Fallece la princesa Astrid de Noruega a los 94 años, dos semanas después del deceso de su hermano Harald
La realeza nórdica vuelve a vestirse de luto tras confirmarse el fallecimiento de la princesa Astrid de Noruega a la edad de 94 años. La partida de la aristócrata se produce apenas quince días después del adiós a su hermano, el difunto rey Harald V, cuyo funeral congregó a la familia real el pasado miércoles.
Un profundo dolor en la Corona
El anuncio oficial fue emitido este viernes por la propia Casa Real noruega, generando una profunda conmoción en el país. El actual monarca, el rey Haakon VIII, recibió la noticia con enorme tristeza y ordenó que las banderas del Palacio Real ondeen a media asta tanto hoy como el día en que se celebre el sepelio.
El soberano expresó su pesar mediante un comunicado institucional donde destacó el vacío que deja su tía. “Su fallecimiento es una gran pérdida para todos nosotros. La echaremos de menos”, señaló Haakon, quien asumió la jefatura del Estado tras el fallecimiento de su progenitor a los 89 años.
Una figura histórica y primera dama
La institución recordó la dilatada trayectoria de la princesa, quien asumió un rol fundamental en momentos de adversidad para la monarquía. Durante 14 años, concretamente “desde 1954 hasta 1968, la princesa Astrid fue la primera dama del país y desempeñó funciones oficiales hasta el final”, subrayó la nota oficial.
Astrid asumió esta gran responsabilidad con apenas 22 años, convirtiéndose en el principal apoyo institucional de su padre, el rey Olav, tras el fallecimiento de su madre, la princesa heredera Märtha, ocurrido en el año 1954.
“Sirvió al país a través de innumerables viajes y funciones representativas. La princesa Astrid representó al rey y al príncipe heredero, sola o acompañándolos, en las principales celebraciones por todo el país”, detalló la Casa Real sobre su incesante labor pública.
El lado más humano de la princesa
Más allá de sus obligaciones institucionales, el rey Haakon quiso recordar la faceta más cercana y entrañable de su tía dentro del ámbito estrictamente familiar y personal.
“La princesa Astrid tenía un gran sentido del humor y solía ser el alma de las reuniones familiares, gracias a su gran habilidad para contar historias y sus comentarios ingeniosos”, expresó el monarca actual en su emotivo tributo.
Asimismo, el rey destacó que “poseía una memoria prodigiosa y compartía con gusto sus recuerdos, ricos y detallados, de su infancia y juventud, especialmente de los años de la guerra”, cerrando así el perfil de una mujer clave en la historia contemporánea de Noruega.
