La traumática experiencia de encierro que La Coreañera revivió al entrar a La Granja VIP
El ingreso a los formatos de telerrealidad suele fracturar la estabilidad emocional de los participantes, y uno de los casos más comentados recientemente involucra a Abigail Pak, mejor conocida en el ecosistema digital como La Coreañera. La creadora de contenido confesó que las dinámicas de aislamiento implementadas en La Granja VIP 2 detonaron recuerdos sumamente dolorosos vinculados con un presunto cautiverio que experimentó en el pasado.
Un engaño disfrazado de beca académica en el Ajusco
Durante una charla íntima sostenida con su compañera Mónica Escobedo, la influencer explicó los motivos detrás de las lágrimas que derramó durante sus primeras horas dentro del proyecto televisivo. Según su relato, el origen de aquel trauma se remonta a varios años atrás en una zona boscosa del Ajusco, en la Ciudad de México, sitio donde ingresó tras responder a una convocatoria que prometía un programa de servicio social enfocado en una beca de lingüística.
La participante admitió que su falta de investigación previa la condujo directamente a una trampa, pues al arribar al inmueble se percató de que las condiciones diferían radicalmente de la oferta inicial. Lejos de tratarse de una estancia académica, se vio obligada a residir en una finca de la que no tenía permitida la salida libre, quedando incomunicada y a merced de dinámicas restrictivas.
Dinámicas de culto y temor a una red de tráfico
Profundizando en los detalles de su testimonio, La Coreañera describió la estructura del lugar como una especie de secta dirigida por un fundador japonés, a quien los residentes debían rendirle tributo y una especie de culto sistemático. La dinámica consistía en reuniones donde los integrantes formaban círculos tomados de las manos mientras escuchaban grabaciones en una bocina con mensajes exaltando al líder en diversos idiomas. Asimismo, denunció que las personas laboraban largas jornadas sin percibir ningún tipo de remuneración económica, recibiendo únicamente un espacio donde dormir.
Dichas circunstancias encendieron las alertas de la influencer, quien llegó a sospechar que el sitio operaba como una presunta red de tráfico de personas. El punto de inflexión en su vivencia ocurrió con la llegada de una visitante interesada en procesos de adopción, con quien logró entablar comunicación. Aunque inicialmente temió ser transferida a otro entorno restrictivo, descubrió que aquella mujer era ajena a la organización, lo que posteriormente le abrió una puerta para integrarse a su núcleo familiar, ganando la libertad necesaria para retomar su vida y sus estudios.
