No hagamos del futbol el opio del pueblo. Todos deseamos que México derrote a Inglaterra, pero… ¿y el resto del deporte? Hoy domingo, día del juego de octavos de final en el Estadio Azteca, un mexicano amaneció en el sexto lugar, a pocos segundos del líder, tras concluir la primera etapa del Tour de Francia, una prueba bastante más extenuante e infinitamente menos manchada por la comercialización que el balompié.
En la Grande Boucle, los ciclistas correrán durante tres semanas 21 jornadas sumamente duras, con solo dos días de descanso, para acumular un total de 3,320.7 kilómetros. El recorrido incluye ocho etapas de alta montaña y cuatro de media montaña rompepiernas, con un impresionante desnivel positivo total de 54,450 metros.
Isaac Torito del Toro demostró ayer sábado, en el arranque de la competencia en Barcelona, que es un atleta de élite y justificó plenamente su estatus como el tercer mejor ciclista de la clasificación mundial. Consiguió el sexto puesto en una novedosa modalidad de contrarreloj que funcionó, al mismo tiempo, como prueba por equipos e individual.
Del Toro logró este espléndido resultado a pesar de haberse vaciado por completo en favor de su líder, Tadej Pogačar, durante la exigente subida a Montjuïc. ¿Qué habría pasado si hubiera trabajado para sí mismo con una escuadra totalmente a su servicio?
Por obligación contractual, el mexicano de 22 años de edad dejó toda su energía en el asfalto ardiente de Barcelona para intentar que el esloveno —el mejor ciclista de la actualidad y quizá de la historia— tomara el liderato. El esfuerzo del Torito no bastó: el resto del equipo no tuvo un desempeño excelente, y Pogačar no pudo vencer a su principal rival, el danés Jonas Vingegaard.
A pesar del sacrificio en un grupo de ocho competidores en el que otros coequiperos no estuvieron a la altura, Del Toro exhibió notables fortaleza y velocidad en el ascenso a la colina barcelonesa, un tramo corto pero muy demandante, en especial por pedalear con bicicletas de contrarreloj. Los expertos que aún tenían dudas las desecharon ayer: en cualquier otra escuadra, como líder único, Isaac habría concluido todavía más arriba.
Esta carrera de tres semanas apenas comienza. Veremos hoy mismo, alrededor de las 9:30 AM, cómo termina Isaac en la segunda etapa de 168.5 kilómetros, que ha iniciado en Tarragona, y concluirá otra vez en Montjuïc, pero en un circuito urbano final de 30 kilómetros que se recorrerá tres veces. A diferencia de la contrarreloj del sábado, esta vez no se dará ningún rodeo; será una ascensión directa y mucho más exigente hasta el Castillo de Montjuïc.
Ojalá no se cumpla el pronóstico, probabilístico que conste, que en este espacio publiqué hace meses: que coincidan la eliminación del Tri en el Mundial con el liderato del Torito en Francia.
Aunque sería maravilloso ver a Del Toro portando la prenda más sagrada y con mayor carácter divino del deporte —el maillot amarillo que distingue al puntero de la clasificación general—, voy a pensar que tal escenario no ocurrirá, porque no vale la pena anticipar una derrota de la Selección, que en mi opinión tiene todo para avanzar a los cuartos de final en el torneo de la FIFA.
Sin embargo, no puedo evitar cuestionar el dogmatismo futbolero que lleva a prácticamente todo el país a ignorar que, en otra región del amplísimo planeta Tierra, el deportista mexicano más importante de la actualidad compite entre los grandes favoritos de la prueba física más exigente del mundo.
Hoy, en SDPNoticias, el tenor Héctor Palacio publica un muy interesante artículo titulado “El futbol es el ballet de las masas: Shostakovich”. En efecto, la disciplina más popular puede ser una de las bellas artes si se practica y se sigue sin sectarismos. Pero, ni hablar, el futbol también representa, en no pocas ocasiones, lo que para Karl Marx era la religión: el opio del pueblo.
Esto sucede, tristemente, cada vez que la opinión pública ignora otros deportes, contagiada por el exceso de pasión futbolística de multitudes con frecuencia manipuladas. En los torneos importantes, la clase empresarial ve a la afición como clientela potencial de marcas comerciales, mientras que los partidos políticos la consideran votos a sumar en contiendas electorales.
Tal ceguera deportiva impide ver lo que ocurre en otras especialidades como el ciclismo, el cual, además de mantener la forma física de quienes lo ejercen con seriedad, sirve como una alternativa de movilidad limpia para abandonar el automóvil y la motocicleta en ciudades excesivamente saturadas, disminuyendo así el consumo voraz de los combustibles fósiles que tanto dañan al medio ambiente.