LINDORO CAJIGA, GUERRILLERO ESPAÑOL AL SERVICIO DE LOS TRAIDORES A LA PATRIA; ENTREGÓ A MELCHOR OCAMPO.
JIRONES DE NUESTRA HISTORIA
Por: José Luis Jaramillo Vela
Un español fracasado y resentido social
Lindoro Cajiga nació en Santander, Cantabria, al norte de España, en el seno de una familia pobre; desde pequeño, Lindoro creció preguntándose el por qué su familia vivía en pobreza, mientras otros niños vivían con más holgura y otros más en la opulencia, esto llevó a Lindoro a vivir con el permanente drama existencial entre la pobreza y la riqueza y el trauma del por qué le tocó nacer en situación de pobreza; todo este andamiaje emocional fue moldeando el carácter y el espíritu rebelde y agresivo de Lindoro, así como un profundo resentimiento social y un odio visceral hacia los poderosos, los ricos y los adinerados.
Como es de suponer, en su juventud Lindoro Cajiga comenzó a dar problemas y abrazó corrientes y posturas disidentes de izquierda radical, que lo llevaron a convertirse en un cáncer social. En ese momento decidió enrolarse en la milicia y se enlista en el Ejército Real español, buscando un modo de vida y por medio de méritos y ascensos hacer una gran carrera militar, misma que se quedó solo en sueños, pues cuando se tienen ciertos pensamientos en la cabeza, a veces se contraponen a los legítimos deseos y puede terminar en un fracaso personal.
De ciudadano resentido y militar intrascendente a guerrillero y bandolero
Eso mismo fue lo que le ocurrió a Lindoro Cajiga, tuvo una muy pobre e intrascendente carrera militar, debido a su forma de pensar se le dificultaba el acatar órdenes pues relacionaba a los mandos y oficiales con los poderosos y a la tropa con los oprimidos, por lo que fue echado del Ejército Real, situación que acrecentó su odio y resentimiento hacia quienes tenían más que él.
Su paso por el ejército le dejó el conocimiento de las armas, de tácticas militares y de guerra de guerrillas, que, aunadas a su odio y resentimiento social, fueron la sopa de cultivo del guerrillero, bandolero, asaltante y asesino en que se convirtió; Lindoro vió y encontró en el bandidaje la forma de golpear a los ricachones y hacer su fortuna
personal, pero también tuvo que pagar el precio al ser señalado, proscrito y perseguido. Es así como Lindoro Cajiga aprovecha las dos intervenciones francesas en España para desatar una guerra de guerrillas en contra de Napoleón Bonaparte y Francia, para después convertirse en un bandolero, gavillero, asaltante y asesino, hasta que la Corona Española le puso precio a su cabeza y a la de sus gavilleros, situación que solo quedó en el papel, pues la Reina Isabel II aún era menor de edad y a Baldomero Espartero, que era quien tomaba las decisiones en Palacio, no le interesaba atrapar al peligroso bandolero; sin embargo, lo que nos interesa de Lindoro Cajiga no es lo que hizo en España, sino lo que hizo en México.
Llega a México, una fachada decente oculta al asesino
Perseguido en España, Lindoro Cajiga llega a México ya no tan joven, tal vez de unos 45 o 46 años de edad, venía con la clara intención de hacer lo que mejor sabía, delinquir y atacar a los ricos; para ello primero debía saber quienes eran los ricos hacendados, ganaderos, industriales y comerciantes, por lo que se empleó como administrador de varias haciendas y fábricas, cuyos propietarios creyeron en él y le confiaron sus negocios y Lindoro les entregó buenas cuentas; sin embargo ellos no sabían que Lindoro había utilizado su trabajo de administrador para conocer como se manejaba el mundo de los ricos mexicanos y mucho menos sabían que tarde o temprano, Lindoro habría de atacarlos a ellos.
Como sucede con todos los resentidos sociales y socialistas, odian a los ricos, pero les encanta vivir como ellos, pues Lindoro Cajiga no fue la excepción y muy pronto su fachada de administrador de haciendas lo llevó a relacionarse no solo con ricos hacendados, sino con los políticos y militares conservadores de México, principalmente con los Generales Leonardo Márquez, Miguel Miramón, Tomás Mejía y Félix Zuloaga; con todo esto, Lindoro Cajiga ya tenía el panorama completo para dedicarse a cometer fechorías, así es que comenzó a reclutar a sus gavilleros.
