Acusan deficiencias en la atención médica a derechohabiente
Un escenario de marcada vulnerabilidad médica y administrativa enfrenta una paciente diagnosticada con insuficiencia renal internada en el Hospital Morelos del Instituto Mexicano del Seguro Social ubicado en el estado de Chihuahua. Sus familiares hicieron pública una serie de presuntas omisiones y retrasos en los procedimientos clínicos indispensables para salvaguardar su estabilidad física y metabólica.
Los allegados de la enferma señalaron que el ingreso hospitalario se registró un viernes por la tarde debido a un cuadro severo de anemia, específicamente con una hemoglobina de 5.9. Como parte inicial de los protocolos de urgencia, se le suministraron tres unidades de productos sanguíneos durante los primeros dos días de su estancia para mejorar sus niveles de salud.
Complicaciones en el sistema de depuración peritoneal
El conflicto clínico crítico comenzó cuando el esquema de sustitución de la función renal se interrumpió de manera abrupta. Durante las primeras horas de hospitalización, el personal de salud introdució líquido destinado a la diálisis peritoneal, pero el organismo no logró evacuarlo conforme a los parámetros médicos establecidos. Tras un segundo intento fallido al día siguiente, los especialistas determinaron una supuesta disfunción en el catéter peritoneal que ameritaba una intervención quirúrgica correctiva.
No obstante, la ruta de atención médica se estancó. La familia relata que un galeno sugirió la aplicación de enemas para facilitar la movilidad del dispositivo médico, pero dicho procedimiento no se concretó debido a la negativa del personal de enfermería asignado al piso. Bajo el argumento de que la cirugía de reemplazo era un requisito previo ineludible, los médicos suspendieron de forma definitiva el envío y drenaje de los líquidos de depuración.
Emergencia respiratoria y diagnóstico tardío
Paralelamente a los problemas relacionados con su enfermedad renal, la condición de la paciente empeoró debido a complicaciones pulmonares que presuntamente se manifestaron tras recibir las transfusiones sanguíneas. La afectada experimentó episodios de escalofríos intensos, tos persistente, malestar torácico y disnea. Sin embargo, en las primeras horas los profesionales de la salud atribuyeron tales síntomas al frío imperante en el área de urgencias o a su propia patología de base.
La situación escaló cuando una enfermera detectó una caída en la oxigenación con registros de 87 por ciento, lo que motivó la colocación permanente de puntas nasales con oxígeno suplementario. A pesar de los constantes reportes sobre dolor en el pecho, transcurrieron varios días sin que un médico especialista realizara una exploración profunda para dar con el origen del malestar.
Fue hasta una madrugada reciente, tras una severa crisis de tos y ahogo, cuando el equipo médico determinó la realización de estudios radiológicos y clínicos que derivaron en un diagnóstico preciso: neumonía.
Obstáculos administrativos y demora en tratamientos
La confirmación de la infección pulmonar no garantizó una respuesta farmacológica inmediata. La familia denunció que, debido a confusiones en el cambio de turno y supuestas fallas en el registro del expediente, el suministro del antibiótico indicado se retrasó aproximadamente 11 horas respecto a la hora en que se detectó la enfermedad infecciosa.
A esta problemática se sumaron las trabas burocráticas para obtener una interconsulta con el departamento de Nefrología. Cirugía se negaba a operar sin el visto bueno nefrológico, mientras que las autoridades del área especializada demoraban la visita clínica en el piso de hospitalización.
Debido a este desacuerdo entre especialidades, la paciente acumuló un lapso crítico de siete días sin diálisis, situación que agrava significativamente su pronóstico médico. Los denunciantes exigen una aclaración puntual de los protocolos aplicados y una definición clara sobre los responsables de su salud, mientras continúan a la espera de una postura oficial por parte de la directiva del instituto de salud.
