Un discurso alineado con Washington y crítico con los organismos multilaterales
El mandatario argentino, Javier Milei, protagonizó una enérgica intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su alocución giró en torno a dos ejes principales: su férrea alianza geopolítica con Estados Unidos y un fuerte reclamo de soberanía territorial frente al Reino Unido.
Durante su intervención, el líder sudamericano cuestionó con dureza el funcionamiento del organismo internacional. Calificó a la estructura global como un “leviatán burocrático” dedicado a intervenir en la vida privada de las naciones mientras ignora a dictaduras y grupos terroristas.
Críticas a la Agenda 2030 y al manejo de la pandemia
En sintonía con las corrientes ultraconservadoras, Milei cargó contra las políticas de desarrollo sostenible y las normativas internacionales. Cuestionó abiertamente “la regulación económica, las agendas de género, el extremismo ambiental y la migración descontrolada” impulsadas por los foros globales.
Uno de los momentos más tensos de su discurso ocurrió al referirse a la gestión sanitaria global durante la crisis del coronavirus. El presidente argentino calificó las restricciones y confinamientos masivos como un “experimento global de control social disfrazado de ciencia” que derivó, según su perspectiva, en millones de muertes evitables.
“Durante la pandemia, organismos que dependen de esta casa se antepusieron a la evidencia científica y a la soberanía de las naciones y promovieron en todo el mundo políticas de encierro forzado que destruyeron empleos, arruinaron la educación de una generación entera de niños y le costaron la vida a millones de personas que murieron solas sin atención médica básica, donde algunos aducen un error de política sanitaria. Nosotros vemos un experimento global de control social disfrazado de ciencia. Y cuando un estado con anteojera sanitaria le quita a su población el derecho a trabajar, a educarse, a despedir a sus muertos, y eso se traduce en millones de muertes evitables. Hay una palabra para nombrarlo: genocidio”, sentenció el gobernante.
El conflicto por las Islas Malvinas y la respuesta británica
En el plano bilateral, el jefe de Estado argentino endureció su postura respecto al archipiélago austral. Sostuvo que el reclamo por la soberanía no solo representa una prioridad histórica, sino también una evidencia de la ineficacia de los acuerdos diplomáticos multilaterales.
“Malvinas es para nosotros una causa nacional”, afirmó el presidente, y agregó que se trata de “una prueba de la distancia que puede existir entre las palabras de las instituciones internacionales y la realidad sobre la que pretenden actuar”.
El mandatario criticó que, pese a las resoluciones históricas que exigen mantener el statu quo, continúen las explotaciones petroleras en la plataforma continental mediante licencias británicas que Buenos Aires considera ilegales. “Hoy vengo a decirles que la Argentina no se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato. Va a tomar cartas en el asunto”, advirtió.
Por su parte, el primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, respondió desde Nueva York que su país mantendrá una postura inquebrantable ante cualquier desafío a su legalidad internacional, reafirmando la defensa de los territorios británicos de ultramar, incluidas las islas en disputa.
Alianzas estratégicas y rechazo al régimen iraní
En materia de política exterior, Milei ratificó el giro diplomático de su administración hacia bloques occidentales específicos. Destacó una elección geopolítica sin ambigüedades centrada en la cooperación estrecha con Washington y Jerusalén.
“Hicimos una elección geopolítica. Nos aliamos sin ambigüedades con Estados Unidos y con Israel, países con los que compartimos una profunda afinidad de valores y complementariedad estratégica. Por eso repudiamos los ataques del régimen iraní al estado de israel, declaramos organización terrorista la guardia revolucionaria iraní”, concluyó el mandatario ante el plenario.
