<div>Cómo un meme de cucarachas se convirtió en el mayor desafío al poder del Gobierno indio: "Ya no tenemos miedo"</div>

La maquinaria propagandística del primer ministro Nareandra Modi se ha tambaleado por las protestas juveniles que han logrado la destitución del ministro de Educación
El movimiento juvenil “Cucarachas” desconvoca sus protestas tras la dimisión del ministro de Educación indio
Se escucha un grito de alegría cuando el cartel con la cara de Narendra Modi es arrojado al suelo en el centro de Nueva Deli. Luego, llegan los pisotones. “Ladrón, ladrón”, corea una multitud entregada mientras aplasta contra el suelo embarrado la imagen del primer ministro de India.
Solo una semana antes, una escena así habría sido prácticamente inimaginable en la capital india. En los 12 años que llevan en el poder Modi y su formación, el Partido Popular de la India (BJP, por sus siglas en inglés), criticar al gobierno ha sido considerado como un acto peligroso. Las voces disidentes han sido aplastadas de manera rutinaria, rápida y eficaz.
Hasta que llegaron las ‘cucarachas’. El movimiento que comenzó como un meme de Internet se convirtió rápidamente en uno de los desafíos más inesperados y relevantes contra el poder de Modi, instigado por una generación de jóvenes hartos que, sorprendentemente, no temen al Gobierno. Con el humor como el arma más poderosa, los insultos a Modi han proliferado por Internet en forma de memes y reels de Instagram donde la generación Z de la India vilipendia al gobierno.
“Daré la vida por esta causa si es necesario”
El eje central de la protesta comenzó siendo la educación y el escándalo por la filtración de un examen para entrar en la carrera de Medicina, con la renuncia de Dharmendra Pradhan, ministro de Educación, como su demanda principal –renunció el sábado, en una victoria para el movimiento–. Pero se ha convertido en una lucha mayor por recuperar la tambaleante democracia del país después de la represión que sufrieron los que acudieron a la protesta pacífica de la semana pasada en Nueva Deli: los recibieron con porras, gases lacrimógenos y perdigones, además de supuestos maltratos a las mujeres.
Aniruddh Gautam, de 21 años y estudiante de Derecho en la capital, fue uno de los que se atrevieron a participar en las protestas. “Me habían dado plaza para estudiar en una universidad británica pero elegí quedarme en la India porque creo en mi país”, dice. “Este Gobierno le ha arrebatado a los jóvenes sus sueños y esperanzas; hay jóvenes que han muerto por culpa de sus errores, daré la vida por esta causa si es necesario”.
No es la primera vez que Modi se enfrenta a protestas. En 2019 estalló una contra una divisiva ley de ciudadanía, y en 2020 hubo una huelga generalizada de agricultores. Pero los analistas creen que el movimiento de ‘las cucarachas’ ha planteado un desafío más complejo para el gobierno.
Son hábiles porque han hecho que las protestas sean profundamente patrióticas y han arrebatado al BJP la carta del nacionalismo
Los fracasos del Ministerio de Educación, y la filtración de los exámenes de acceso son temas que unen a los votantes de los dos partidos y preocupan al caladero de votos más importante e Modi: las familias hindúes de clase alta.
Las imágenes de niños y estudiantes golpeados por la policía generaron malestar incluso entre las filas del BJP. “Modi siempre ha sido muy bueno para superar las crisis”, dice la analista política Tavleen Singh. “Pero hablo con personas bastante cercanas a él y todo el mundo está verdaderamente confuso, sin saber qué va a pasar a continuación; dicen que Modi ha estado escuchando a la gente equivocada y que ha malinterpretado por completo el sentir popular”.
El Gobierno ha desacreditado otras protestas acusándolas de vínculos con terroristas musulmanes o paquistaníes, o con fuerzas oscuras en el extranjero. Pero la naturaleza profundamente secular de las últimas manifestaciones hace imposible repetir la estrategia. En las manifestaciones de las ‘cucarachas’ han participado personas de todas las religiones y clases sociales, entre ellos muchos hijos de simpatizantes del BJP.
Los límites de la maquinaria del BJP
Hindúes y musulmanes comieron y rezaron juntos en los lugares de protesta de la capital. Un cocinero musulmán se ha convertido en una celebridad por dar de comer a los manifestantes; y se han organizado comedores comunitarios dentro de los gurdwaras [lugares de culto de los sijs]. “Son hábiles porque han hecho que las protestas sean profundamente patrióticas y han arrebatado al BJP la carta del nacionalismo”, dice Singh. “También han recuperado el secularismo de manos del BJP, la religión la están usando para unir”.
Lo más relevante es que el BJP se ha topado con los límites de su propia maquinaria de propaganda. Tras una década en la que han prevalecido los medios cooptados que siguen la línea del Gobierno, los manifestantes de la Generación Z han creado su propio ecosistema informativo en las redes, dejando de manifiesto la marcada disonancia entre lo que ellos viven sobre el terreno y lo que emiten los canales convencionales de noticias, conocidos como los medios godi (perritos falderos).
“Nuestros medios son repugnantes, han divulgado mentiras una noche tras otra para tratar de acabar con nuestro movimiento llamándonos terroristas, pakistaníes, y antinacionales”, dice Sanna, de 26 años. “Por desgracia para ellos, aquí estamos difundiendo el mensaje”.

