Una longeva franquicia que busca reinventarse sin éxito
La llegada de una nueva entrega a una franquicia con una trayectoria de dieciséis años supone un desafío mayúsculo para sus creadores. A lo largo de su recorrido, esta popular serie cinematográfica ha transitado por diversos registros, desde el terror sobrenatural más clásico hasta el análisis de traumas generacionales y las complejidades de la percepción psíquica. Pese a que nunca se ha consolidado como un fenómeno masivo equiparable a otros gigantes del género, su consistencia en taquilla es innegable, ostentando el notable hito de no haber registrado ningún fracaso comercial en su historial.
Bajo este contexto, la sexta película, comandada por el director y guionista Jacob Chase, intenta sacudir los cimientos de la propiedad intelectual mediante un giro conceptual arriesgado. En lugar de limitarse a los habituales espectros que acechan desde las sombras, la producción plantea que el terrorífico Más Allá no constituye una mera atmósfera brumosa, sino un plano existencial dotado de estrictas leyes físicas y habitantes cuya meta principal consiste en arrasar con nuestro mundo.
Si bien esta noción de una dimensión hostil ya había sido insinuada levemente en los orígenes de la saga inaugurados por James Wan, el enfoque actual difiere sustancialmente. Mientras que en el pasado el plano sobrenatural funcionaba como un reflejo de las heridas psicológicas individuales, aquí se presenta como un entorno impulsado por un odio profundo, listo para aprovechar cualquier resquicio y destruir lo que encuentra a su paso.
Desconexión temática y personajes desaprovechados
Para desvincularse del exhausto legado de la familia Lambert, la trama toma un camino similar al visto en entregas anteriores y sitúa al frente a un personaje inédito: Gemma, interpretada por Amelia Eve. Se trata de una higienista dental marcada por el trágico recuerdo de haber presenciado el fallecimiento de su madre en el mismo hogar que hoy habita. Al principio, el relato otorga un considerable peso dramático a este oscuro pasado, vinculando las acciones de la protagonista con el peso de sus vivencias.
No obstante, el guion tropieza al entrelazar el trauma con la habilidad recién descubierta de Gemma para conectar ambas realidades. La película transita de manera brusca desde un estudio psicológico sombrío hacia una narrativa frenética, dejando un vacío evidente en la evolución de la protagonista. La aparición repentina de entidades con aspecto anciano en el vecindario marca un punto de inflexión donde la atmósfera inicial se diluye, priorizando los efectos por encima de la coherencia argumental y olvidando rápidamente los conflictos internos que se plantearon durante la primera media hora.
Asimismo, el repertorio de secundarios se integra de forma errática. Tanto Nick, encarnado por Brandon Perea, como Clare, la tatuadora con capacidades especiales a cargo de Maisie Richardson-Sellers, actúan como meros recursos de conveniencia para impulsar la acción. El caso más llamativo recae sobre el icónico personaje de Elise Rainier, interpretada por Lin Shaye, cuya presencia se ve reducida a una fuente de sabiduría utilitaria, sin mayor sustancia u objetivo dentro del desarrollo general.
Ambiciones desmedidas y una ejecución irregular
Conforme avanza hacia su tramo final, el largometraje se convierte en un conglomerado de ideas superpuestas. Por un lado, se enfatiza el peligro inminente que representa la protagonista al actuar como portal para fuerzas oscuras; por el otro, se intenta resolver un conflicto filial pendiente vinculado con el recuerdo materno. Esta dualidad provoca que la dirección de Chase salte sin rumbo fijo entre el suspense atmosférico y una especie de operativo táctico sobrenatural, evidenciando una marcada falta de profundidad en la conclusión de sus tramas.
El intento por estructurar explicaciones detalladas sobre la naturaleza de la dimensión paralela contrasta con la resolución previsible y los atajos narrativos empleados por conveniencia argumental. De este modo, la producción diluye su capacidad de asombro y desaprovecha su premisa principal. Hacia el desenlace, queda en evidencia que el equipo realizador no consiguió dotar a esta entrega de la audacia esperada, consolidando un punto lamentable para una franquicia que históricamente se ha distinguido por buscar la innovación dentro del cine de género.
