La crisis de acceso a un hogar en la capital del país va mucho más allá de las dificultades para adquirir una propiedad. La tendencia de ver los inmuebles como herramientas puramente financieras ha provocado un incremento acelerado en los costos de alquiler, dejando los precios muy distantes de los ingresos reales de la ciudadanía.
Al respecto, el Dr. Francisco Javier Luna Moreno, investigador del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad de la máxima casa de estudios, señala que numerosas operaciones inmobiliarias no buscan cubrir una necesidad habitacional, sino asegurar la rentabilidad económica.
De este modo, quienes adquieren bienes raíces con intenciones especulativas buscan recuperar su inversión inicial. Por esta razón, el especialista apunta que las mensualidades difícilmente se ubican en montos accesibles, escalando con frecuencia hasta los 20,000 o 40,000 pesos. “Si, en algún punto, pero de manera muy marginal, ha existido en México una política de vivienda en renta desde el gobierno, desde el Estado”, acota el académico.
Vivir en la ciudad sin ser propietario
Ante un escenario donde tanto la compra como el alquiler se vuelven inaccesibles, el investigador sugiere replantificar la idea tradicional de que todas las personas deben convertirse necesariamente en dueñas de su hogar.
Este replanteamiento no es exclusivo del contexto mexicano, sino una alternativa analizada por distintos expertos frente a las barreras financieras actuales. “Desde niños nos dicen que parte del éxito es tener tu vivienda y tiene sentido, pero no en el contexto económico que tenemos”, reflexiona.
Asimismo, menciona que naciones europeas han implementado durante años modelos alternativos, destacando parques habitacionales bajo esquemas de protección y regulación del Estado. “Eventualmente, la respuesta podría ser esa. Pensar en otros mecanismos de resolución de una necesidad y no seguir pensando la vivienda como un bien de cambio”, sugiere.
El alquiler como alternativa y sus desafíos cotidianos
Para aquellos sectores que ven la compra como una meta inalcanzable, la renta se posiciona como la única vía para permanecer en zonas céntricas. No obstante, este camino también presenta obstáculos particulares, especialmente en colonias de alto valor urbano.
Judith, de 39 años, ha residido la mayor parte de su vida en el Centro Histórico. Actualmente habita un departamento en la calle República de Bolivia, muy cerca de su familia, un apoyo indispensable para la crianza de sus tres hijos.
Conseguir un espacio en esta zona requiere de redes de confianza, ya que los anuncios tradicionales son casi inexistentes. “Si encuentras uno que diga ‘Se Renta’ es porque está muy ‘pinchón’, es un cuartito de azotea feo. Pero no vas a encontrar uno que diga ‘Se Renta Departamento’”, comenta.
Gracias a un conocido, hoy paga 11,500 pesos mensuales por un espacio de 90 metros cuadrados, una superficie amplia para los parámetros habituales del mercado inmobiliario metropolitano.
“Todo lo tengo al alcance”
Para Judith, las ventajas de su ubicación son innegables debido a la cercanía con comercios y servicios cotidianos. “Si se me antojan unos platanitos fritos, voy acá a la vuelta. Si quiero unas quesadillas, voy del otro lado. Que necesito una caja de regalo, acá a la vuelta también. Todo lo tengo al alcance”.
Sin embargo, habitar una de las zonas más dinámicas conlleva desventajas significativas. En repetidas ocasiones enfrenta cortes prolongados de energía eléctrica que afectan el suministro de agua, además de fallas recurrentes en el servicio de internet provocadas por daños accidentales en el cableado urbano. A esto se suman las complicaciones viales derivadas de manifestaciones y plantones. “No es que se te vaya la luz una hora, se nos va día y medio, dos días. Si no hay luz, la bomba no sube agua y pues imagínate estar acarreando agua tres pisos para hacer las necesidades de la casa. Eso y el tema del internet. Y no tanto por el servicio, el cable es de fibra óptica, entonces, cuando los puesteros están se llegan a colgar y no miden y meten sus cosas entre los cables y los trozan”, detalla.
Mudarse a las periferias implicaría mayores tiempos de traslado hacia su empleo en el sur de la ciudad, además de destinar un porcentaje mayor de sus percepciones económicas al pago de alquiler por inmuebles de menor tamaño.
La intervención gubernamental y sus retos estructurales
Ante la problemática habitacional, el Dr. Luna Moreno subraya que la participación del Estado es indispensable. Valora positivamente las acciones gubernamentales recientes enfocadas en ampliar la oferta para jóvenes, familias de menores ingresos y sectores de la clase media; no obstante, advierte que la voluntad política no es suficiente.
Los proyectos masivos de construcción exigen regulaciones estrictas para prevenir la especulación, asegurar la resistencia ante sismos y asegurar esquemas de mantenimiento constante, priorizando siempre la conectividad urbana y la movilidad. “No es nada más tener el techo arriba y que vivas en un lugar en el que te avientas tres horas para llegar a casa”.
Hacia un equilibrio entre mercado y políticas públicas
El especialista atribuye parte de la crisis actual a la tendencia de las últimas décadas de delegar la construcción de hogares exclusivamente en el sector privado. Aclara que no se trata de contraponer ambos sectores, sino de encontrar un punto de convergencia donde el gobierno proteja a los sectores vulnerables.
“El mercado no puede regularlo todo. Creo que es un buen paso, pero sí es importante pensar que el desarrollo de esta producción de vivienda tiene que estar vinculado con distintos mecanismos de protección para que realmente funcione”, concluye.
Un problema generalizado más allá de la gentrificación
Finalmente, el investigador puntualiza que, si bien la gentrificación es un fenómeno visible en ciertas demarcaciones, no representa el problema central del sector inmobiliario. El verdadero desafío radica en el encarecimiento transversal que golpea tanto a las zonas residenciales como a las populares.
“La vivienda siempre ha sido un problema. El tema es que las condiciones actuales son alarmantes. Eso pasa en zonas populares, medias y residenciales. Cuando tienes esta combinación, de que pasa en la mayor parte de la ciudad, pues ya no me suena a gentrificación. Sí hay, por supuesto, pero no creo que sea nuestro problema más grande”.
