Una mirada profunda más allá de las alarmas
El análisis detallado de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) correspondiente al año 2026 ofrece matices fundamentales que trascienden el panorama alarmista que a menudo domina el debate público. Si bien los retos en materia de seguridad siguen vigentes y documentados, el ejercicio estadístico elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) permite comprender que el fenómeno de la tranquilidad social no responde a una sola dimensión, especialmente en regiones como Oaxaca.
Lejos de reducir el problema a una crisis generalizada, los datos invitan a examinar los contrastes existentes entre el miedo generalizado hacia el exterior y la relativa calma que los ciudadanos perciben en sus espacios más cercanos. Esta dualidad demuestra que la seguridad ciudadana se experimenta de manera distinta dependiendo de la proximidad del entorno cotidiano con el que interactúan las personas.
La paradoja del riesgo: la percepción entre el entorno general y el espacio local
Uno de los hallazgos más llamativos que arroja el estudio demoscópico es la marcada diferencia entre la evaluación del peligro a gran escala y la tranquilidad que se experimenta en el ámbito vecinal. A nivel estatal, la estadística señala que el 72.2 por ciento de la población manifiesta una percepción general de inseguridad. Sin embargo, al enfocar la consulta hacia el entorno más inmediato, es decir, la colonia o localidad de residencia, el porcentaje de desconfianza disminuye drásticamente hasta ubicarse en un 25.1 por ciento.
Esta brecha pone de manifiesto que los ciudadanos tienden a proyectar el peligro hacia escenarios abstractos o lejanos bajo la premisa de que la amenaza se encuentra “allá afuera”. En contraste, el espacio inmediato y diario se sigue percibiendo como un territorio de resguardo, lo que evidencia que la estabilidad comunitaria mantiene bases firmes en la experiencia cotidiana de los habitantes.
Tranquilidad nocturna y confianza en la vida comunitaria
La construcción de la paz social no depende exclusivamente de las grandes estrategias gubernamentales o de los macroindicadores de criminalidad, sino también de la viabilidad de la vida en comunidad. En el caso específico de Oaxaca, un 58.3 por ciento de las personas encuestadas afirmó sentirse seguro al transitar en solitario por las inmediaciones de su domicilio durante la noche.
Aunque este porcentaje no representa una solución definitiva ni motivo para minimizar los desafíos pendientes, sí refleja la persistencia de un tejido social que todavía permite habitar el espacio público nocturno sin el dominio absoluto del terror. Conservar estos núcleos de confianza ciudadana resulta indispensable para entender que la realidad local posee espacios funcionales que resisten al contexto de violencia.
Disminución gradual del temor en espacios públicos específicos
Al analizar los puntos críticos que históricamente han generado mayor inquietud ciudadana, se observa una ligera pero significativa mejoría en la estadística anual. Los cajeros automáticos situados en la vía pública continúan encabezando la lista de los sitios que provocan mayor aprensión entre los usuarios; no obstante, la incidencia registró un descenso al pasar del 75.4 por ciento registrado en 2025 al 69.6 por ciento en este 2026.
Desde una perspectiva puramente cuantitativa, la variación representa una reducción de varios puntos porcentuales que, en el terreno de la subjetividad y la psicología social, denota una disminución paulatina en la aprehensión colectiva al utilizar dicha infraestructura urbana. Estos cambios sutiles sugieren que ciertas medidas de prevención o la adaptación ciudadana están surtiendo efectos visibles a lo largo del tiempo.
Hacia una comprensión integral de la seguridad ciudadana
Interpretar la seguridad pública bajo un esquema rígido de blancos y negros impide dimensionar la complejidad del problema. La ENVIPE 2026 confirma las problemáticas que aquejan a la entidad, pero simultáneamente expone aquellos rincones donde la confianza institucional y vecinal permanece intacta, mostrando tendencias que merecen un seguimiento puntual por parte de especialistas y autoridades.
Evaluar el estado de salud de una sociedad implica también reconocer sus fortalezas, aquellos espacios urbanos que se transitan sin temor y los vínculos comunitarios que continúan vigentes. La conversación pública en torno a la seguridad requiere un equilibrio necesario: visibilizar lo que aún falta por corregir sin descuidar los avances y fortalezas que ya operan en la vida diaria de los ciudadanos.
