La conducción institucional en los gobiernos estatales influye directamente en la manera en que se diseñan, ajustan y ejecutan las políticas públicas. Esa relación entre decisiones y resultados se aprecia con claridad en los ejercicios de evaluación que, de manera periódica, miden la eficacia de cada administración. Mes a mes, estas metodologías elaboran un balance del desempeño y permiten identificar el nivel de consistencia con el que opera cada estructura gubernamental. Los porcentajes obtenidos en dichas mediciones muestran si las gestiones continúan atendiendo el mandato ciudadano expresado en las urnas, donde la expectativa central fue que la transformación se convirtiera en el eje de la acción pública.
Con respecto a efectividad, a quien le ha ido muy bien en las evaluaciones, técnicamente en la antesala de la culminación de su encomienda como gobernadora, es a la administración de Guerrero y Oaxaca. La primera, que promedia un 58 % de respaldo social, continúa afianzándose a lo largo y ancho del territorio con una política con gran sentido social. Han optado por modernizar los puntos turísticos que más concurrencia tienen por sus bellezas naturales. La enorme inversión que ha realizado en las playas, que son epicentros de concentración de turistas nacionales y extranjeros, ha puesto al territorio en otras latitudes y, por ende, en entornos de clase mundial. A la par de ello, que también sobresale por su efectividad, está su diseño para operar cada una de las acciones que se han trazado. Los indicadores de seguridad, ahora que el Secretariado de Seguridad ha dado pormenores constantemente, aluden al paso contundente que ha dado ese enclave para pacificar. No solo hablamos de rendimientos, sino de buena organización a través de las mesas de paz entre los distintos órdenes de gobierno.
Dentro de ese esquema de efectividad, también de los informes cuantitativos, podemos citar al gobierno de Chiapas. Él, que prácticamente está por concluir su segundo año de labores al frente, ha sabido maniobrar los mecanismos de los que puede echar mano para que el sur, por fin, tenga el lugar que se merece en desarrollo. Al utilizar bien el presupuesto, sobra decir, llama la atención el avance que se ha visto reflejado en la construcción de carreteras, caminos que comunican a localidades, escuelas, centros de salud y, asimismo, puntos de seguridad estratégica para que la vigilancia por aire y por tierra sea efectiva. De forma paralela, para darle al sur dinámica, la industrialización ha ido alcanzando el sitio que se merece, mayormente para la generación de fuentes de empleo que, por ende, brinden una mejor calidad de vida. En ese tenor están Veracruz, Tamaulipas y Colima. Todos ellos, por cierto, gobernados por Morena.
Sin perder de vista la labor de otros mandatarios, también podemos citar otros enclaves. Puebla, por ejemplo, tiene una dinámica muy notoria que, desde cualquier perspectiva, se nota que ha tenido cambios sustanciales, sobre todo en una planeación de movilidad que se adapte a las necesidades. Muy pronto se iniciará la construcción del teleférico. Siempre he sostenido que ese tipo de mecanismos, además de eficientar tiempos y costos, pone de manifiesto que la entidad está en pleno despegue de la modernidad y los cambios vertiginosos de un mundo globalizado.
Y, por si eso fuese poco, Michoacán, Morelos y Tlaxcala siguen afianzándose como entidades altamente productivas. La primera entidad ha destacado por el cúmulo de obra e infraestructura que ha ido concretándose a lo largo y ancho del país. Hoy, como nunca, hemos visto la construcción de puentes y carreteras, pero también de clínicas y hospitales que son, por supuesto, suficientes para cubrir las necesidades de la gente. En esa tesitura, con un desempeño extraordinario, podemos citar el buen manejo del secretario de Salud. Eso ha confirmado que mejoró la atención, pero igualmente se eficientó el suministro de medicamentos.
Para consolidar esa visión, ahora que hacemos alusión al desempeño eficaz, hay que poner muy en alto el nombre de Morelos, que ha sabido encontrar la brújula. De hecho, la gente está muy conforme con la labor que ha realizado una mujer de fuertes convicciones que, a lo largo de estos meses, ha venido edificando un andamiaje de quehaceres que van enfocados al desarrollo. Se ha instalado, en pocas palabras, un modelo humanista que se ha convertido en la punta de lanza. Lo mismo sucede en Tlaxcala, Sonora y Estado de México, de Delfina Gómez.
Estas entidades —Michoacán, Morelos, Estado de México, Puebla, Chiapas, Veracruz, Colima, Nayarit, Sonora, Tamaulipas y Guerrero— se ubican, según las evaluaciones aplicadas a las administraciones estatales, entre las regiones que han mostrado un mayor dinamismo institucional. Los resultados de estos ejercicios de medición señalan que dichos territorios destacan por el avance sostenido en su gestión pública y por el fortalecimiento de sus estructuras de desarrollo, eso sí, ondeando la bandera de la cuarta transformación de la mano de Claudia Sheinbaum.