Un órdago desesperado en plena campaña
A tan solo 50 días de las elecciones legislativas que definirán el futuro político de Estados Unidos, el presidente recurre a una estrategia de alto riesgo. Durante la convención republicana, prometió entregar un cheque de 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si su partido se impone en las urnas el próximo 3 de noviembre.
Esta medida evidencia el momento crítico que atraviesa su administración, marcada por una profunda crisis de popularidad. Si la economía del país fuera tan próspera como presume el mandatario, no resultaría necesario apelar a un incentivo económico de esta magnitud para movilizar al electorado.
La prolongada guerra en Irán ha disparado el combustible por encima de los seis dólares por galón y ha situado el crudo por encima de los 100 dólares por barril. Con una inflación sostenida en el 3,4% y la amenaza de nuevas subidas de tipos por parte de la Reserva Federal, el malestar ciudadano no deja de crecer.
El culto al líder como estrategia electoral
Durante su intervención en Dallas, el mandatario exigió una lealtad absoluta a su figura, convirtiendo la cita en un mitin de carácter mesiánico. En su discurso, llegó a bromear sobre la conveniencia de cometer irregularidades electorales para contrarrestar a sus adversarios políticos.
“Por favor, levanten la mano derecha”, dijo el jueves por la noche: “Prometo lealtad al mejor presidente de la historia de Estados Unidos, que nos quiere tanto que apenas puede respirar, que saldré con mi familia, con mis amigos, no me importa si estoy registrado o no, y voy a intentar hacer trampa a lo bestia, tal como hacen ellos… Prometo que voy a reunir a mis amigos y a mi familia, y vamos a votar el 3 de noviembre, y que Dios nos asista. ¿Sabéis qué pasa si no votáis? Iréis al infierno, y no quiero que eso os pase. Así que, por favor, id a votar, porque juntos derrotaremos a los comunistas, a estos lunáticos de la izquierda radical, aplastaremos a los extremistas, fanáticos, lunáticos y criminales que quieren destruir nuestro país”.
Las encuestas reflejan el desgaste de su gestión. Sondeos recientes de The Associated Press-NORC indican que apenas un tercio de los adultos aprueba su labor al frente del Ejecutivo. Paralelamente, estudios de la Universidad Quinnipiac muestran que el 46% de los votantes se identifica más con las propuestas del Partido Demócrata, frente al 35% que apoya a los republicanos.
Revés judicial y viabilidad económica
La estrategia del presidente choca también con los tribunales y los límites institucionales. Un tribunal de apelaciones ratificó recientemente el bloqueo a su decreto para limitar el voto por correo, mientras que el Tribunal Supremo rechazó un nuevo mapa electoral en Misuri diseñado para favorecer a los conservadores.
Respecto a la promesa de los cheques, el coste estimado superaría los 1,3 billones de dólares para beneficiar a unos 270 millones de adultos. Cuestionado sobre la necesidad de contar con el aval parlamentario para repartir estos fondos, el presidente restó importancia al papel del Congreso.
“Bueno, creemos que no”, dijo Trump respecto a la aprobación del Congreso. “Creo que lo haré si fuera necesario. Pero creemos que no”.
Ante las críticas por utilizar fondos públicos con fines partidistas, el mandatario intentó matizar sus palabras en una comparecencia posterior. Negó que el desembolso buscara comprar voluntades y lo calificó como una recompensa para los ciudadanos que padecieron la administración anterior.
Con el déficit federal rozando los 1,8 billones anuales y una deuda nacional que supera los 40 billones de dólares, la propuesta pone a prueba la estabilidad financiera del país. Convirtiendo los comicios en un plebiscito sobre su propia persona, el presidente fía todo su capital político a un último y costoso movimiento.
