Un panorama electoral marcado por la incertidumbre y la inestabilidad
Las próximas elecciones en Israel, convocadas para el día 27, se perfilan como un proceso altamente fragmentado. Las proyecciones demoscópicas muestran un empate técnico entre los dos principales candidatos, lo que anticipa la imposibilidad de que alguna formación alcance la mayoría absoluta de 61 de los 120 escaños de la Knéset.
Este escenario obligará una vez más a conformar una coalición gubernamental heterogénea y frágil. Los comicios llegan tras una legislatura casi completa, un hecho inusual en los últimos 38 años que ha estado liderado por Benjamin Netanyahu al frente del Ejecutivo más derechista de la historia del país.
Causas judiciales y exclusiones políticas
La continuidad política de Netanyahu se sostiene a pesar de arrastrar tres causas penales abiertas en el Tribunal Supremo y una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra. Paralelamente, el proceso electoral ha estado salpicado por intentos de exclusión institucional dirigidos contra las formaciones árabes.
Aunque el Tribunal Supremo revocó finalmente la prohibición promovida por el Comité Electoral Central contra partidos como Ra’am y la Lista Conjunta, la maniobra evidenció una profunda fractura institucional. Tradicionalmente, estas agrupaciones que representan a la minoría árabe del país quedan marginadas de la conformación de los gabinetes de gobierno.
La normalización de la excepcionalidad regional
El proceso electoral también transcurre en medio de un inusual respaldo explícito desde la Casa Blanca hacia Netanyahu. Ambos líderes han compartido estrategias militares frente a Irán, asumiendo el desgaste de no haber alcanzado una rendición militar total y apostando de forma continuada por la vía armada en la región.
También se ha normalizado, en contra de todas las evidencias, calificar a Israel como la única democracia de Oriente Próximo, y mirar para otro lado mientras sus fuerzas armadas –violando evidentemente la norma más básica del derecho internacional– invaden el territorio soberano de Líbano y Siria, mientras atacan a Irán y masacran a los palestinos
El censo electoral habilitará a 7,3 millones de ciudadanos israelíes mayores de 18 años, cifra que incluye a los 750.000 colonos instalados en territorios palestinos ocupados. Por el contrario, más de tres millones de habitantes de Gaza y Cisjordania carecen del derecho al voto, a pesar de estar sometidos al control administrativo y militar de Tel Aviv.
Una pugna constante por la dureza militar
Ante este contexto, los contendientes políticos compiten por proyectar una imagen de extrema firmeza frente a la población palestina. Sectores ultranacionalistas reprochan al actual primer ministro una supuesta tibieza, mientras figuras emergentes como Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar y principal rival de Netanyahu, descartan tajantemente la creación de un Estado palestino.
Suponer que a pesar de todo las elecciones serán una fiesta de la democracia es, desgraciadamente, una posibilidad muy remota. De hecho, incluso la hipotética derrota de Netanyahu a manos de Eisenkot apunta a más de lo mismo
Eisenkot promete una campaña militar de 18 meses para desmantelar por completo a Hamás en la Franja de Gaza, al tiempo que rechaza fórmulas de convivencia binacional. Cualesquiera que sean los resultados definitivos en las urnas, el próximo jefe de Gobierno dependerá de las alianzas con los partidos ultraortodoxos, lo que garantizará la asunción de sus demandas más rigurosas.
