Trabajar en las alturas a más de 40 metros de elevación demanda temple, experiencia y un estricto apego a los protocolos de seguridad. Esta es la rutina diaria de los especialistas encargados de preservar en óptimas condiciones la infraestructura del teleférico urbano en la capital del país, enfrentando de manera constante la fuerza del viento y el movimiento natural de las estructuras.
“Las torres siempre están oscilando debido al paso del viento por la estructura. Además, las cabinas también hacen que se muevan las torres”, cuenta en entrevista con Chilango.
“Al principio te da un poco de vértigo, pero con el tiempo y con la experiencia te vas acostumbrando”, reconoce. Incluso asegura que se puede disfrutar de una de las vistas más privilegiadas de la CDMX:
“Eso es lo más bonito. Aquí en las torres tienes los paisajes que en una cabina no puedes observar. Lo visualizas todo”, explica.
Continuamos con la revisión anual de la línea 1.
Se realizan trabajos en torres para desplazamiento del cable para rayos entre las estaciones Ticomán y La Pastora pic.twitter.com/gCZgyUWKJX
— Cablebús CDMX (@MICablebusCDMX) August 18, 2026
Aunque la presencia de los operarios en la cima de los pilares constituye la faceta más visible de estas labores, el cuidado de este medio de transporte involucra una compleja logística de supervisiones técnicas, adiestramientos especializados y validaciones internacionales.
Procesos minuciosos tras el cierre de operaciones
Al concluir la jornada diaria de servicio, el Sistema de Transportes Eléctricos ejecuta labores preventivas. Asimismo, las tres rutas existentes suspenden actividades temporalmente cada año para someterse a una revisión anual exhaustiva.
“El mantenimiento se reparte entre los sistemas eléctricos, hidráulicos y mecánicos“, explica Stefan Welte, uno de los ingenieros de la empresa Doppelmayr. La firma austriaca, responsable de la construcción de los trayectos 1 y 3, colabora de forma permanente en las tareas de conservación. Específicamente en la ruta inicial, la más antigua de la red, la inspección más reciente transcurrió del 10 al 23 de agosto.
“Hacemos pruebas e inspecciones de los cables, revisamos que cierren bien las puertas de las cabinas, y que los frenos funcionen con la calidad suficiente para poder detener la instalación en caso de ser necesario”, detalla Stefan en una entrevista concedida desde el cuarto eléctrico de la estación Tlalpexco.
Durante estas pausas operativas, se efectúan ensayos de carga utilizando contenedores con 700 litros de agua al interior de las unidades, simulando la presencia de usuarios.
“Calculamos un peso promedio de 70 kilos por persona. Entonces ponemos contenedores dentro de las cabinas, los llenamos con agua y checamos si con ese peso la instalación puede arrancar y frenar correctamente”, explica Stefan.
Por su parte, Ramiro Alvarado, gerente de operación y mantenimiento de la misma compañía, detalla que la atención a los elementos sustentadores se realiza de forma cotidiana.
“Estamos constantemente subiendo a las torres. Prácticamente todos los días se hace una revisión en las torres y se tienen que hacer diferentes trabajos, como lubricaciones e inspecciones”, detalla.
Estrategias de ascenso y medidas de protección
Para acceder a la cima de los pilares durante las pausas generales, los operarios emplean una canastilla especial suspendida del cable principal que facilita el traslado desde las terminales. Una vez en el sitio, continúan el trayecto mediante escaleras internas, manteniendo en todo instante sus equipos de sujeción anclados a puntos firmes.
“Cada que trabajamos en una torre tenemos que estar anclados por seguridad. Nuestro arnés tiene unas líneas de vida que utilizamos para trabajar de manera segura. Siempre que estamos en una torre tenemos que tener dos líneas enganchadas en dos puntos distintos, por si alguno llega a fallar”, explica.
En circunstancias donde el sistema se encuentra activo o se requiere una inspección cotidiana, el uso de la canastilla se suspende, obligando a los trabajadores a escalar la estructura íntegramente mediante fuerza física desde la base.
“El tiempo que tardamos en subir a la torre depende de la altura y de la condición física de la persona”, explica Roberto. “Pero aproximadamente pueden ser entre 10 y 15 minutos de ascenso“, agrega.
Una vez arriba, la permanencia promedia 25 minutos destinados a verificar la ausencia de desgaste en rodamientos, bandas de caucho y elementos de comunicación o pararrayos.
Mecanismos orientados a la protección de los usuarios
El diseño de este transporte opera bajo un esquema de flujo permanente.
“Las cabinas no paran, pero la gente puede bajar y subir mientras pasan más lento dentro de la estación”, señala el ingeniero.
Fuera de los módulos, las unidades se desplazan a 5 metros por segundo, reduciendo su velocidad a sólo el 10% de su capacidad nominal al ingresar a las plataformas mediante un sistema desacoplado. Asimismo, cada estación cuenta con un centro de monitoreo equipado con tecnologías de alerta y protocolos específicos para responder ante contingencias climáticas o movimientos telúricos, garantizando el desalojo seguro de la ciudadanía.
Validaciones internacionales y expansión de la red
Las revisiones anuales concluyen con la obtención de refrendos normativos emitidos por agencias globales. Tras las intervenciones de este año, la Secretaría de Movilidad local confirmó la ratificación de los refrendos de seguridad otorgados por las entidades TÜV SÜD y Seilbahnbüro Schupfer.
Con una red en constante crecimiento que ya movilizó a 4.1 millones de pasajeros únicamente durante el mes de junio, y con nuevas rutas en desarrollo como la futura línea que conectará Mixcoac con las zonas altas, el sistema de transporte por cable en la capital consolida su posición como un pilar fundamental de la movilidad metropolitana.
