectadas” por los ataques con drones.
Según él, la situación en el resto del país se desarrollará “exactamente con el mismo cronograma”. “Si las grandes compañías de transporte dejan de recibir los volúmenes de combustible necesarios, comenzarán las interrupciones en el suministro a supermercados y empresas industriales. En consecuencia, la economía se contraerá aún más y la producción y las ventas minoristas disminuirán”, vaticina.
Locales y turistas temen el asedio
Los problemas de transporte en Crimea se han visto agravados por los ataques ucranianos contra ferrocarriles. El 8 de junio, un vehículo ucraniano se estrelló contra un tren de pasajeros que recorría la ruta Moscú-Simferópol, la capital de la región, y mató al ayudante del maquinista.
Para minimizar riesgos, las autoridades decidieron que los trenes de larga distancia dejarían de circular de noche. Esto incluye los ferrocarriles que atraviesan el puente de Kerch, donde los pasajeros deben abandonar el convoy y continuar el trayecto en autobuses. También se ha prohibido el uso de motos y patinetes entre las ocho de la tarde y las seis de la mañana porque su ruido se confunde con el de los drones y dificulta su detección.
Sin aviones, sin gasolina y con pocos trenes, muchos turistas rusos han preferido este año no ir de vacaciones a Crimea, a pesar de ser uno de los destinos más populares desde la época soviética. Según el periódico Kommersant, hasta el 6 de junio, el número de reservas hoteleras había caído un 31% respecto del año anterior. El medio económico RBC cita algunos turoperadores que han registrado un 80% de cancelaciones en junio y cerca del 50% en julio y agosto, mientras que en la población costera de Alushta, al sur de la península, el 90% de las reservas de este mes han sido anuladas.
Pero no solo los turistas buscan evitar visitar Crimea; también empiezan a circular videos de vecinos hartos de la situación. “¿Qué sentido tiene vivir aquí si no puedes ir a ningún sitio, respirar el aire ni ver el mar? No lo entiendo, me voy, espero que no vuelen el puente [de Kerch] antes”, dice una vecina de Sebastopol en sus redes. “¿Quiero irme? No. ¿Tengo elección? Tampoco. Nos vamos porque estoy muy cansada. Estoy cansada de tener miedo 24/7, estoy cansada de llorar”, lamenta otra.
Ni siquiera los blogueros crimeos proguerra ven razones para el optimismo. “La situación en Crimea no hace más que empeorar, no solo en lo que respecta al combustible, sino también a la seguridad”, afirma Aleksander Serguiéyev. “Lo peor está por venir. […] ¿Cómo podemos prepararnos? Preparándonos para el modo de supervivencia autónoma”, recomienda el activista, que propone comprar productos básicos para subsistir en caso de asedio total.
Otro bloguero prorruso, Stepan Kiskin, ha culpado a las autoridades regionales de la escasez de suministros. “El Ministerio de Agricultura de la República de Crimea no tiene nada propio, toda la logística mayorista ha sido subastada, no hay profesionales en la burocracia, ni reservas de combustible, ni reservas de alimentos, y lo único que existe es un discurso vacío, pero increíblemente pomposo y optimista”, escribe.
Por su parte, Shiriáyev señala que este es “el período más difícil para Crimea” desde su anexión por parte de Rusia y lo describe como un “semibloqueo”, que puede preceder –en el peor de los casos– una evacuación forzosa de los habitantes de esta península si se convierte de facto en isla. “Esta situación no puede continuar por mucho tiempo”, comenta a este periódico.
¿Antes de la anexión se vivía mejor?
El analista ve probable un estallido de protestas ciudadanas, a pesar de la falta de libertad de expresión. Cree que se podrían producir “algunos brotes localizados de descontento cuando los estantes estén completamente vacíos y cuando se detenga todo el transporte”.
Ahora bien, del mismo modo que da por hecho que la gente es consciente de que antes de la anexión “al menos no tenía estos problemas”, descarta que dirija su malestar hacia Putin. “Lamentablemente, no exigirán que se detenga la guerra, sino que apelarán a las autoridades con la demanda de que les resuelvan el problema”, indica.
El director de la ONG Crimea Activa, Ruslán Zhadnov, asegura a elDiario.es que estas adversidades golpearán sobre todo a los ciudadanos apolíticos, la mayoría en la región. En un territorio subvencionado y que vive básicamente del turismo, pronostica que la situación socioeconómica pasará a ser “significativamente menos favorable”.
“Nosotros, los crimeos, recordamos bien que antes de la ocupación de la península no nos enfrentábamos a estos problemas –comenta Zhadnov–, por lo tanto, el número de personas que concluirán que vivían mejor antes de 2014 sólo aumentará”.
Los activistas tártaros, una minoría originaria de Crimea, deportada por Stalin y que ahora forma parte de la resistencia proucraniana, también ven una oportunidad en esta crisis. Refat Chubarov opina que podría tener “un impacto significativo en la conciencia colectiva de la sociedad rusa, que había llegado a creer que Crimea podría tener una importancia sagrada para Rusia”. De hecho, apunta que “el debilitamiento de la posición de los ocupantes de Crimea podría convertirse en un punto de inflexión en la guerra ruso-ucraniana”.
Según Zhadnov, “la historia ha demostrado repetidamente que la estabilidad de la defensa de la península depende directamente de la capacidad de suministrar tropas” y señala que los esfuerzos del ejército ucraniano para aislarla son de una importancia “fundamental”. “Para nosotros, los crimeos, ésta es una razón importante para mantener la esperanza”, acaba diciendo.