El poder invisible del crudo en el sistema capitalista
El investigador de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres (SOAS), Adam Hanieh, sostiene en su último libro, Crude Capitalism, que los hidrocarburos no son meramente combustibles o botines geopolíticos. Según su análisis, el crudo constituye el sustrato material sobre el que se estructuran la mecanización industrial, la aceleración financiera y la colonización petroquímica de la vida cotidiana. Durante una entrevista concedida a este medio, el académico profundiza en cómo esta dinámica invisible continúa rigiendo las relaciones de poder globales.
Desde mediados del siglo pasado, el petróleo ha sostenido la producción industrial, ha apuntalado la supremacía militar, ha modelado los patrones de urbanización y de transporte, y ha proporcionado la materia prima para innumerables petroquímicos, plásticos, fertilizantes y bienes manufacturados. Hanieh recalca que el petróleo es central para la arquitectura financiera del capitalismo global debido a la fijación de su precio en dólares y al flujo constante de petrodólares.
Militarismo y hegemonía norteamericana
El ascenso de Estados Unidos como superpotencia mundial tras la Segunda Guerra Mundial estuvo indisolublemente ligado al desplazamiento del carbón en favor del petróleo. La mayor densidad energética de este recurso y su idoneidad para la maquinaria bélica permitieron a Washington reorganizar el orden internacional. Con el paso de las décadas, el militarismo estadounidense garantizó la seguridad de las rutas de suministro y de los pozos de extracción en regiones clave como el golfo Pérsico.
Sin embargo, este dominio no estuvo exento de contestación. Bloques alternativos y movimientos anticoloniales, como la fundación de la OPEP en la década de 1970, intentaron redirigir la renta petrolera hacia los Estados productores. A pesar de las nacionalizaciones de recursos, potencias como Arabia Saudí terminaron integradas en los circuitos financieros de Occidente. Para Hanieh, conflictos actuales como las tensiones en Oriente Medio demuestran que los estados priorizan la seguridad energética y el rearme frente a cualquier ambición climática.
La industria petroquímica y las falsas soluciones
El trabajo del investigador británico pone especial atención en la industria petroquímica y la proliferación de plásticos, fertilizantes y materiales sintéticos que han desplazado a los recursos naturales. Esta transformación abarató los costes de producción, pero tejió una red de dependencia tan profunda que el crudo se ha vuelto omnipresente e imperceptible. Las estimaciones actuales apuntan a que el consumo mundial de plásticos se triplicará de aquí a 2060, desafiando las narrativas centradas únicamente en la gestión de residuos.
Asimismo, Hanieh advierte de que las grandes corporaciones energéticas no se limitan a reaccionar ante el fin de la era fósil, sino que participan activamente en su prolongación. A través de inversiones masivas en gas natural licuado (GNL) y de la promoción de falsas soluciones tecnológicas como la captura de carbono, las petroleras modelan una transición a su medida que preserva su hegemonía económica y política en los escenarios internacionales.
Los dilemas de la izquierda frente a la crisis global
Ante la convergencia de tendencias autoritarias, gasto militar récord y la persistencia de los combustibles fósiles, el autor reflexiona sobre los retos del internacionalismo progresista. A su juicio, la izquierda institucional ha fracasado al adoptar una postura tímida que no frena el avance de la extrema derecha. Frente a esta situación, Hanieh aboga por rechazar las falsas disyuntivas y construir alternativas materiales tangibles, como redes de transporte público ecológico y gratuito, que conecten las demandas inmediatas del presente con una estrategia anticapitalista a largo plazo.
