Por Walter Walle
Dejé mi carro y fui a echarme un taco para aguantar las dos horas que estaría parado viendo el juego de Mexico v Czechia. El partido ya era de trámite, pero faltaba sellarlo con broche de oro y tener el pase perfecto a la siguiente fase del mundial 2026.
Desde que llegue algo era claro, la emoción es grande, se siente, se respira y se vive en la calle. El paso del camino es veloz para poder alcanzar un televisor y ver rodar la pelota por 90 minutos. La pasión se ha vestido de verde y en los rostros puedes ver las marcas tricolores. Todos son elementos participe y están a la expectativa de la incertidumbre de lo que será el marcador.

El del parking detiene a la fila de vehículos que busca ingresar al establecimiento. Contacta a sus compañeros para buscar un lugar improvisado mientras la fila de carros continúa extendiéndose. Los de los tacos de pescado ponen sillas con dirección a su puesto mientras han instalado un pequeño televisor para ver el juego. Ya en el puesto de los tacos varios, y con la mano ocupada con una tortilla pregunta el señor que está a mi lado: “¿En donde juegan hoy?”. “En el Azteca, en Ciudad de México”, contesta el del puesto mientras me sirve otro taco, ahora de bistec rojo con papas. A lado, en el puesto de tostadas, el ambiente es parecido.
Al llegar a la avenida Revolución, ves el pasar de la vida, pero ahora afectado por el juego. Hay un mar verde de aficionados que van en todas direcciones, pero principalmente en dirección norte-sur. Las fuerzas del orden están presentes, la municipal, la guardia nacional, y los militares observan, con mano en rifle y lentes oscuros para que no se desate el caos. Pareciera ser que quieren ser parte de la muchedumbre, ya que en repetidas ocasiones voltean a la tele en anhelo. Mientras tanto, se ve el pasar de una nueva Tijuana: niños tijuano-haitianos con su uniforme de la escuela todavía puesto con intención de entrar al Baja Fut Fest.
El ruido es incesante. Hay una cacofonía de sonidos. Carros con paso veloz, los aficionados pasan, las trompetas suenan, las maracas giran, y los comerciantes ambulantes buscan generar algo de dinero. “Lleve, lleve su trompeta, que hoy gana México”, se escucha al fondo. Por otro lado, se escucha la llanta rechinar de un puesto de tacos varios que esta por instalarse. En la esquina, se ve la serpiente verde de gente mientras esperan entrar al Oxxo. Unos gritan: “A la fila”.

En el Baja Fut Fest las caras son varias, de todo tipo y edades. Niños acompañados por sus padres, ancianos con el rostro pintado, la juventud en bola haciendo desmadre, haitianos ya mexicanos mirando la pantalla con atención, y uno que otro extranjero. Por donde quieras ves camisas verdes y banderas ondeando, chicas y grandes.
El juego ha comenzado y se escuchan los aplausos, los ánimos, mientras las matracas vuelven a girar, las trompetas vuelven a sonar, y las banderas vuelven a ondear. La pelota se intercambia entre Mexicanos y Checos. Va de izquierda a derecha a veces sin mucha emoción y otras con los ánimos altos. De repente, México la tiene, se acerca, se emocionan todos, el tiempo se hace lento, los oídos se agudizan, unos se agarran la cara, y otros se levantan en puntitas para presencia el primer gol. Apunta y dispara con la pierna, pero no entra y de inmediato se escucha en unisonó “UUUUUH” seguido por aplausos, matracas, y trompetas. Tijuana se quiere hacer escuchar hasta la nueva Tenochtitlan. El marcador de los primero 45 acaba en 0 a 0.
Después de la primera parte, corren al baño, al Oxxo, por un taco, o por mas cerveza. En un parking, pregunta una mujer con su bebe: “¿Oye, aquí tienen baño?” Y les dicen: “Sí, si aquí a la vuelta. Mire ya salió el joven”. Contesta: “Ok, paso rápido porque ya va a empezar el juego”. Los tacos no me parecen haber llenado y paso a comprar unos Tostitos y dos chocolates que me terminarían causando un poco de agruras ya por la noche.

Han comenzado los segundos 45 minutos. La pelota sigue jugando con las emociones de los aficionados. El miedo, nerviosismo, ansiedad y emoción dependen de qué lado la pelota entre. Al 56 cae el primer gol a favor de Mexico, “GOOOOOL” se escucha en unisonó mientras la afición brinca, alza las manos y cae la lluvia de cerveza. Todos estallamos en fervor, es un terremoto verde con tintes rojo y blanco. Los hermanos haitianos celebran, las mamas cargan a los niños y todos están felices. Seis minutos después, al 61 entra el segundo. Al 90+4 el tercero. Tijuana está explotando de emoción. Mexico gana el juego 3 a 0 contra Czechia.
Es increíble lo que puede hacer sentir un juego de futbol. Une a todos los mexicanos independientemente de credo, estatus socioeconómico o pensamiento político. Doblega a los más fervientes críticos del Estado Mexicano por su incapacidad o negligencia estatal. Derriba, por instantes, el hecho que el Estado Mexicano es Mexico y que Mexico es el Estado Mexicano; corrupción institucionalizada, impunidad e inseguridad.
Después del juego, transito la Revolución de arriba hacia abajo. El júbilo está a más no poder. Se baila el “Payaso de rodeo”, se vuelan a los que “quieren volar”, se baila banda, y se puede presenciar una pelea de botargas, en esta ocasión gano el Dr. Simi Verde en contra una Fresa. Es imposible no sentir y compartir la alegría y no identificarte los colores tricolores. A pesar de todo, se siente el amor por México.

Sin embargo, al regresar al carro y sentir la soledad del silencio me es imposible no pensar en aquello que está mal. En eso en lo que debemos de seguir luchando. México tiene cosas buenas como la pasión del futbol, pero muy dentro de todo, está roto, está quebrado, camina siempre con muletas. Es victima de la injusticia, de inseguridad, de desaparecidos, de feminicidios, entre otras cosas. El futbol es importante, pero como dijo Juan Villoro, es lo más importante de lo menos importante. Aunque disfruto el momento, prefiero mil veces tener un país donde podamos apagar nuestro sexto sentido de alerta. Ese que se activa cuando un policía te detiene y uno piensa que te quiere extorsionar, de donde no me tenga que preocupar por ver una camioneta blanca sin placas, donde pueda ver las vialidades en buen estado, donde la corrupción no mate y las soluciones a los problemas no sean improvisaciones.
La emoción del Mundial es un sentimiento compartido a nivel nacional. Es pasión, es entrega, es unidad, es amor, pero de la misma manera en que lo vivimos, deberíamos de exigir un México mejor. Esta emoción es un coctel de éxtasis y fervor. Nos gusta, nos complace, nos hace feliz, nos une, pero va a ser efímera. La realidad está presente y el Mundial no hace más que taparnos los ojos con una venda. No se trata de no celebrarlo, pero hay que hacerlo con responsabilidad. Saber que, a pesar del resultado a favor de México, nos queda un Mundial más importante que jugar y que tenemos que ganar, el de un México mejor que ayer para todos. El de un México con justicia, sin impunidad, sin desaparecidos, sin violencia. El de un pueblo que ya no quiere estar subyugado antes las injusticias. El de un México, por fin, que tenga paz.
El cargo #Crónica | Emociones y reflexiones causadas por la pelota: Mexico vs Czechia. apareció primero en NÓMADAS.