
Durante un tiempo, Guy Ritchie era sinónimo de calidad indiscutible. Su estilo único y frenético, su capacidad para dominar la cámara y los tempos y sus adictivas historias hacían de el un seguro cinematográfico. Y con la intención de recuperar aquel espíritu, el director estrena ahora En la zona gris. Una nueva película de atracos que principalmente brilla por el atractivo de su reparto de lujo, con Henry Cavill, Jake Gyllenhaal y Eiza González a la cabeza.
La historia de En la zona gris nos presenta a un equipo secreto de agentes de élite que operan en la sombra. Expertos en manipular poder e influencia, reciben la misión de recuperar un botín de mil millones de dólares. La fortuna está en manos de un contrabandista despiadado que ni mucho menos pretende pagarlo.
Una misión prácticamente suicida para estos tres agentes que operan entre la moralidad y la inmoralidad. Lo que comienza como un atraco imposible pronto se descontrola, convirtiéndose en una guerra abierta de estrategia, engaños y pura supervivencia. Una aventura frenética en la que un paso en falso puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte.

Un atraco enredado
Sobre el papel, En la zona gris parecía la oportunidad perfecta para que Guy Ritchie recuperase el brillo que había perdido en los últimos años. Una película de atracos con una historia aparentemente bastante sencilla. Ideal para que el director imprimiese su agitada forma de hacer cine y nos ofreciese un entretenimiento ligero y divertido.
Por desgracia, no ha sido el caso. Ritchie recoge esa historia facilona y la retuerce sobre sí misma, provocando un enredo totalmente innecesario que llena de irregularidades el guion. Lo que debía ser liviano ahora es una cosa bastante más densa. Al menos la agilidad en la dirección y el montaje sí están presentes, por lo que no da demasiado tiempo a pensar todos los fallos que puede llegar a asumir En la zona gris.
En cualquier caso, el resultado no es bueno. Más que por Guy Ritchie, En la zona gris parece una película hecha por uno de los tantos directores a los que él mismo influenció en sus mejores años. Hay destellos de su brillantez en algunas secuencias, en momentos puntuales de su humor gamberro, en su acción desenfrenada y en su estética elegante y sucia. No es un desastre, pero de él puede esperarse algo mejor, con mayor coherencia dentro de ese caos.

El carisma que salva la película
Si por algo se salva En la zona gris es por su reparto protagonista. Tanto Eiza González en su papel de arrebatadora jefa del equipo como Henry Cavill y Jake Gyllenhaal como agentes secretos están en su salsa. Los tres irradian una personalidad arrolladora y se entienden muy bien en pantalla. Algo que permite disfrutar la película bastante más de lo que a priori se podía esperar dados sus defectos.
Concretamente, Cavill y Gyllenhaal se traen entre ellos un divertidísimo juego de coqueteo que se convierte en macguffin recurrente a lo largo de toda la película y sacará más de una sonrisa en los espectadores. El carisma de ambos por sí solo es capaz de liderar un proyecto, especialmente uno de acción, con persecuciones en moto, disparos y explosiones. Pero unidos, hacen que todo sea bastante mejor.
Sorprende además el añadido del español Carlos Bardem como villano principal. Es cierto que, por lo general, a los antagonistas de En la zona gris les falta la identidad marcada de los héroes. Pero Bardem sí destaca con un papel a ratos serio e imponente y a ratos exagerado y desquiciado. El intérprete nos regala su particular villano de opereta, algo que este tipo de producciones suelen requerir.

En cualquier caso, el sabor que queda al salir de En la zona gris es un poco agridulce. La película no es un desastre total. Pero cómo habríamos disfrutado de esta historia si estuviese un poco mejor contada. Su reparto está muy bien y salvan el trámite con su encanto y magnetismo. Y, es cierto, hay secuencias de acción especialmente divertidas y trepidantes. No se hace aburrida por su ritmo frenético, pero de Guy Ritchie seguimos esperando algo mejor.
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