Un discurso clave sin rastro de Washington
Durante su intervención anual ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, omitió por completo cualquier referencia directa a Estados Unidos o a su mandatario, Donald Trump. Esta ausencia llama poderosamente la atención en un contexto marcado por tensiones comerciales, desacuerdos en materia de defensa y las recientes advertencias desde la Casa Blanca sobre el futuro de la agenda verde comunitaria.
Mientras que la dirigente eludió nombrar a la primera potencia mundial, sí endureció su tono frente a otros actores globales. Por un lado, reafirmó el respaldo absoluto a Ucrania frente a la agresión militar del Kremlin y abogó por erradicar la dependencia europea de los combustibles fósiles rusos. Por otro, puso el foco en China, advirtiendo sobre un déficit comercial diario que ya alcanza los 1.000 millones de euros y prometiendo que Bruselas utilizará todos los instrumentos disponibles para reequilibrar la relación bilateral.
Las alusiones a la administración norteamericana tuvieron que buscarse de forma indirecta entre líneas. Von der Leyen apeló a la unidad continental señalando que «esta es una Europa que se apoya mutuamente. Como hacemos al apoyar a Ucrania mientras lucha por su futuro y por nuestra libertad y cuando defendimos a Groenlandia cuando se vio amenazada», reivindicando al mismo tiempo que «ante la frágil situación del mundo actual, solo Europa puede proporcionar una verdadera soberanía a los europeos».
Estrategia de prudencia y la jugada con Canadá
En los pasillos de la Eurocámara predomina la lectura de que este silencio responde a una decisión calculada para evitar la apertura de nuevos frentes diplomáticos con la administración republicana. Esta cautela contrasta con la ambiciosa propuesta lanzada al primer ministro canadiense, Mark Carney, para convertir a su país en el «primer miembro asociado de la UE», un movimiento que ha generado recelos entre socios comunitarios como la República Checa, Eslovaquia e Italia.
Canadá viene de protagonizar un duro enfrentamiento comercial con Washington después de que la Casa Blanca tachara al país vecino de «estado número 51» y amenazara con nuevos aranceles. En respuesta, Ottawa suspendió las negociaciones y prometió replicar las medidas punitivas dólar por dólar, defendiendo que «no estábamos dispuestos a comprometer la soberanía de Canadá».
Dentro de la estructura comunitaria todavía persisten dudas sobre el encaje legal de esta asociación. El comisario de Defensa, Andrius Kubilius, matizó que «la condición de miembro asociado no significa ser miembro de pleno derecho», lo que excluiría el derecho a voto pero permitiría la participación en debates estratégicos, un modelo similar al que mantiene Noruega.
Nueva arquitectura de defensa y divisiones sobre Oriente Medio
Otro de los puntos que podría generar fricciones con Washington es la creación del Consejo Europeo de Defensa, un organismo concebido para integrar a los Veintisiete junto a Ucrania, Canadá, Reino Unido y Noruega. Según Kubilius, esta iniciativa responde a «la amenaza rusa y la propuesta estratégica de Estados Unidos para que los europeos asumamos la responsabilidad principal de la defensa colectiva convencional de Europa», aunque reconoció que aún falta por definir su encaje exacto dentro de la OTAN.
Por otro lado, la falta de consenso interno volvió a marcar la postura de Bruselas respecto al conflicto en Oriente Medio. Von der Leyen justificó la inacción europea a la hora de imponer sanciones a Israel por los abusos en Gaza y Cisjordania argumentando que «los Estados miembros no han sido capaces de reunir las mayorías necesarias para dar una respuesta unificada».
Pese a calificar como inaceptable el avance de los asentamientos ilegales y reconocer el sufrimiento de la población palestina, la máxima responsable comunitaria limitó su respuesta al anuncio de 1.000 millones de euros en ayudas para la reconstrucción, concluyendo que «Europa apoya el derecho de Israel a la legítima defensa. El pueblo palestino tiene el mismo derecho a vivir con seguridad y dignidad. El papel de Europa es mantener viva la llama de la solución de los dos Estados».