Cajiga tenía muy buen olfato para detectar a los asesinos y desalmados como él, así, de esa manera organizó su banda, con asesinos, desalmados y gente sin moral y sin escrúpulos; Lindoro no deseaba simples asaltantes, pues su banda se dedicaría al atraco y al homicidio, deseaba golpear duro a los ricachones. La banda de Lindoro Cajiga comenzó a operar cuando él aún trabajaba como administrador en una hacienda, así realizó varios asaltos y homicidios, hasta que obtuvo rentabilidad con sus atracos y comenzó a causar terror entre la población, principalmente entre la gente adinerada, aunque todavía nadie sospechaba de él, pasaba como el eficiente administrador de negocios que en realidad era.
Atracos y homicidios, Lindoro inaugura la industria del secuestro en México
Para dedicarse al bandidaje y al crimen, Lindoro renunció a todos sus trabajos; andaba ya por los 50 o 51 años de edad, se dejó crecer la barba hasta parecer un ermitaño; estableció su centro de operaciones en Acambay, en la parte norte del Estado de México, en pleno corazón de la zona otomí; muy pronto Lindoro y su gavilla sembraron el terror en todo el norte del Estado de México y sus vecinos limítrofes Querétaro, Hidalgo y Michoacán; Lindoro y sus secuaces no tenían piedad alguna, a la menor resistencia de alguna de sus víctimas lo asesinaban, sin importar si era frente a su familia, si la víctima no oponía resistencia al atraco, posiblemente se llevaría unos buenos golpes, pero viviría para contarlo.
A las pocas semanas de bandidaje, Lindoro prepara lo que después sería un lucrativo negocio para los criminales, el secuestro; planeó el secuestro de Don Piedad Trejo, uno de los ricos hacendados que le había dado empleo como administrador de su hacienda; Lindoro exigió a la familia de Trejo una enorme suma de dinero por su libertad, de lo contrario les enviarían el puro cadáver; la familia aceptó, pero exigieron como prueba de vida, una carta de puño y letra del Sr. Trejo y firmada por él mismo, en la que señalaría las fechas de nacimiento de él, de su esposa
y de sus hijos, así como la fecha de su boda. Estando en cautiverio, el Sr Trejo se dispone a escribir la nota a su familia, cuando escucha las voces de sus secuestradores y claramente reconoce la voz de Lindoro Cajiga, su ex administrador, dando las órdenes a los maleantes; Trejo nunca vió la cara de ninguno de sus secuestradores, pero si reconoció la voz de Lindoro; en su nota, a todos los datos que pidió la familia, Trejo añadió que su secuestrador era Lindoro Cajiga, en caso de ser asesinado. Trejo no dijo nada y Lindoro nunca supo que le habían reconocido la voz. Como resultado, se pagó el rescate y Trejo fue liberado, sin embargo, se corrió la voz de que Lindoro Cajiga era el líder de la banda que tenía asolada la región.
Resultó peor
Al quedar descubierta su identidad como líder de la peligrosa banda, Lindoro enfurece y comienza a arrasar rancherías, haciendas y aldeas, asesinando parejo, pobres y ricos inocentes que no le hacían daño a nadie; corría el año de 1850, el Arzobispo del Estado de México José Lázaro de la Garza y Ballesteros solicita al Presidente José Joaquín de Herrera y Ricardos su inmediata intervención para acabar con Lindoro Cajiga y sus desalmados fascinerosos; para dicha misión, el Presidente de Herrera designa nada menos que al General Leonardo Márquez, conocido como “El Carnicero de Tacubaya”, por haber asesinado a 35 médicos y enfermeras tan solo por atender a enemigos heridos.
Pues resulta que el Presidente de Herrera ignoraba que el General Leonardo Márquez tenía buena relación con Lindoro Cajiga de tiempo atrás y Márquez hace un pacto entre diabólico y maquiavélico con Cajiga: Lindoro y su banda se unirían a las tropas de Márquez para apoyarlos en sus misiones; a cambio, Márquez les daría oportunidad de seguir operando a cambio de una módica tajada del botín, de esa manera disminuirían los crímenes de manera muy significativa, Cajiga seguiría operando y Márquez se embolsaba una lana y aparentaba cumplir sus órdenes con eficiencia.
Los atracos y los crímenes de Lindoro Cajiga se extendieron, ya no solo operaban en el norte del Estado de México y sus Estados vecinos, Lindoro comenzó a operar en casi todo el Estado de México, siempre manteniendo su guarida en Acambay; pasaban los años y Lindoro Cajiga ya había amasado una gran fortuna con sus crímenes, era un tipo rencoroso que no ayudaba a nadie ni sentía empatía por persona alguna, se cuenta que a su paso, la gente se escondía, tal era la fama de este siniestro personaje a quien únicamente el General Leonardo Márquez parecía poder controlar.