Manifestantes del Partido Janta de las Cucarachas (CJP) en una manifestación en Nueva Deli en junio.
El joven político Anish Gawande es uno de los impulsores del ‘movimiento de las cucarachas’. En su opinión, las protestas multitudinarias han estallado porque “cada vez más, los jóvenes no ven un futuro prometedor para sí mismos en este país”. “Toda una generación de jóvenes indios con aspiraciones, entre los que me incluyo, creció con la idea de que el país avanzaba hacia el progreso, por más que tuviera defectos y necesitara mejorar”, dice.
“[Ahora] nos enfrentamos a la amarga realidad de que todo lo que el BJP nos vendió en 2014 nunca se materializó; las promesas hechas en los últimos 12 años se han incumplido una y otra vez, y el derrumbe de esa ilusión está desatando una rabia reprimida sin igual”, añade. En su opinión, el movimiento representa un desafío innegable para el poder del BJP. “Implica un duro despertar para el gobierno, comprender que no puede silenciar para siempre al pueblo de la India”, opina.
De parodia a movimiento
Ccuando surgió a principios de mayo, a la Administración Modi le resultó fácil quitarle importancia al Partido Popular de las Cucarachas [CJP, por sus siglas en inglés], cuyo nombre era una burla deliberada al gobernante Partido Popular de la India.
Abhijit Dipke, de 30 años, acababa de terminar un máster en la Universidad de Boston cuando lo creó. Su intención original era publicar una página web de parodia en respuesta al presidente del Tribunal Supremo de la India, Surya Kant, que durante una vista se había referido a las multitudes de jóvenes desempleados y activistas como “parásitos” y “cucarachas” (Kant negó posteriormente haber hecho esa comparación). El eslogan original del CJP era: “Una voz para los vagos, los desempleados y los adictos a Internet”.
Pero los jóvenes indios lo hicieron suyo, con decenas de millones de seguidores por Internet, y Dipke comprendió que la sátira era mejor mecanismo que la política convencional para representar sus frustraciones.

El fundador del movimiento satírico Juvenil de la India CJP, Abhijeet Dipke (segundo por la derecha), con un retrato de Mahatma Gandhi y B.R. Ambedkar durante una manifestación en junio en Nueva Deli.
Dos días antes del supuesto comentario de Kant sobre las ‘cucarachas’, la vida de más de dos millones de estudiantes se vio trastocada cuando se supo que un examen de admisión a la facultad de medicina, muy competitivo, había sido filtrado y vendido por millones de rupias. Alrededor de 2,2 millones de estudiantes tendrían que presentarse otra vez a la agotadora prueba, compitiendo por solo 130.000 plazas. Para algunos, aquello fue demasiado. Más de una docena se quitaron la vida.
No era la primera vez que ocurría algo así. En los últimos años, decenas de filtraciones han empañado la reputación de esos exámenes y otros similares. El Gobierno creó la agencia encargada de los exámenes, pero nadie había rendido cuentas por ninguno de los casos.
Crecimiento y represión
A principios de junio, Dipke regresó a Delhi y formalizó los objetivos fundamentales del CJP: que alguien se hiciera responsable por la filtración de los exámenes, que el ministro Pradhan dimitiera, y que se acometiera la reforma de un sistema de educación superior corrupto, crónicamente infrafinanciado, y que sistemáticamente deja de lado millones de jóvenes indios.
A la primera manifestación del CJP en Nueva Deli acudieron apenas varios cientos de personas. Pero cuando regresaron a finales de junio, los manifestantes juraron que no se moverían del lugar de la protesta hasta que Modi destituyera al ministro de Educación. Esta vez, el CJP contaba con un personaje nuevo y emblemático: el reconocido ingeniero y activista indio Sonam Wangchuk.
Wangchuk ya se había manifestado contra la represión del Gobierno de Modi contra los disidentes: fue encarcelado en 2025 por una protesta, en virtud de las leyes antiterroristas. Evocando las huelgas de hambre protagonizadas por Mahatma Gandhi durante la lucha por la independencia, Wangchuk anunció su propia huelga de hambre en solidaridad con las ‘cucarachas’.

