— Convocaron a nombre de Cruz y otro quiso llevarse la medalla
— La unidad no se compra por kilo
ENGAÑO.— Muy comentada resultó en los círculos políticos de Morena una carne asada a la que asistieron Daniel Abbot, Sebastián Torres, Héctor Ochoa, Hugo González, Brenda Ríos y Sahir Rentería, entre otros personajes del movimiento. Lo que aparentemente sería un encuentro para fortalecer la unidad terminó, según versiones de los asistentes, generando más inconformidades que acuerdos.
CONVOCATORIA.— Resulta que a los participantes se les habría invitado bajo el argumento de que se trataba de un encuentro convocado por Cruz Pérez Cuéllar. Sin embargo, una vez reunidos, vino la primera sorpresa: los aspirantes fueron llamados a pronunciar discursos que nadie les había solicitado preparar, circunstancia que provocó extrañeza entre varios de ellos.
SORPRESA.— El verdadero giro llegó al final, cuando Sahir Rentería tomó la palabra para agradecer la asistencia y revelar que él y Andrés Baeza habían organizado y pagado la carne asada. Aquello que algunos entendieron como una convocatoria de Cruz terminó convertido en un encuentro cuya organización reclamó para sí uno de los propios aspirantes.
MOLESTIA.— Y ahí comenzaron las inconformidades. Según las versiones que circularon después, algunos de los invitados consideraron que habían sido convocados bajo una premisa distinta a la verdadera. No cuestionaron la convivencia, sino las formas de reunirlos y la pretensión de presentar el encuentro como un ejercicio de articulación política.
LLAMADA.— Lo curioso es que, para reunir a los aspirantes, Cruz Pérez Cuéllar no necesita intermediarios. Le bastaría una llamada telefónica o una convocatoria directa para sentarlos a todos en la misma mesa. Tampoco necesita que alguien le organice la unidad ni que se atribuya una representación política que no le ha sido conferida.
PROTAGONISMO.— Entre los inconformes surgió la interpretación de que Sahir, ante su escasa presencia en la conversación política de la capital, estaría buscando colocarse en el centro de una fotografía colectiva utilizando el nombre de Cruz. Una lectura que, de confirmarse las circunstancias de la convocatoria, explicaría buena parte de las molestias posteriores.
DESCONFIANZA.— El problema va más allá de una carne asada. Algunos participantes advirtieron que este tipo de convocatorias termina deteriorando la confianza entre compañeros, pues si una reunión se anuncia con un propósito y concluye con otro, cualquier invitación posterior corre el riesgo de generar sospechas. Y sin confianza, difícilmente puede construirse unidad.
FORMAS.— En Morena, donde conviven trayectorias, liderazgos y distintas expresiones políticas, los acuerdos no se construyen solamente reuniendo personas alrededor de una mesa. Requieren interlocución, reconocimiento y cortesía política. Querer encabezar a los demás aspirantes sin haber construido previamente esa legitimidad puede convertirse en una fuente adicional de desacuerdos.
COSTOS.— De ahí que algunas voces consideren que, lejos de facilitarle las cosas a Cruz Pérez Cuéllar, estas iniciativas podrían terminar complicando sus esfuerzos de acercamiento en la capital. Sobre todo si los invitados sienten que se utiliza su nombre para promover encuentros cuyos objetivos no fueron transparentados desde el principio.
CAPITAL.— El episodio también puso sobre la mesa una vieja confusión entre disponer de recursos y construir capital político. Pagar una carne asada puede reunir a una docena de personas; conseguir que esas mismas personas reconozcan un liderazgo es un asunto completamente distinto. El dinero paga la cuenta, pero no compra la legitimidad.
UNIDAD.— Al final, entre los asistentes quedó una pregunta que resume la controversia: ¿se buscaba realmente acercar a los distintos aspirantes o colocar a uno de ellos como supuesto factor de unidad? Porque en política no basta con organizar la reunión, pagar la carne y aparecer en la fotografía. La unidad se construye con confianza, no con protagonismo. Y lo más costoso de aquella carne asada podría no haber sido la cuenta, sino la confianza que algunos aseguran haber perdido.
NACADA.— Así fue interpretado el encuentro por algunas de las voces inconformes: como una nacada política, una maniobra carente de cortesía y sensibilidad entre compañeros, en la que se habría utilizado el nombre de Cruz Pérez Cuéllar para convocar a los aspirantes y después atribuirse el protagonismo de la reunión. Lejos de construir unidad, según estas versiones, el episodio dejó molestias y desconfianza.
