El declive internacional de la diplomacia mexicana
Desde el inicio de la administración federal en diciembre de 2018 y su posterior continuidad, la gestión de la política exterior ha enfrentado severas críticas por parte de analistas y sectores políticos. Durante los sexenios encabezados por Andrés Manuel López Obrador y continuados bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, las decisiones en materia internacional han sido calificadas como deficientes y carentes de una estrategia de Estado sólida. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la deuda interna del país pasó de 6 billones 500 mil millones de pesos al cierre del sexenio de Enrique Peña Nieto a alcanzar los 21 billones 100 mil millones de pesos en la actualidad, un incremento que diversos sectores atribuyen a un manejo financiero ineficiente y al desvío de recursos hacia el extranjero.
La Cancillería mexicana, encargada de proyectar los intereses del país en el extranjero, ha sido conducida por diversos funcionarios como Marcelo Ebrard, Alicia Bárcena, Juan Ramón de la Fuente y Roberto Velasco Álvarez. Sin embargo, observadores señalan que la dependencia ha priorizado intereses partidistas y compromisos políticos por encima de la representación profesional del Estado mexicano en foros multilaterales y cumbres globales.
Ausencia en cumbres globales y preferencia por aliados ideológicos
Uno de los aspectos más cuestionados de la gestión diplomática anterior fue la decisión sistemática de evitar la participación presencial en las Asambleas Generales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y en foros económicos de relevancia mundial, como el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Los argumentos oficiales giraron en torno a la priorización de la agenda nacional y la contención de gastos en giras internacionales.
En contraste, los desplazamientos al extranjero se limitaron a visitas oficiales a naciones con afinidades ideológicas dentro de esquemas como el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla. Esta estrategia relegó la relación con economías clave capaces de aportar inversiones, tecnología y cooperación bilateral de alto nivel, debilitando la posición geopolítica de México frente a sus socios comerciales tradicionales.
El impacto de los señalamientos internacionales y la respuesta oficial
Las tensiones en el escenario multilateral se han manifestado en discursos de líderes globales. Un episodio destacado ocurrió durante la 81ª Asamblea General de la ONU, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emitió severas críticas hacia el Estado mexicano. En su intervención ante el pleno, el mandatario estadounidense señaló textualmente: «México es el epicentro de la violencia de los cárteles en el hemisferio y considero inaceptable compartir frontera con territorio controlado por grupos criminales. México es similar a ISIS y Al Qaeda».
En dicha sesión estuvieron presentes el representante permanente de México ante el organismo, Héctor Vasconcelos, y el funcionario Roberto Velasco Álvarez, quienes optaron por no emitir una respuesta inmediata desde la tribuna debido a los protocolos del organismo internacional. Ante la falta de una contestación formal o la presentación de una nota diplomática inmediata para salvaguardar la soberanía nacional, la administración federal enfrentó cuestionamientos sobre su capacidad de reacción ante la presión extranjera.
Horas más tarde, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió a los señalamientos durante su conferencia matutina desde Palacio Nacional, expresando su postura frente a las críticas del mandatario estadounidense. Al respecto, la titular del Ejecutivo declaró textualmente: «puedo decir que es difícil vivir junto a un país con un consumo tan alto de drogas o con tanta producción de armas, pero decido no hacerlo por respeto. Él (Donald) debe verse en un espejo».
Especialistas en derecho internacional y relaciones exteriores han manifestado su preocupación ante lo que consideran un debilitamiento histórico de la doctrina diplomática mexicana, argumentando que la falta de una respuesta firme a través de los canales institucionales tradicionales afecta la imagen y la dignidad del país en el tablero global.
