El dilema numérico del Parlamento israelí
Los recientes comicios celebrados el martes han arrojado un escenario complejo y aparentemente contradictorio en la política israelí. Sobre el papel, 66 diputados de un total de 120 en el Parlamento desean el relevo definitivo del actual primer ministro, Benjamin Netanyahu. Su objetivo principal pasa por verle responder ante la justicia por acusaciones de corrupción y establecer una comisión independiente que investigue los fallos de seguridad durante el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.
Sin embargo, la realidad institucional del país divide de forma implícita a la ciudadanía. La comunidad palestina residente en Israel, que representa aproximadamente el 20% de la población total, logró un hito histórico al conseguir 17 escaños a través de sus formaciones políticas. Sumados a los 47 asientos del bloque opositor liderado por el exgeneral Gabi Eisenkot, alcanzan esa mayoría de 66 legisladores, mientras que la coalición de gobierno se retiene en 54 escaños, con el partido Likud como la fuerza principal al acaparar 27 representantes frente a los 64 obtenidos en la cita electoral de 2022.
Estrategia de exclusión y veto político
Pese a este aparente revés en las urnas, el primer ministro conserva un amplio margen para asegurar su continuidad o abogar por una repetición electoral en un plazo aproximado de seis meses. Netanyahu mantiene el control de un Ejecutivo en funciones con plenas facultades políticas, beneficiándose una vez más de los vetos que la propia oposición se autoimpone al rechazar cualquier alianza con los partidos árabes por considerarlos incompatibles con el carácter sionista del Estado.
Durante su discurso pronunciado a altas horas de la madrugada, el mandatario incidió directamente en esta línea argumental: “El bloque de derechas tiene una mayoría clara y decisiva entre la gente sionista”. Asimismo, añadió: “Es impensable poner en peligro a Israel y montar un Gobierno que se opone a nuestra existencia, que considera a Hamás una organización benéfica y que llama criminales de guerra a nuestros soldados”. Esta retórica es compartida en diversos grados por figuras clave de la oposición como Naftalí Bennett y Avigdor Lieberman, quienes suman 19 escaños y mantienen posturas firmemente recelosas hacia la representación palestina.
Voces disidentes y el factor militar
La única excepción notable dentro del arco opositor provino de Yair Golan, representante de la coalición de izquierdas Los Demócratas, quien abogó abiertamente por superar las barreras raciales: “No tenemos ningún futuro si no dejamos de tener miedo y si no detenemos el racismo. No podemos seguir aceptando la división racista que hace Netanyahu entre votos judíos y votos árabes”.
El escrutinio definitivo aún debe procesar los votos procedentes de los cuarteles, donde miles de soldados y reservistas ejercen su derecho alfragio. Históricamente, este sector tiende a beneficiar a las opciones de la derecha y a restar peso porcentual a las formaciones árabes. Además, la eventual convocatoria de nuevos comicios perjudicaría la movilización del electorado no judío y frenaría el retorno temporal de votantes desde el extranjero, un factor que juega claramente a favor de la estrategia de supervivencia política del líder del Likud.
La sombra de un conflicto regional
Más allá de las negociaciones parlamentarias ordinarias, la carta más sólida con la que cuenta Netanyahu para blindar su liderazgo es el tablero geopolítico internacional. Una potencial reanudación de las hostilidades contra Irán le abriría la puerta para reclamar la formación de un gobierno de unidad nacional bajo su mando directo, un desenlace estrechamente vinculado a los movimientos de la administración estadounidense.
En paralelo al cierre del recuento, informes publicados por medios como The Wall Street Journal apuntan a que Washington ha informado a sus aliados en el Golfo Pérsico sobre la posibilidad de una campaña de bombardeos de corta duración pero de gran intensidad contra objetivos iraníes una vez concluyan las elecciones legislativas en Estados Unidos el próximo 3 de noviembre. Este escenario internacional consolida las expectativas del dirigente israelí para prolongar su mandato en medio de una crisis de seguridad regional.
