El proceso electoral colombiano ha supuesto un ejercicio de preocupación constante y frente a ello, algunos apuntes (quizá balbuceantes):
- Colombia no es el mundo. No es el reflejo de la realidad latinoamericana. Es un país que ha sido gobernado por la derecha conservadora (entre extrema, media e incompetente) durante un buen tramo de su historia reciente. Algunos otros países están habituados a la “alternancia“, como es el caso de Chile y otros no, como es el caso de México. Hay violentas estructuras sociales instaladas y un periodo de 4 años no es suficiente para desmontarlas.
- El resultado electoral no es una derrota de la izquierda institucional, es el reflejo de una sociedad nostálgica y de una estrategia de comunicación social que alcanza a quienes no le habla la izquierda.
- La izquierda institucional debe replantearse muchas cosas: ¿A quiénes está dejando fuera en la narrativa? ¿Todavía caben los caudillismos egocéntricos en la lucha de masas? ¿Será que es momento de asumir las derrotas como fracasos de la cúpula en lugar de adjudicarla a indiferencia del pueblo? ¿Cómo se gobierna más allá de la queja o de repartir culpas? ¿Por qué dejaron a personajes como a Francia Márquez Mina de lado?
- La intervención norteamericana queda clara, Trump sigue marcando el destino de la geopolítica y pensar que aquel adulto con espíritu de infante juega con la vida y la cultura de nuestros pueblos es alarmante; sin embargo, no hay una verdadera oposición antiimperialista organizada e internacional. No hay gobiernos enfrentados (al menos no en la práctica económica) ni una organización civil real internacional (excepto algunos breves esfuerzos). Las afrentas se solucionan con diplomacia hipócrita mientras la diplomacia de los pueblos exige la defensa de la dignidad de manera fáctica: Hechos, no discursos.
- Toda monstruosidad geopolítica, como es el personaje que interpreta De la Espriella, tuvo origen en un contexto social de formación familiar: Allí se cultiva el machismo, la normalización de la violencia, la familiaridad entre los conceptos de ser a partir de la acumulación y la indiferencia por el cuidado y la ternura. En esos vacíos negligentes, se gestan estas figuras oscuras, rodeadas de lujos y distracciones, de vanidad e inconsistencia ética. La pregunta no es ontológica, sino reproductiva: ¿Qué soledades ha generado esta sociedad que nos da como resultado a tanto acomplejado y a una multitud que les sigues y festeja su forma peculiar de odiar?
- ¿Quién dijo que todo está perdido? Decía el poeta Isaac Felipe Azofeifa que “Nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer”. Este momento histórico es un llamado para:
- Reorganizar.
- Reflexionar.
- Revolucionar .
- ¿Ya podemos comenzar a pensar en la izquierda genuina fuera de los partidos políticos aburguesados y cómplices de clase? ¿Ya podemos invocar el comunismo como opción o siguen asustados por la propaganda de la Guerra Fría?
- Cabe destacar la mención a un actor político que me sorprendió gratamente: La Conferencia Episcopal de Colombia. En su texto con motivo de los comicios 2026, los obispos colombianos generaron gran revuelo, tanto así que tuvieron que sacar otro comunicado explicando que no pretendían apoyar a uno o a otro candidato. Sin embargo, el texto es de profunda escucha y refleja sensibilidad social, unido a un fuerte llamado profético a resistir frente a la tentación de quienes se dicen mesías y son estatuas de barro.