STILO LIBRE: 4 DE AGOSTO 2026
Mientras la Secretaría de Seguridad Pública Estatal presume disciplina y confianza en sus filas, en los pasillos de la corporación comienza a crecer un caso que ya genera más preguntas que respuestas. Las versiones que circulan entre los propios elementos señalan a un agente del círculo cercano de los altos mandos, quien enfrenta señalamientos por presuntas deudas, promesas de inversiones, supuestas ventas de terrenos y préstamos que, aseguran los afectados, nunca fueron resueltos. Lo que más incomoda no son únicamente las acusaciones, sino la imagen de una vida de lujos y viajes al extranjero que contrasta con la realidad económica de la mayoría de los policías, alimentando la percepción de que alguien podría estar aprovechándose de la confianza que inspira portar un uniforme.
Si las denuncias terminan por formalizarse, el problema dejará de ser un asunto entre particulares para convertirse en una prueba de credibilidad para la propia Policía Estatal. Las versiones apuntan incluso a que el agente habría utilizado su investidura para intimidar a quienes exigen la devolución de su dinero, situación que, de comprobarse, pondría en entredicho no solo su conducta, sino también la capacidad de la institución para impedir que un elemento utilice el prestigio de la corporación como escudo personal. En un momento donde la confianza ciudadana es uno de los principales activos de las fuerzas de seguridad, el silencio o la omisión podrían resultar mucho más costosos que una investigación transparente y oportuna.
Si alguien pensó que la reunión en la Ciudad de México serviría para apagar el incendio que consume al Consejo Estatal de Morena en Chihuahua, seguramente también cree que echarle un vaso de agua a un bosque en llamas resuelve el problema. La foto salió bien, las sonrisas también, el discurso de la unidad fue impecable… lástima que la realidad no haya recibido la invitación.
Después del encuentro entre los aspirantes a la gubernatura, Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar, trascendió el mismo libreto de siempre: hay que cerrar filas, sumar esfuerzos y que Martín Chaparro entre en la ecuación. Muy bonito en el papel. El detalle es que, cuando regresaron a Chihuahua, los grupos internos siguieron exactamente donde estaban: unos empujando para un lado y otros jalando para el contrario.
El único que parece haber comprado el discurso sin pedir cambio fue Cruz Pérez Cuéllar. El alcalde con licencia de Ciudad Juárez ha reiterado públicamente que está de acuerdo con las decisiones nacionales. Sin embargo, dentro del Consejo Estatal el entusiasmo no parece ser contagioso. Más allá del respaldo del presidente estatal, Hugo González, el resto de las corrientes continúa enviando señales de que el horno no está precisamente para bollos.
Especialmente «Los de Abajo», quienes insisten en que Martín Chaparro tenga un papel relevante y mantienen viva la discusión sobre el rumbo del partido. Porque si algo caracteriza a Morena Chihuahua es que nunca desperdicia una oportunidad para demostrar que la unidad es un concepto bastante flexible.
Y mientras los grupos internos hacen cuentas, hay quienes dentro del propio movimiento ya prendieron las alarmas con un dato que consideran preocupante: la apuesta por los votantes más jóvenes no estaría dando los resultados esperados. Según comentan voces cercanas a esas discusiones, muchos ciudadanos que apenas alcanzan la mayoría de edad no están comprando el discurso morenista después de las polémicas nacionales de los últimos meses.
La conclusión que algunos sacan es sencilla: las redes sociales podrán llenar tendencias, pero las urnas siguen llenándose con personas de carne y hueso. Los «likes» no sustituyen a los votos. Los videos virales no cuentan boletas. Los algoritmos no instalan casillas. Y las campañas digitales, por muy espectaculares que parezcan, terminan enfrentándose con una vieja costumbre llamada realidad electoral.
Dentro de esas conversaciones también surgió un tema que varios consideran un costo político innecesario: iniciativas como la llamada Ley de Audiencias. Para algunos morenistas, propuestas de ese tipo sólo alimentan la percepción de confrontación con los medios de comunicación y otros sectores sociales. La lectura interna, según quienes participan en esas discusiones, es que un proyecto competitivo para Chihuahua tendría que construir puentes con empresarios, organizaciones civiles, periodistas y distintos grupos sociales, en lugar de abrir nuevos frentes.
Y ahí aparece el elefante en la habitación.
Cada vez son más quienes, dentro y fuera de Morena, observan que el eslabón más vulnerable de esta cadena política podría ser Andrea Chávez. No necesariamente por falta de presencia mediática —de eso tiene de sobra—, sino porque varios actores consideran que la exposición constante no siempre se traduce en arraigo electoral. La popularidad en internet puede ser enorme; el reto es convertirla en confianza cuando llega el momento de marcar una boleta.
La política tiene una mala costumbre: cobrar caro las burbujas digitales. En redes cualquiera puede parecer invencible. En territorio, las cosas cambian. Ahí hay que caminar colonias, escuchar reclamos, convencer indecisos y soportar críticas sin la posibilidad de bloquear usuarios.