Centenares de simpatizantes del movimiento juvenil ‘Partido de las Cucarachas’ en una marcha.
En un principio, el Gobierno de Modi optó por no reaccionar. Hasta que en el vigésimo día de la huelga de hambre de Wangchuk, la Policía de Nueva Deli lo desalojó violentamente, arrastrándolo en contra de su voluntad hasta el hospital. Un clamor popular de indignación impulsó entonces al movimiento y, en vez de las 10.000 personas que había calculado la policía de la capital, se estima que aparecieron unas 100.000, muchas de ellas coreando el nombre de Wangchuk.
La manifestación fue un punto de inflexión crucial en Nueva Deli, una expresión de disconformidad que no ocurría desde hacía muchos años. Para muchos de los jóvenes, fue su primera protesta y una especie de despertar político. Lloraban de emoción abrumados por la solidaridad y se abanicaban unos a otros para refrescarse del calor.
Con el aumento del número de manifestantes, la policía se vio superada en número y comenzó a recurrir a tácticas brutales para impedir una marcha hacia el Parlamento. Reprimieron a los jóvenes con gases lacrimógenos, porras y, al parecer, escopetas de perdigones, dando lugar a imágenes espeluznantes y endureciendo aún más la postura de muchos manifestantes.
Deeksha Mishra, de 17 años, fue una de las manifestantes. Había acudido por su hermana, que soñaba con ser médica y había caído en depresión tras la filtración de los exámenes. “La vi perder su sueño y su pasión, y supe que tenía que venir”, dice Mishra. “Vinimos pacíficamente, pero nos trataron como a terroristas; la policía nos golpeó con mucha dureza; había gente con la sangre corriéndole por la cabeza, con la nariz rota…”. Cientos de personas terminaron en el hospital ese día. Algunas, en la unidad de cuidados intensivos.
Días después, Mishra aseguró que ahora luchaba por algo más que las filtraciones. “Es por la corrupción, por nuestra democracia moribunda”, dijo. “El Gobierno quiere seguir ignorándonos hasta que la protesta se apague, pero eso no va a suceder; ya no tenemos miedo”.
“Acostumbrado a gobernar con impunidad”
Modi prometió medidas rápidas contra los responsables de las filtraciones y el sábado aceptó la renuncia del ministro. Según los analistas, la situación no era sencilla. Pradhan era uno de los ministros más leales y políticamente importantes. Para este líder autoritario, destituirlo podía ser percibido como un signo de debilidad y afectar a la lealtad de su gabinete.

El primer ministro de la India, Narendra Modi.
Queda por ver hasta qué punto el movimiento de las ‘cucarachas’ afecta a la capacidad de Modi para atraer votos. Aún le quedan tres años de mandato y hace poco ganó una serie de elecciones estatales cruciales. Pero como afirma el analista político y columnista Pratap Bhanu Mehta, “lo más importante de este movimiento es que ha levantado el muro del miedo”.
“Este Gobierno está acostumbrado a gobernar con impunidad”, dice. “Les va a resultar difícil recuperar una autoridad que nadie discuta”.
Traducción de Francisco de Zárate.
Este artículo ha sido actualizado por la redacción de elDiario.es.
