El endurecimiento migratorio y las decisiones extremas
El panorama social sueco ha experimentado una transformación profunda en los últimos años, marcada por una serie de medidas migratorias de extrema dureza. Casos recientes, como el de un bebé al que se le ordenó la expulsión en solitario a Irán o el de un niño de cuatro años con autismo que también enfrentó una orden de deportación, reflejan un laberinto burocrático implacable. Estas resoluciones afectan por igual a jóvenes, ancianos y profesionales extranjeros altamente cualificados que llevan décadas instalados en el territorio.
Frente a las críticas por estas polémicas decisiones, el primer ministro Ulf Kristersson se ha mantenido inflexible al declarar: “No podemos adaptar la ley en función de cada destino personal”. Esta rigidez forma parte de un viraje institucional más amplio que prioriza el control sobre los derechos humanos, erosionando los valores humanitarios tradicionales del país nórdico.
El pacto político que redefinió el país
El punto de inflexión político se consolidó a finales de 2022, cuando el bloque conservador alcanzó el poder mediante el pacto de Tidó. Este acuerdo permitió gobernar a una minoría conservadora apoyada por los Demócratas de Suecia, una formación de ultraderecha. Aunque no asumieron carteras ministeriales directas, este partido radical adquirió una influencia extraordinaria para moldear la agenda nacional en áreas clave como seguridad, energía y sanidad.
Especialistas e instituciones independientes han advertido sobre las consecuencias de esta deriva. El Instituto Sueco de Derechos Humanos expresó en su informe anual su “grave preocupación” por la normalización de la xenofobia y las políticas punitivas. Paralelamente, la organización Civil Rights Defenders subraya que el Ejecutivo ha dejado de centrarse en las garantías fundamentales para enfocar su discurso exclusivamente en la seguridad y en la consideración de los ciudadanos como costes o riesgos.
Cultura, ciencia y el debate sobre el futuro
La transformación ideológica también ha alcanzado el ámbito cultural y científico. El Gobierno impulsó un canon oficial que excluye la multiculturalidad surgida en las últimas décadas, marginando el aporte de las generaciones más diversas. Asimismo, la comunidad científica ha denunciado un aislamiento institucional sin precedentes, ejemplificado por la desconexión del Ejecutivo con expertos internacionales en cambio climático como el investigador Johan Rockström.
De cara a las citas electorales, la oposición de centroizquierda mantiene una ligera ventaja en los sondeos, respaldada por voces influyentes que rechazan el camino del aislamiento. Sin embargo, persisten las dudas sobre la capacidad progresista para articular una alternativa sólida frente a un electorado profundamente polarizado. Como advierte el autor, “si este giro autoritario puede be ampliamente aceptado tan rápidamente en Suecia, donde hasta hace poco los cimientos democráticos y humanitarios eran sólidos, puede ocurrir en cualquier lugar”.
