Una ciudad sumida en el colapso energético
Los prolongados cortes de suministro eléctrico que alcanzan las 40 horas continuas han sumido a La Habana en una crisis sin precedentes. La falta de combustible para alimentar las centrales y los viejos generadores deja a oscuras calles enteras donde la actividad comercial e industrial queda totalmente paralizada.
En los centros de salud, la situación es crítica. Los médicos deben vigilar a los pacientes más frágiles ayudados únicamente por la luz de sus teléfonos móviles, mientras el calor sofocante de las noches agravia a una población ya golpeada por el hambre, la escasez de medicamentos y la acumulación de basura en las esquinas.
Lo peor es llegar a la casa a las 12 de la noche, con un calor de morirse, y que no haya corriente para poner el ventilador. Uno se acuesta y no duerme. Y al otro día, vuelta a lo mismo, con el cuerpo hecho leña. Y todo para ganar en un mes lo que cuesta un litro de aceite
El impacto de la asfixia económica
El suministro de crudo procedente del exterior se ha reducido drásticamente debido al endurecimiento de las sanciones internacionales y las políticas de bloqueo, provocando que las reservas nacionales se evaporen rápidamente. Sin diésel suficiente, el sistema de bombeo de agua potable también falla, generando problemas sanitarios alarmantes en los barrios de la capital.
La economía local se divide profundamente entre quienes reciben divisas del extranjero y aquellos que dependen de salarios estatales depreciados. Ante la falta de transporte público y el elevado coste de los carburantes, los vehículos tradicionales han dejado paso a alternativas eléctricas precarias para intentar mantener la escasa movilidad urbana.
Hoy no eres nadie en este país si no tienes a alguien afuera que te mande dólares o un turista que te pague en divisas o te dé una propina
El desplome definitivo del turismo
El sector turístico ha sufrido una contracción drástica con una caída superior al 60% en la llegada de visitantes internacionales durante el primer semestre del año. La retirada de importantes cadenas hoteleras internacionales, tras las nuevas disposiciones punitivas aplicadas por Estados Unidos, ha dejado miles de habitaciones cerradas y numerosos trabajadores en el paro.
Este hundimiento de la principal fuente de ingresos en divisas arrastra consigo a una amplia red de pequeños oficios y servicios que dependían directamente de los turistas. La escasez de clientes extranjeros agrava la supervivencia de familias enteras que no logran cubrir sus necesidades básicas en el mercado interno.
Esto no es una temporada mala. Esto es que los operadores han decidido que Cuba no es un destino seguro. Y cuando un turoperador te saca del catálogo, no te devuelve tan fácilmente
Emergencia sanitaria y pérdida de identidad
La acumulación de residuos en las vías públicas y los problemas en la red de saneamiento incrementan el riesgo de epidemias por enfermedades tropicales, mientras los hospitales infantiles reportan la llegada de menores con cuadros de desnutrición y gastroenteritis. Las autoridades han reconocido además importantes retrasos en las campañas de inmunización infantil.
Paralelamente, la vida cultural y musical que caracterizaba a La Habana se apaga de forma progresiva ante la imposibilidad de mantener locales abiertos y la falta generalizada de electricidad. Los vecinos, agotados por la rutina de privaciones, empiezan a perder el temor a manifestar su descontento en las calles.
Entre la presión internacional y la rigidez de las estructuras internas, el país registra proyecciones de contracción económica muy severas. La ciudadanía, exhausta por la falta de soluciones efectivas, reduce sus aspiraciones cotidianas a la mínima expresión.
Yo tuve miedo toda mi vida. Lo que pasa es que ahora tengo más hambre que miedo, y a mi edad uno hace la cuenta rápido. Además, ¿de qué me van a acusar, de cantar?
