Analizan el cerco político en torno a Rubén Rocha Moya tras movimientos recientes en Sinaloa
El escenario político en el estado de Sinaloa atraviesa por momentos de alta tensión, marcando interrogantes fundamentales sobre la estabilidad institucional y el futuro de la administración local. Analistas y actores políticos de distintos niveles observan con atención las decisiones recientes que involucran directamente al gobernador Rubén Rocha Moya, cuya gestión enfrenta cuestionamientos crecientes vinculados a investigaciones federales y a la seguridad pública de la entidad.
Las interrogantes sobre las ausencias y el poder
En los círculos de la alta política nacional se debate intensamente sobre los motivos que llevaron a Rubén Rocha Moya a retomar sus funciones al frente del ejecutivo estatal luego de 112 días de licencia. Versiones extraoficiales apuntan a que una profunda sensación de vulnerabilidad motivó su regreso, el cual duró apenas 34 horas antes de generar nuevos movimientos y especulaciones sobre su permanencia en el cargo ante un cerco institucional que parece estrecharse cada día más.
El punto neurálgico de estas indagatorias gira en torno a las piezas clave que maneja la Fiscalía General de la República (FGR). Entre los nombres centrales destaca Fausto Corrales Rodríguez, señalado como el principal testigo de la institución bajo la supervisión de Ernestina Godoy en la investigación por el homicidio de Héctor Melesio Cuén, ocurrido el 25 de julio de 2024. Aunque se le ha presentado públicamente como el chofer del exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), Corrales Rodríguez fungía también como secretario y colaborador cercano.
Testimonios y piezas faltantes en el entramado judicial
El curso de las indagatorias también ha puesto bajo la lupa la actuación de otras figuras relevantes, como Mauro Alberto Núñez Ojeda, identificado como El Jando. Este piloto confeso, presuntamente contratado por Los Chapitos para participar en el secuestro y traslado a Estados Unidos de Ismael El Mayo Zambada, formó parte de un paquete de 93 delincuentes entregados a la justicia estadounidense sin que se clarificara públicamente su grado de participación en dichos eventos.
La posible revelación de testimonios por parte de Fausto Corrales Rodríguez podría cambiar drásticamente el panorama para los investigados. Las autoridades federales buscan esclarecer si el testigo fue obligado a declarar una versión prefabricada sobre el atentado en una estación de servicio, un caso que se desarrolló durante la gestión de la entonces fiscal estatal Sara Bruna Quiñonez Estrada, con Rocha Moya como gobernador y Enrique Inzunza como secretario de Gobierno.
A pesar de que el fiscal federal Alejandro Gertz Manero desestimó las versiones iniciales presentadas en su momento, el expediente sigue abierto 25 meses después sin que existan formalmente personas inculpadas. Los investigadores confían en que las declaraciones de Corrales Rodríguez permitan esclarecer cómo se planeó el asesinato del exrector, quien fue citado bajo engaño en el sector de Huertos del Pedregal en Culiacán, evitando así cargos por encubrimiento.
Gobernabilidad y el reto de la seguridad en Sinaloa
Ante la incertidumbre sobre el liderazgo político en el estado, las especulaciones sobre un eventual relevo institucional han cobrado fuerza. Entre los perfiles mencionados en los análisis políticos figura Julio Berdegué, debido a su cercanía con la Presidencia de la República, aunque enfrenta el obstáculo de llevar tiempo radicado fuera de la entidad. Asimismo, se ha mencionado a la secretaria de Gobierno, Yeraldine Bonilla, a pesar de que su previo interinato dejó sectores de la población inconformes con los resultados obtenidos.
La exigencia principal de la ciudadanía radica en transformar las condiciones de seguridad en el estado. Datos revelados recientemente por el INEGI reflejan un deterioro en la percepción social: mientras que al inicio de la administración de Rocha Moya el indicador de inseguridad se situaba en un 60 por ciento, este cerró con un 80 por ciento, lo que representa un incremento de 20 puntos porcentuales en la preocupación de los habitantes por la violencia y la falta de tranquilidad en la región.
