El éxito cambiario y su contraparte
Se cumple un año desde que el Banco de México dio a conocer los datos oficiales de la Encuesta Trienal del BIS, un censo internacional que mide el pulso de los mercados de divisas a escala global. En aquel reporte del 30 de septiembre de 2025, se confirmó un avance significativo para la moneda nacional al posicionarse como la decimocuarta divisa más negociada del mundo, subiendo desde el puesto 16, y consolidándose como la tercera entre las economías emergentes, únicamente superada por el renminbi chino y la rupia india, además de liderar en la región latinoamericana.
Los registros demostraban una expansión notable, con un volumen diario de operaciones que alcanzó los 153 mil millones de dólares durante abril de 2025, lo que representó un incremento del 35 por ciento en comparación con 2022 y abarcó el 1.6 por ciento de un mercado global estimado en 9.6 billones de dólares diarios. Un dato clave de esta dinámica es que el 82 por ciento de dichas transacciones se efectúa fuera del territorio mexicano, operando de manera continua las 24 horas de los siete días de la semana.
Si bien esta profundidad financiera fue celebrada en su momento como el triunfo de una política económica sólida, las recientes semanas han puesto de manifiesto la otra cara de esta misma realidad.
La vulnerabilidad en las grandes ligas
Con la cotización superando la barrera de los 18 pesos por dólar, alcanzando marcas no vistas desde el cierre de marzo, el peso se ha convertido en la moneda emergente más castigada durante septiembre. Durante las últimas jornadas, la divisa lideró las pérdidas dentro de la cesta de 16 monedas monitoreada por Bloomberg, superando el retroceso del rand sudafricano y del real brasileño, tras acumular una caída semanal del 2.6 por ciento, la mayor contracción registrada desde marzo.
Aunque la reducción en el diferencial de tasas de interés explica parcialmente este fenómeno al debilitar el atractivo del ‘carry trade’, el factor determinante radica en su propia liquidez. Al ser la moneda de mercados emergentes con mayor volumen de negociación fuera de Asia, los grandes fondos la utilizan como refugio o herramienta de ajuste ante escenarios internacionales adversos, tales como rendimientos elevados en los bonos estadounidenses a 10 años por encima del 5 por ciento, tensiones geopolíticas en Medio Oriente y los movimientos de la Reserva Federal.
En el argot financiero, esto ha convertido al peso en un virtual cajero automático internacional. La gran profundidad del mercado facilita la salida rápida de capitales, pero ofrece escasa protección sobre el precio final.
Impacto de las tasas y perspectivas futuras
El detonante principal de esta racha negativa comenzó cuando la Reserva Federal incrementó su tasa de interés llevándola a un rango de 3.75 a 4 por ciento, anticipando nuevas medidas restrictivas. Por su parte, el Banco de México mantuvo su tasa en 6.50 por ciento, señalando que sus decisiones no replicarán de manera automática los movimientos estadounidenses, lo que redujo el diferencial cambiario a 250 puntos base, el nivel más estrecho desde la adopción del actual esquema de fondeo.
Este reacomodo se refleja en los mercados de futuros de Chicago, donde las posturas especulativas a favor del peso disminuyeron de 87 mil 800 a 75 mil 200 contratos en el periodo más reciente. Esta liquidación equivale a unos 6 mil 300 millones de pesos (aproximadamente 350 millones de dólares), dejando un remanente neto estimado en 37 mil 600 millones de pesos.
No obstante, este volumen representa solo una fracción visible frente a las operaciones de contado, forwards y swaps que se coordinan cotidianamente en plazas financieras como Londres o Nueva York. Como consecuencia, el tipo de cambio experimentó un salto pronunciado desde su mejor momento del año en 16.86 unidades por dólar registrado a principios de septiembre, hasta rebasar los 18.06 pesos, borrando con ello la apreciación acumulada a lo largo de 2026.
Los analistas y las instituciones financieras evalúan ahora distintos escenarios. Si los ajustes monetarios en Estados Unidos continúan y el banco central mexicano mantiene su postura, el diferencial podría comprimirse aún más hacia los 225 puntos base este año y descender cerca de 175 puntos a mediados de 2027. La moneda nacional demostró con creces su capacidad para competir en los mercados globales de alta liquidez; sin embargo, este protagonismo conlleva también el riesgo de enfrentar pérdidas proporcionales ante choques externos.