Otro igual que él
A finales de 1857 y principios de 1858, Cajiga decide operar en una región que nunca había explorado, el noreste del Estado de México en sus límites con los Estados de Puebla y Tlaxcala, hacia allá se dirigió junto con su banda de asesinos, pero se topó con pared, resulta que ahí operaba el Coronel Juan Yáñez y su banda conocida como “Los Bandidos de Río Frío”, el Coronel Yáñez había sido por muchos años el hombre de confianza y mano derecha del General Antonio López de Santa Anna, quien al dejar la Presidencia de la República, entonces Yáñez se dedicó al bandidaje.
Los Bandidos de Río Frío sí existieron, en ellos se inspiró el escritor Manuel Payno para escribir su novela con el nombre de la banda; el Coronel Yáñez había copiado de Cajiga el delito del secuestro, mismo que comenzó a operar en su zona de influencia, Tlaxcala, el norte de Puebla hasta los límites con el Estado de Veracruz; debido a eso, los espías de Yáñez le informan de la presencia de Cajiga en la zona y éste se les aparece rodeando a Cajiga y su banda, advirtiendo que esa era su zona y no iba a permitir su presencia; Lindoro enfurecido se retira del lugar y va con el General Leonardo Márquez, quien lo pone al tanto de la situación de Yáñez, aconsejándole no meterse ahí.
Márquez aprovecha la ocasión para decirle a Cajiga que piense en retirarse de las andadas, él y su gente ya son hombres ricos y harían bien en ya ponerle fin a tantos crímenes…Lindoro lo piensa bien.
Lindoro Cajiga, secuestrador oficial
Justo en esos años, el Presidente Benito Juárez lanza sus Leyes de Reforma, mismas que lastimaban a los terratenientes, latifundistas y a la Iglesia Católica Mexicana, provocando la Guerra de Reforma entre los conservadores y los liberales, que llevó a tener dos gobiernos: el gobierno constitucional de Benito Juárez y un gobierno alterno nombrado por los conservadores en la persona del General Félix María Zuloaga; esa coyuntura (como dirían los políticos), fue aprovechada por el General Leonardo Márquez, de quien se decía era quien manipulaba a Zuloaga.
El Partido Conservador puso sobre los hombros del General Leonardo Márquez la tarea de ubicar, neutralizar y en su caso desaparecer (desvivir, se dice hoy) a los cabecillas y operadores del Partido Liberal, esto debido a la bien ganada fama de Márquez como un militar sádico, inhumano y en extremo salvaje a la hora de ejercer la fuerza de las armas; con tan noble y patriótica tarea a cuestas, Márquez de inmediato supo que en Lindoro Cajiga tendría a su brazo ejecutor, no lo pensó dos veces y lo mandó llamar para sumarlo a la causa conservadora y encomendarle tareas de máxima confianza.
De esta manera, Lindoro Cajiga se convirtió en el secuestrador oficial del Partido Conservador, bajo las órdenes del General Leonardo Márquez, Cajiga se encargó de ubicar, perseguir y secuestrar a todos aquellos a quienes los conservadores tachaban de liberales, para ponerlos a disposición de Márquez, quien decidiría si eran fusilados o iban a prisión; claro está que por todos esos secuestros y levantones, Lindoro cobraba su buen dinerito a los conservadores, cuando el señalado tenía precio por su cabeza, Lindoro cobraba la recompensa.
Melchor Ocampo, palabras mayores
Aunque Lindoro Cajiga (quien ya se sentía mexicano) consideraba a Melchor Ocampo como un traidor a la patria por haber firmado el Tratado Mc Lane – Ocampo, que le daba concesiones fronterizas y libre tránsito a los gringos por el territorio nacional (tratado que nunca entró en vigencia), es entonces cuando le llega a Lindoro la orden de secuestrar a Melchor Ocampo para llevarlo ante la presencia de Márquez y del presidente alterno Félix Zuloaga; en ese momento Cajiga sí la pensó dos veces, pues secuestrar a Melchor Ocampo eran palabras mayores, se trataba nada menos que de la mano derecha del Presidente Benito Juárez, el hombre de su máxima confianza y quien movía parte de los hilos del poder en México.
El 30 de mayo de 1861, Cajiga ubica a Melchor Ocampo en su Hacienda de Pomoca en Maravatío, Michoacán y lo secuestra, no sin antes atacarlo y darle una golpiza innecesaria; Ocampo es trasladado a Tepeji del Río, Hidalgo, en donde se encontraban Leonardo Márquez y Félix Zuloaga; Ocampo es encerrado en una celda en donde ya se encontraba otro prisionero, el Coronel Luis Ugalde, también enemigo feroz del General Márquez.
