El peligro invisible que saltó de internet a la Casa Blanca
El politólogo francés Arnaud Miranda advierte sobre el peligro de subestimar las corrientes ideológicas que nacieron en los márgenes de la red y hoy influyen en la política global. Su investigación, plasmada en la obra La ilustración oscura. Comprender el pensamiento neorreaccionario, detalla cómo un grupo de teóricos digitales logró instalarse en el núcleo del poder estadounidense tras el retorno de Donald Trump.
Esta constelación ideológica agrupa conceptos nacidos en blogs y foros oscuros que hoy definen la agenda de la ultraderecha internacional. Términos como la red pill o las críticas dirigidas a ‘la Catedral’, denominación utilizada para desacreditar a las universidades y a los medios tradicionales, forman parte de un ecosistema que persigue la transformación radical de los Estados modernos.
Del Estado democrático a la gran corporación tecnológica
El fundador de esta corriente es Curtis Yarvin, quien comenzó a difundir sus teorías en 2007 bajo un seudónimo. Su propuesta central consiste en reemplazar la democracia por un sistema jerárquico donde los países funcionen de manera idéntica a una empresa privada o una startup de Silicon Valley, bajo el mando absoluto de un CEO con poderes plenipotenciarios.
Para alcanzar esta metamorfosis institucional, los neorreaccionarios descartan las revoluciones populares masivas y apuestan por un golpe de Estado tecnocrático. Su enfoque elitista prioriza la formación de cuadros selectos que ocupen cargos clave en las administraciones públicas en lugar de buscar el respaldo de mayorías sociales.
Peter Thiel invirtió en estas ideas, se convirtió en una especie de nexo entre este grupo marginal de internet y las fuerzas políticas
El salto de la marginalidad digital a la primera línea política fue posible gracias a figuras clave como el inversor Peter Thiel. Su apoyo financiero y estratégico funcionó como el puente definitivo entre los teóricos de internet y las estructuras de los partidos políticos tradicionales, consolidando una red de influencia transatlántica.
Un capitalismo de predicción y conquista
Para Miranda, este fenómeno representa una clara mutación del sistema económico liberal hacia un capitalismo antiliberal. En esta nueva fase, las estructuras de mercado ya no priorizan la libre competencia comercial, sino la depredación sistemática de recursos en un contexto marcado por limitaciones ecológicas y la expansión digital.
Hoy en el trumpismo hay tres pilares: el nacional-populista, el postliberal y la derecha tech neorreaccionaria. Hay profundas incompatibilidades entre ellos, pero la alianza se sostiene porque Trump nunca hace elecciones ideológicas tajantes
El actual movimiento trumpista integra tres corrientes principales con profundas contradicciones internas: el nacional-populismo, el postliberalismo y la derecha tecnológica neorreaccionaria. La cohesión de este bloque se mantiene gracias a una figura de liderazgo que evita definiciones ideológicas estrictas y ofrece expectativas de poder a cada facción.
Lo nuevo en esta década es el surgimiento de lo que podríamos llamar un ‘iliberalismo tecnológico’, una voluntad real de transformar los regímenes desde dentro en alianza con grandes figuras de la tecnología
Frente a esta ofensiva antidemocrática, el investigador subraya la necesidad urgente de articular una respuesta desde los sectores democráticos. Esta estrategia exige no solo desarmar discursivamente la supuesta superioridad del autoritarismo, sino también recuperar la capacidad de imaginar el futuro y garantizar la soberanía tecnológica frente a las nuevas formas de dependencia global.