Mientras tanto, Morena sigue buscando una unidad que, por ahora, parece existir únicamente en los comunicados oficiales. Porque una cosa es posar juntos para la fotografía y otra muy distinta compartir el mismo proyecto.
Al final, la pregunta no es quién quiere ser candidato.
La verdadera incógnita es quién puede ganar.
Y dentro de Morena cada vez son más los que responden esa pregunta con tres palabras: Cruz Pérez Cuéllar.
Lo demás, por ahora, parece más una discusión de egos que una estrategia para recuperar terreno en un estado donde las divisiones internas suelen costar mucho más que cualquier ataque de la oposición.
Hay protestas que nacen de una causa legítima. Hay otras que terminan convertidas en un espectáculo involuntario de comedia. Lo ocurrido frente a Palacio de Gobierno esta semana pertenece, sin duda, a la segunda categoría.
Un grupo de entre 60 y 80 manifestantes acudió a expresar su rechazo al acuerdo técnico entre la Junta Central de Agua y Saneamiento y una empresa israelí relacionado con tecnologías para el manejo del agua. Hasta ahí, todo dentro de lo normal. Cada quien tiene derecho a manifestarse y cuestionar las decisiones de un gobierno. Lo interesante vino cuando aparecieron las latas de aerosol y, con ellas, una narrativa digna de una película de ciencia ficción de bajo presupuesto.
Las bardas de Palacio de Gobierno comenzaron a llenarse de frases como «Fuera sionistas», «Maru es sionista» y «Quieren robarse el agua para un país genocida». De pronto, el convenio técnico dejó de ser un intercambio de conocimientos sobre tratamiento y aprovechamiento del agua para convertirse, según algunos iluminados de la protesta, en el primer capítulo de la conquista israelí de Chihuahua.
Sí. Porque, al parecer, después de décadas de conflictos en Medio Oriente, la prioridad geopolítica de Israel sería… el estado grande.
Uno escucha esas teorías y entiende por qué Mario Mata salió rápidamente a responsabilizar a Morena de las pintas. No solamente por el daño al patrimonio público, sino porque entre los manifestantes varios rostros resultaban demasiado familiares. Asesores, operadores, personajes vinculados al partido guinda y gente cercana a diputados aparecieron casualmente en una protesta que, curiosamente, terminó con pintura en aerosol que nadie sabe de dónde salió, pero que tampoco parecía haber sido comprada por estudiantes con presupuesto universitario.
Porque una cosa es protestar y otra muy distinta es convertir una movilización en utilería electoral. Ahí es donde Morena parece haber encontrado un nuevo nicho: cualquier causa sirve mientras permita golpear al Gobierno del Estado. Si ayer fue el transporte, hoy es Gaza; mañana puede ser el precio del aguacate si las encuestas así lo requieren.
La ironía alcanza niveles extraordinarios cuando se escucha el argumento central. Israel quiere quedarse con el agua de Chihuahua. Vaya ambición logística. A más de 12 mil kilómetros de distancia, sin frontera compartida, sin ductos transoceánicos y con la Constitución mexicana estableciendo con absoluta claridad que las aguas nacionales pertenecen a la Nación, alguien decidió que la mayor amenaza internacional no es el cambio climático, sino una supuesta operación para vaciar las presas chihuahuenses rumbo al Mediterráneo.
Aunque, pensándolo bien, sí existe una coincidencia entre Chihuahua e Israel: ambos conocen perfectamente lo que significa vivir en regiones áridas donde cada gota cuenta. Precisamente por eso existen tecnologías para reutilizar agua, desalarla y aprovecharla mejor. Pero esa parte técnica resulta poco atractiva cuando lo que se busca no es resolver problemas, sino fabricar enemigos.
Y entonces aparecieron las consignas más creativas. Hubo quien aseguró que Israel quiere conquistar el mundo y que Chihuahua sería el punto de partida. Ya no bastó con Medio Oriente. La expansión internacional, según esa brillante teoría, iniciaría en la avenida Aldama.
A estas alturas ni la inteligencia artificial podría competir con semejante capacidad de imaginación. Cuando parecía imposible superar las teorías más extravagantes de internet, la política mexicana volvió a demostrar que siempre puede subir un escalón más.
Lo verdaderamente preocupante no es que un puñado de jóvenes crea cualquier cosa que vea en TikTok o en una publicación de Instagram. Lo preocupante es cuando actores políticos aprovechan ese entusiasmo, esa indignación y, en algunos casos, el desconocimiento, para convertir una causa internacional en propaganda local rumbo a 2027.
Porque al final, mientras unos gritaban contra el «imperialismo sionista», otros parecían mucho más ocupados tomando lista, repartiendo aerosoles y buscando la fotografía perfecta para alimentar la narrativa de campaña.
Y así terminó otra protesta en Chihuahua: con Palacio rayado, una teoría de invasión internacional que difícilmente sobreviviría cinco minutos frente a un mapa, y Morena encontrando una nueva oportunidad para intentar subir unos puntos en las encuestas.
Lo único que faltó fue que alguien afirmara que el Mossad ya había abierto oficinas en la Deportiva. Aunque, visto lo visto, quizá esa versión aparezca en la próxima manifestación.
