Las disputas internas y su impacto electoral
El proceso interno para definir las precandidaturas a las gubernaturas del próximo año ha dejado al descubierto profundas divisiones al interior de Morena. Las inconformidades con los perfiles seleccionados se han manifestado con mayor intensidad en entidades como Nuevo León, Michoacán y Zacatecas, aunque también se registran tensiones de menor visibilidad pero alta complejidad en Baja California Sur, Colima, Sonora, Tlaxcala y la demarcación Álvaro Obregón en la capital del país.
Ante este escenario, los equipos estratégicos de la oposición han comenzado a estructurar mapas de ruta para capitalizar el descontento. Los análisis elaborados por el Partido Acción Nacional (PAN) apuntan a que los mayores resquicios para disputar el poder ejecutivo local se localizan en Baja California Sur y Tlaxcala, además de la citada alcaldía Álvaro Obregón, sumado a la defensa de sus bastiones en Aguascalientes, Chihuahua y Querétaro.
Alianzas estratégicas y rentabilidad política
La estrategia opositora contempla repetir las coaliciones con el PRI y el PRD bajo un criterio estrictamente pragmático: postular a los perfiles con mayor competitividad electoral, dejando de lado cuotas partidistas o compromisos políticos previos. Un ejemplo de esta fórmula se observa en Nuevo León, con el perfil de Adrián de la Garza, y en la alcaldía Cuauhtémoc, donde Alessandra Rojo de la Vega logró arrebatar el territorio a la fuerza guinda mediante una candidatura conjunta.
No obstante, el caso de Nuevo León destaca por la abierta inconformidad de figuras públicas y militantes locales tras la designación de Clara Luz Flores. Aunque la disidencia carece inicialmente de una estructura masiva, las tensiones reflejan el desgaste de las decisiones cupulares que ignoraron antecedentes electorales previos en la región norteña.
Rupturas en la coalición oficialista
Las fricciones no se limitan a la militancia interna, sino que amenazan con fracturar la alianza gobernante. En Zacatecas, la imposición de Verónica Díaz sobre la senadora Geovanna Bañuelos provocó un fuerte malestar en el Partido del Trabajo (PT). Esta situación generó cuestionamientos públicos por parte de actores locales como el senador Ulises Mejía, quien aseguró haber ganado los sondeos internos. Las diferencias se agudizaron tras declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum, lo que mantiene la estabilidad de la alianza en una situación sumamente frágil.
Por otro lado, en Baja California Sur, el reacomodo de fuerzas locales llevó a postular a Manuel Cota, respaldado por su padre y por operadores del ala tradicional del movimiento, luego de descartarse a otros aspirantes debido a cuestionamientos sobre su viabilidad política y posibles vínculos con la delincuencia organizada que ya son investigados por instancias internacionales.
Expectativas y escenarios en los estados
En Tlaxcala, la nominación de la senadora Ana Lilia Rivera generó un distanciamiento operativo con la estructura de la gubernatura estatal, que impulsaba al alcalde Alfonso Sánchez García. Los estrategas opositores estiman que esta fisura podría traducirse en una ventaja competitiva para la diputada local Miriam Martínez.
Asimismo, en Colima, la selección de Rosa María Bayardo como precandidata única desató protestas de dirigentes locales aliados a la autodenominada Cuarta Transformación, incluyendo renuncias y desconocimientos del proceso por parte de líderes del Partido Verde y legisladores. Esta ruptura entre los liderazgos nacionales y estatales constituye la principal apuesta de la oposición para intentar arrebatar el control político en la región.
Con estos elementos, los partidos opositores buscan duplicar su presencia en los gobiernos estatales y demostrar la vulnerabilidad electoral del partido en el poder de cara a los comicios intermedios.