El día 3 de junio de 1861 a Melchor Ocampo se le notifica que será fusilado ese mismo día, Ocampo pregunta quién dio la orden, la respuesta fue de que el General Leonardo Márquez; Ocampo solo pidió papel y tinta para escribir una carta a su familia y elaborar su testamento. Tras el fusilamiento, Lindoro Cajiga pasa una cuerda por el cuerpo sin vida de Melchor Ocampo y atándolo a su montura procede a arrastrarlo para luego subirlo a una carreta y trasladarlo hacia Maravatío, Michoacán en donde colgó el cadáver en la plaza principal para escarmiento de la población y que vieran en lo que había terminado su querido prócer Melchor Ocampo.
El Presidente Benito Juárez es informado del artero asesinato de su gran amigo y colaborador, Juárez le pone precio a las cabezas de los Generales Leonardo Márquez y Félix Zuloaga así como del bandolero español Lindoro Cajiga, diez mil pesos por cada uno, una verdadera fortuna para la época.
La caída de Lindoro Cajiga y el inicio de una leyenda negra
El Presidente Benito Juárez asigna al General Ignacio Zaragoza Seguín para encontrar el paradero de Lindoro Cajiga; Zaragoza despliega a toda su gente para cumplir la misión asignada; los primeros días de enero de 1862, la búsqueda del General Zaragoza rinde frutos, en Acambay, Estado de México, guarida de Lindoro Cajiga, este se aprestaba a colgar en la plaza del pueblo a Juan Serrano, un joven quien era novio legítimo de una bella muchacha que el viejo rabo verde de Lindoro pretendía a la mala y fiel a su costumbre, pensó que eliminando al novio, la joven doncella sería de él; Cajiga estaba a punto de colgar al pobre individuo cuando un niño grita a todo pulmón: “¡¡Por fin, ahí vienen los soldados!!”, con la intención de avisar al pueblo, al oírlo, Cajiga deja a Serrano y corriendo cuchillo en mano toma al niño como rehén y huye hacia la salida del pueblo, la gente enardeció al ver que llevaba al niño, a su paso, una mujer le asestó un garrotazo a Cajiga que lo hizo soltar al niño, para refugiarse en el hotel que usaba como guarida.
En ese momento, las tropas del General Ignacio Zaragoza hacían su entrada a Acambay, se dieron cuenta de la situación, auxiliaron al joven Juan Serrano y el General Zaragoza ordena al Coronel Victoriano Espíndola ir a por Lindoro Cajiga, quien a punta de bayoneta fue sacado de su escondite; en ese momento la población se sintió apoyada por los soldados y con años de temor e ira reprimida procedieron a linchar a Lindoro a punta de palos, piedras y machetazos hasta matarlo, mientras otros destrozaban la bandera de España que Lindoro tenía siempre a la entrada de su guarida.
De los despojos de Lindoro Cajiga, su cuerpo fue decapitado y después colgado en el mismo sitio y con la misma cuerda con la que Cajiga pretendía colgar al joven Juan Serrano. El Presidente Benito Juárez, enterado de la situación procedió a entregar los diez mil pesos de recompensa al General Ignacio Zaragoza, quien lo repartió a partes iguales a su tropa; Juárez dispuso otros diez mil pesos para ser invertidos en el Municipio de Acambay, Estado de México.
Par de machetazos
+ El General Leonardo Márquez, perseguido por Juárez se exilió en La Habana, Cuba, en donde murió; siempre negó haber ordenado la muerte de Melchor Ocampo, incluso lo dejó por escrito, antes de morir fue lo último que escribió.
+ Hay quienes aseguran que el cadáver decapitado de Lindoro Cajiga ha sido visto cabalgando por las frías y lluviosas noches invernales en las calles de Acambay, dando origen a la leyenda del Jinete sin Cabeza; justamente en esta leyenda popular de Acambay está basada la historia para la película “La Leyenda del Jinete sin Cabeza”, con el actor Johnny Depp, solo que fue ubicada en Nueva York, pero la historia está basada en la leyenda de Lindoro Cajiga.
Referencias Bibliográficas:
+ trivialidadesytonterias.blogspot.com
+ oem.com.mx
+ elaculcoautentico.blogspot.com
+ Facebook.com
+ lajornadaestadodemexico.com
+ elacambayense.blogspot.com
+ memoriapoliticademexico.org
+ inehrm.gob.mx
+ es.wikipedia.org