La Asamblea General de la ONU reúne en Nueva York a los principales líderes globales entre discursos diplomáticos y promesas de paz. Sin embargo, detrás de los actos solemnes se oculta una emergencia financiera crítica que deja a la organización sin fondos suficientes para abonar los salarios de su personal.
Un presupuesto mermado y dependiente de Washington
El funcionamiento de la organización se sustenta en dos vías principales: las cuotas obligatorias de los Estados y las aportaciones voluntarias. El presupuesto anual regular fijado para 3.450 millones de dólares contrasta fuertemente con los presupuestos militares y diplomáticos de las grandes potencias.
Como principal contribuyente, Estados Unidos debe aportar el 22% del presupuesto general, equivalente a 759 millones de dólares. A pesar de haber transferido recientemente 725 millones de dólares para esquivar las sanciones del Artículo 19, Washington acumula un pasivo pendiente de 1.312 millones de dólares con la organización.
Recortes drásticos y ayuda condicionada
Además de la falta de pagos en las cuotas obligatorias, la retirada de fondos voluntarios ha provocado la cancelación de numerosos programas esenciales. Las agencias humanitarias operan en una vulnerabilidad constante que obliga a reducir plantillas y misiones de manera drástica.
El jefe de asuntos humanitarios de la ONU, Tom Fletcher, ha advertido sobre el impacto de estas restricciones ideológicas en las poblaciones más vulnerables. La imposición de criterios políticos por parte de los donantes principales socava los pilares fundamentales de la acción humanitaria internacional.
La cuestión es si debemos aceptar ese dinero en esas condiciones, sabiendo que salvará millones de vidas, o no; y, en este momento, me encuentro en una situación en la que digo que no puedo aceptar ese dinero en esas condiciones… pero me quedo despierto por las noches preguntándome cuántas personas morirán por mis principios y los del sector
La situación presupuestaria se traduce en recortes de personal sin precedentes en agencias clave. Organismos como ACNUR y la Organización Internacional de Migraciones han reducido sus plantillas en más de un 20%, mientras que las misiones de derechos humanos globales se han reducido a más de la mitad en los últimos años.
Una supervivencia bajo mínimos
Las advertencias del secretario general António Guterres sobre un inminente colapso financiero han obligado a modificar normas internas para garantizar liquidez temporal. No obstante, la dependencia de los pagos tardíos de potencias como Estados Unidos y China mantiene a la organización en una situación de extrema fragilidad institucional.
Frente a las críticas sobre la pérdida de relevancia de la institución ante los conflictos globales, la vigencia de los principios fundacionales de la organización sigue siendo defendida por altos cargos y expertos internacionales.
Las Naciones Unidas no se crearon para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno
