Las formas en política son cruciales para entender el fondo de las circunstancias. Muchas veces, de hecho, debemos estudiar a fondo las entrelíneas para darnos cuenta de que hay mensajes cifrados que, por la claridad, dicen muchas cosas que terminan reflejándose en la realidad.
Desde que Sheinbaum tomó el control de los procesos internos de Morena, la cosa ha cambiado. Llamó la atención, por ejemplo, el viraje que experimentó el partido para renovar a los liderazgos más visibles. Incluso, hay personajes meramente testimoniales que no tendrán ninguna injerencia, pues la mandataria, con un golpe sobre la mesa, tiene el bastón de mando a través de Ariadna Montiel y Citlalli Hernández. Una y otra, dado el contexto en el que estamos, son las que analizarán, evaluarán y revisarán cada uno de los registros minuciosamente. Eso, en efecto, es una oportunidad para reivindicar los preceptos de una expresión que, por su declaración de principios, debe guiarse por lo que promueve en el trabajo de base.
Uno de los aspectos más importantes, que mencionó la propia presidenta en conferencia de prensa, ha sido la conducta recta que deben tener los perfiles que se registren a puestos de elección popular. De ese modo, hay un candado para quienes arrastran señalamientos de corrupción y malas prácticas. Dado que es un aspecto potencialmente relevante, hemos visto casos donde la dirigencia nacional ha frenado algunas aspiraciones que, dado el entorno que los rodea, esto marca un precedente. Antes de entrar a más detalles, sobra decir que una parte crucial es sostener ese discurso y, por ende, endurecer la postura para cerrar el paso a quienes cargan el flagelo de los señalamientos. Serán, por decirlo de algún modo, candados para evitar que ciertos perfiles se cuelen a posiciones estratégicas que, después de todo, salgan a escena como perspectivas irrelevantes.
Recién se terminó el registro de los aspirantes; por ejemplo, supimos con mucha claridad que esta consigna, igualmente, no quedó en la mera especulación; o sea, los hechos no permanecieron atrapados en la suposición. Es muy notorio que, de todos los perfiles que se registraron, llamara mucho la atención la exclusión de Gerardo Sánchez Zumaya. Entonces él, que ha quedado defenestrado de una encuesta interna de Morena, fue el mensaje más preciso de la dirigencia nacional que, por ningún motivo, aceptará aspiraciones que tengan fuertes señalamientos. Habiéndose puesto un alto, sin duda, esto significa un enorme revés para el empresario de San Luis Potosí, que rápidamente corrió a buscar refugio en otras expresiones. Fue, francamente hablando, una postura para muchos reveladora, mientras que, para otros, evidentemente, es la aplicación de las reglas internas a fin de blindarse.
Lo anterior no es, por lo tanto, una noticia que haya causado estupor. De hecho, se esperaba que esta situación se diera luego de que la fuerte oleada de señalamientos terminara siendo quien enterrara las aspiraciones. Zumaya, de hecho, no tiene ninguna posibilidad de competencia en la carrera por la gubernatura de San Luis Potosí. No es un actor que haya consagrado un liderazgo, ni mucho menos que tenga conexión con la población civil. Los cuestionamientos que pesan sobre él, efectivamente, son entendidos como la congruencia de un proceso interno que debe cargar con matices de honestidad. El simple hecho de modificar este ejercicio, desde luego, podemos llamarlo como un mecanismo muy valioso para la democracia participativa.
Desde luego que el registro de Gerardo Sánchez, más allá de haberlo realizado con un partido afín a Morena, no está plenamente legitimado; o sea, no hay una reconfiguración ni mucho menos una correlación de fuerzas, pues Zumaya, ya lo dijimos, nunca despegó como un referente de peso. Viene atravesando, en efecto, un enorme desgaste bajo el patrón de quienes enfrentan acusaciones de prácticas antisociales. Entonces esto, al menos en los hechos, ha sentado un precedente y, asimismo, ha puesto al descubierto que Morena va en serio para brindar el proceso interno. Busca, a la par de la aplicación de los estatutos, que los aspirantes tengan una postura intachable ahora que hemos estado hablando de congruencia. Eso, de manera notable, se aplicó a un personaje tan cuestionado que visiblemente siempre ha estado en el ojo del huracán. Dado lo previsto, adelantándonos a los posibles escenarios, el costo político que pagará Zumaya por haber sido defenestrado de Morena será muy alto.
Esto es, en definitiva, un golpe demoledor que muy pronto nos tocará constatar. De entrada, Zumaya padecerá la indiferencia de la sociedad que rápidamente se desilusiona de este tipo de acciones que, por supuesto, chocan con la transparencia y la rendición de cuentas.
Morena, en concreto, actuó muy bien y, por ende, debemos felicitar a sus dirigentes porque el discurso, ahora que vivimos el proceso de registros, se aplicó al pie de la letra, básicamente para que la honestidad y la transparencia de quienes cargarán con la responsabilidad de abanderar puestos de elección popular sea intachable.