La urgencia de actuar en los primeros minutos
Una emergencia cardíaca puede presentarse de forma imprevista en el hogar, dentro de un salón de clases o durante cualquier rutina diaria. Cuando un menor sufre un paro cardíaco, la rapidez con la que se interviene resulta determinante para sus probabilidades de sobrevivir. Con motivo del Día Mundial de la RCP, la Asociación por los Corazones Infantiles (ACORI) emitió un llamado urgente para incrementar la preparación en reanimación cardiopulmonar, enfocándose principalmente en padres, tutores, profesores y cuidadores.
Estadísticas de la iniciativa internacional World Restart a Heart indican que la RCP aplicada de inmediato por un testigo puede duplicar o incluso triplicar las probabilidades de supervivencia. Asimismo, la Secretaría de Salud de México recalca que combinar la reanimación con la desfibrilación en un lapso de tres a cinco minutos constituye una acción vital para la atención inicial de estos incidentes.
¿Qué ocurre durante un paro cardíaco?
Este tipo de emergencia sucede cuando el corazón detiene de forma repentina el bombeo efectivo de sangre hacia el cerebro y el resto de la anatomía. En consecuencia, el afectado pierde el conocimiento y deja de respirar con normalidad, un escenario donde cada minuto cuenta de manera decisiva.
«Una emergencia cardíaca puede ocurrir frente a cualquier persona. En el caso de un niño, quien esté a su lado puede ser su mamá, su papá, un maestro o un cuidador. Saber reconocer lo que está ocurriendo, pedir ayuda e iniciar RCP puede convertirse en una acción decisiva mientras llegan los servicios de emergencia. Por eso es importante que este conocimiento llegue también a los hogares y a las escuelas», afirmó la Dra. María Guadalupe Jiménez Carbajal, presidenta de ACORI.
Pasos fundamentales ante una crisis cardíaca
Mientras se espera el arribo de los paramédicos, ACORI aconseja seguir una serie de pasos esenciales:
- Verificar la respuesta: Llamar al menor y comprobar si reacciona. Si no hay respuesta ni respiración normal, se debe actuar sin demora.
- Llamar al 911: Contactar de inmediato a los servicios de auxilio y brindar detalles precisos sobre la ubicación y la situación.
- Iniciar compresiones: Si se cuenta con la instrucción adecuada, comenzar la reanimación siguiendo las directrices de los operadores telefónicos.
- Utilizar un DEA: Si hay un desfibrilador externo automático disponible en las cercanías, solicitarlo y operarlo conforme a sus indicaciones.
- No suspender la ayuda: Continuar con las maniobras hasta que la víctima muestre señales de vida o el personal especializado asuma el control.
Mientras que en los adultos se recomiendan frecuencias de 100 a 120 compresiones por minuto, en la población infantil las técnicas deben ajustarse a la etapa de desarrollo y proporciones físicas, por lo que los expertos aconsejan buscar instrucción especializada en pediatría.
El papel preventivo de los centros educativos
La organización subraya que las escuelas tienen una función clave en la prevención al integrar personal preparado, protocolos claros, números de contacto accesibles y simulacros frecuentes. Del mismo modo, es fundamental distinguir entre un infarto —caracterizado por la obstrucción del flujo sanguíneo hacia el músculo cardíaco— y un paro cardíaco, donde el órgano cesa por completo su función de bombeo.
«No buscamos que madres, padres o maestros sustituyan al personal médico, pero es de suma importancia que sepan qué hacer durante esos primeros minutos en los que todavía no ha llegado una ambulancia. Reconocer que un niño no responde o no respira normalmente, activar los servicios de emergencia y comenzar las maniobras adecuadas puede ayudar a mantener la circulación y ganar un tiempo muy valioso», aseguró la Dra. Fabiola López Madrigal, Directora Médica de ACORI.
Capacitarse en estas técnicas requiere apenas de unas horas, pero ponerlas en práctica en el instante preciso representa la diferencia entre la vida y la muerte para un infante.
