Un cisma político que desafía a la presidencia
La reciente solicitud de una nueva licencia por parte del gobernador Rubén Rocha Moya evidencia que el conflicto interno en el partido oficialista está lejos de resolverse. Este episodio marca apenas el inicio de una etapa compleja, ya que resulta inviable conciliar la voluntad de la presidenta Claudia Sheinbaum por mantener la cohesión interna con la consolidación plena de su administración. La maniobra política de Rocha Moya, respaldada por la facción más radical del movimiento en defensa de los intereses del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quebrantó el acuerdo de prudencia que la actual mandataria busca mantener frente a Estados Unidos. Estos momentos representan una de las pruebas más exigentes, y a la vez definitorias, para los primeros meses del actual sexenio.
La vía legal como respuesta institucional
Frente a este desafío, la administración federal y su fuerza política cuentan con el respaldo necesario para aplicar medidas ejemplares que disuadan cualquier intento de subordinación a intereses externos. Sheinbaum tiene a su disposición el marco legal, lo que incluiría impulsar un juicio de procedencia contra Rocha Moya. Esto permitiría investigarlo formalmente por su presunta vinculación con el homicidio de Héctor Melesio Cuén, ocurrido durante un encuentro con Ismael ‘El Mayo’ Zambada, exlíder del Cártel de Sinaloa. Asimismo, esta ruta abriría la puerta a su eventual extradición hacia Estados Unidos, nación que lo reclama por diversos presuntos ilícitos.
Esta intentona de insubordinación no puede analizarse de forma aislada, sino dentro de un contexto más amplio que incluye tensiones diplomáticas y cartas públicas de reclamo por la cancelación de visados a familiares del exmandatario. No obstante, la reacción del aparato estatal fue contundente: los titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Marina manifestaron en privado su respaldo absoluto a la titular del Ejecutivo. Paralelamente, la dirigencia partidista y diversos gobernadores exigieron congruencia y cordura, lo que orilló a Rocha Moya a recular en menos de 24 horas y solicitar nuevamente separarse del cargo.
Fricciones internas y operadores en la estructura de poder
A pesar de haber desactivado esta asonada gracias a apoyos imprevistos, las tensiones internas persisten. Figuras clave dentro de la estructura gubernamental y del partido han sido señaladas de operar en favor del círculo cercano del exgobernador tabasqueño. Informes de inteligencia apuntan a una red de operadores que intentaron alinear a legisladores y mandatarios estatales para respaldar peticiones familiares de López Obrador, una estrategia que fue contenida gracias a la intervención de operadores leales a la presidencia.
Las diferencias al interior del gabinete también se han reflejado en desencuentros con la consejería jurídica y otras carteras ministeriales, donde la falta de alineación institucional ha generado fricciones operativas. Mientras algunos sectores del ala dura intentaban justificar las acciones de los mandatarios locales cuestionados, la postura oficial se mantuvo firme en defensa de la legalidad y la estabilidad institucional.
Inestabilidad regional y el nuevo entendimiento nacional
Información de inteligencia señala que detrás de las acciones de Rocha Moya se encuentran preocupaciones ligadas a acuerdos judiciales con autoridades extranjeras y procesos de extradición que involucran a servidores públicos de Sinaloa y a familiares del expresidente. Este panorama deja en manifiesto un distanciamiento evidente entre el estilo político de la administración actual y la postura del anterior mandatario, a quien sectores internacionales comienzan a percibir como un factor de inestabilidad.
Al respecto, un funcionario estadounidense declaró: “La comunidad internacional está a favor de apoyar a una presidenta como Sheinbaum, pero no a un loco como López Obrador, y por eso le están dando juego”, aludiendo a la colaboración que distintos gobiernos extranjeros han comenzado a establecer con la administración mexicana actual. La contundente respuesta nacional ante la crisis de Sinaloa ha abierto la puerta a un posible reacomodo político en el país, priorizando la estabilidad institucional sobre los intereses particulares en un momento crucial para el futuro de la nación.
