De acuerdo a los primeros resultados, Abelardo de la Espriella será el próximo presidente de Colombia. Si bien hace falta esperar el conteo final, todo indica hacia una estrecha victoria del candidato de derechas sobre Iván Cepeda, el favorito del presidente Gustavo Petro.
Según ha trascendido, la participación electoral de los colombianos no tiene precedente reciente, pues se registró superior al 60 por ciento. Sin embargo, también ha enviado señales sobre una profunda polarización entre aquellos que deseaban la continuidad del régimen actual y los que pretenden virar hacia una nueva forma de gobierno lejos de los principios de la “izquierda latinoamericana”
Las razones del éxito de de la Espriella pueden ser variadas; desde un agotamiento del discurso populista de Petro, derivado probablemente de la ausencia de resultados, hasta un probable alineamiento de Colombia en una aparente nueva ola de derechas que se expande casi inexorablemente por Sudamérica.
Mirando hacia México quizás la repercusión más visible será que fortalecerá el discurso de la presidenta Claudia Sheiinbaum y de sus simpatizantes en torno a una supuesta injerencia por parte del gobierno de Estados Unidos. Como se recuerda, la jefa del Esatado mexicano ha ocultado su defensa de Rubén Rocha Moya detrás de un discurso nacionalista y argumentos legalistas que si bien pueden tener elementos de verdad, en realidad no es más que un artilugio demagogo de emergencia para evitar que el gobernador de Sinaloa llegue a Nueva York.
El propio presidente Petro ha sido mencionado por Donald Trump como pieza importante del comercio trasnacional de drogas entre su país, Cuba y los carteles mexicanos, Y a su vez, Petro ha denunciado el “injerencismo” de Donald Trump para favorecer a de la Espriella, a pesar de la inexistencia de evidencia que apunte en esa dirección, más alla de meras declaratorias del presidente estadounidense en favor del candidato vencedor.
Lo que la presidenta Sheinbaum descartará decir, una vez que de la Espriella haya sido confirmado por las autoridades colombianas como vencedor, es que el modelo del “progresismo” latinoamericano (que no tiene nada de progresista) se encuentra en un marcado proceso de declive hacia perder el poder en favor de los partidos de la “extrema derecha”.