La estrategia audiovisual para rebatir las críticas
Frente al revuelo generado por el aclamado documental Naza, el aparato estatal israelí ha reaccionado con una producción propia titulada ‘Naza: la historia real’. Este metraje de 49 minutos busca contrarrestar la narrativa sobre los bombardeos masivos en la Franja y defender la actuación de las fuerzas armadas en el conflicto.
El filme original, dirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor, debutó con gran repercusión en el pasado Festival de Venecia. En él, más de veinte militares detallan el uso de sistemas de inteligencia artificial para fijar objetivos y el consentimiento consciente sobre las bajas civiles colaterales.
Polémica por la réplica estética y el control de testigos
El título de la pieza cinematográfica alude directamente al término militar empleado para calcular el volumen de civiles que podrían perecer en una incursión bélica. La réplica gubernamental adopta una puesta en escena similar pero con un tono apologético, difundiendo que “cuando se hace una película lejos de la línea de fuego (…) es fácil editar, es fácil omitir y es fácil inventar una narrativa falsa sobre el ejército más moral del mundo”.
Ante la gravedad de los testimonios internos que incluye el largometraje crítico, las autoridades han intensificado la presión política. Incluso se ha exigido a los servicios de inteligencia indagar en el anonimato de los participantes y se han lanzado graves descalificaciones contra los creadores del proyecto galardonado.
Difusión global y rechazo institucional
La obra propagandística ya se encuentra traducida a nueve idiomas, incluido el castellano, y cuenta con el respaldo de canales oficiales como la Embajada de Israel en Estados Unidos. Mientras tanto, el sector oficial niega categóricamente el empleo masivo de algoritmos automatizados para la selección de blancos o la existencia de directrices que toleren muertes desproporcionadas en la zona de operaciones.
