Una nueva apuesta del cine nacional con trasfondo social
Tras consolidar su trayectoria con producciones como La increíble historia del Niño de Piedra y El ángel en el reloj, el realizador nacional Miguel Ángel Uriegas vuelve a la cartelera con su tercer largometraje titulado Un reino para todos nosotros. Respaldada por la distribuidora Lool Films, esta obra cinematográfica tiene previsto su estreno el próximo 24 de septiembre en las salas de cine de todo el país.
Lejos de limitarse a una propuesta de fantasía y entretenimiento, la cinta plantea un relato urgente y poderoso sobre la crisis mundial de los refugiados, el desplazamiento forzado, la sobreexplotación de los recursos naturales y las consecuencias del autoritarismo. Mediante el lenguaje de la animación, la narrativa profundiza en dilemas humanos como la delgada línea entre la justicia y la retribución, el valor de los lazos familiares y la persistencia de la esperanza ante escenarios adversos.
Una travesía distópica inspirada en problemáticas contemporáneas
La historia sitúa al espectador en un porvenir distópico caracterizado por la fragmentación social. En este contexto, los protagonistas, los hermanos Fran y Serendín, anhelan dejar atrás su lugar de origen para ingresar a El Reino, un territorio idealizado que permanece blindado tras enormes muros. Para alcanzar este destino, la alternativa predominante consiste en abordar de manera clandestina a La Bestia, un gigantesco tren viviente empleado por traficantes que funciona como una clara alegoría de los peligros que afrontan las personas migrantes en la vida real.
La separación repentina de los hermanos desencadena una travesía compleja orientada tanto al reencuentro como a la búsqueda de su propia identidad en un entorno cruzado por barreras geográficas y sociales. El guion, concebido por Uriegas en colaboración con Jonathan Barceló y Mariano Vives, incorpora múltiples capas simbólicas que vinculan la fantasía con la actualidad sociopolítica global.
Estética visual y compromiso con causas humanas
En el plano estético, el largometraje destaca por su capacidad para conjuntar elementos tradicionales y futuristas. La dirección de arte transita entre paisajes naturales de una belleza arrebatadora y escenarios futuristas de frío metal, logrando un contraste idóneo para enfatizar la tensión entre el cuidado ambiental y ambiciones corporativas desmedidas, representadas a través de la figura de un árbol ancestral cuya energía vital ha sido privatizada.
Detrás de este proyecto se encuentra Fotosíntesis Media, un estudio reconocido por su enfoque en el cine con propósito social. Gracias a esta visión, la película se consolida como la tercera producción mexicana en recibir el distintivo de Entretenimiento con Causa, demostrando que la industria audiovisual nacional puede combinar altos estándares técnicos con mensajes de profunda relevancia comunitaria.
