A sus 88 años, esta mujer desafía la gravedad practicando acrobacias en tubo
En una disciplina tan exigente como el pole dance, donde cualquier error de cálculo puede derivar en una caída, el temor suele ser el principal obstáculo para quienes recién comienzan. Sin embargo, María Luisa Solórzano, una experimentada deportista de 88 años, se acerca con frecuencia a las nuevas alumnas para compartirles una premisa fundamental que ella misma aplica en cada sesión: “Échale ganas. No tengas miedo; nunca me he caído”.
Esta mentalidad se ha convertido en su estandarte diario. Pese a dominar las acrobacias verticales desde hace tiempo, debió tomar un receso por motivos personales y, al retomar la actividad, reconoció que le demandó un esfuerzo adicional recuperar uno de sus ejercicios predilectos: la inversión corporal para quedar suspendida de cabeza.
Una trayectoria marcada por el ritmo y la actividad física
Lejos de ser una afición tardía, Doña Mary lleva décadas haciendo ejercicio de manera constante. Desde su juventud experimentó disciplinas tan variadas como aeróbics, pilates, rutinas de alta y baja intensidad, ritmos latinos, spinning y jumping, hasta que finalmente descubrió el pole dance y quedó fascinada por su dinamismo.
Su vínculo con la música y el movimiento se gestó desde la infancia. Tras el fallecimiento de su madre, comenzó a trabajar a corta edad lavando platos en un establecimiento de comida en Tlalpan, donde aprovechaba cualquier instante para bailar al ritmo de las sinfonolas que ambientaban el lugar con temas icónicos como “Mambo No. 8”, interpretado por Pérez Prado.
“Estaba chiquita, y que el mambo. Y yo, el mambo, el mambo, el mambo, y que el brinco y todo. Me encantaba”, recuerda con entusiasmo sobre aquellos años en los que el rock and roll también formaba parte de su banda sonora cotidiana mientras laboraba en una nevería.
Hábitos y perspectiva de vida para mantenerse activa
Al ser cuestionada sobre los supuestos trucos para conservar la vitalidad, la veterana atleta descarta el uso de tratamientos cosméticos costosos y atribuye su bienestar a una alimentación tradicional basada en nutrientes esenciales. Su dieta incluye caldos de huesos de res, tuétano, patas y pescuezos de pollo, complementados con baños de hierbas y sal.
“Ve la fuerza que tengo en mis manos. Mis huesos no me dueres. ¿Tú crees que si me dolieran los huesos iba yo a treparme?”, manifiesta con absoluta seguridad sobre su capacidad física actual.
Para ella, la combinación de una nutrición adecuada y la práctica constante de actividad física representan los pilares indispensables para gozar de salud. Por este motivo, exhorta a las nuevas generaciones a mantenerse en movimiento y a rechazar hábitos nocivos como el tabaquismo y el consumo de alcohol.
“Nunca es tarde para empezar. No le des tiempo a la enfermedad, dale tiempo al ejercicio. Hay gente que ya porque les duele un dedo, ya no hacen nada”, enfatiza.
Además de su vigor físico, defiende firmemente la autonomía personal. Aunque formó una amplia familia compuesta por 10 hijos, 14 nietos y 11 bisnietos —con uno más en camino—, prefiere mantener un estilo de vida independiente y autosuficiente.
A sus 88 años, Doña Mary continúa escalando el tubo, ejecutando figuras invertidas y encarando cada reto con la misma ilusión del primer día. Cuando alguna compañera más joven experimenta incertidumbre o temor a lastimarse, ella no recurre a discursos complejos; simplemente le extiende la mano y le transmite la confianza que ha cultivado a lo largo de toda su existencia.
