La estrategia de la duda ante los comicios
El panorama político estadounidense se encamina hacia las urnas con una creciente tensión institucional. A pocos días de las elecciones legislativas, Donald Trump ha redoblado su ofensiva verbal y judicial para poner en tela de juicio la legitimidad del proceso, avivando el temor a un posible descalabro de su formación en el Congreso.
El foco de la controversia se sitúa ahora en Alaska, donde el mandatario estadounidense ha exigido consecuencias legales directas. “Tiene que ser procesada”, sentenció el líder norteamericano al referirse a la candidata demócrata al Senado, Mary Peltola, a quien acusa de orquestar una maniobra para confundir al electorado.
Polémica en Alaska por la papeleta
La disputa en este estado ártico escaló con fuerza tras la filtración de supuestas comunicaciones internas del equipo demócrata. Según estas informaciones, se habría buscado la participación de un candidato independiente llamado Dan J. Sullivan, cuyo nombre coincide casi por completo con el del actual senador republicano, Dan Sullivan, generando un riesgo evidente de confusión masiva en las urnas.
Desde la administración central se califica lo ocurrido como un delito electoral grave. “Lo que ha hecho Peltola y lo que han hecho [Chuck] Schumer [líder en el Senado] y el Partido Demócrata ha sido una artimaña. Es fraude electoral, un fraude electoral total al más alto nivel, de carácter delictivo. Nadie ha visto nunca nada parecido”, aseveró el presidente de EEUU.
Por su parte, el candidato independiente ha negado en repetidas ocasiones cualquier vínculo con los demócratas, mientras que Peltola ha restado importancia a las acusaciones. La aspirante demócrata calificó las revelaciones como una simple cortina de humo destinada a desviar la atención de debates clave como la política exterior y la gestión económica.
A pesar de que el Tribunal Supremo estatal avaló en su momento la participación del segundo candidato en la contienda, la respuesta desde el Ejecutivo federal no se ha hecho esperar. El Gobierno prepara una demanda para bloquear la certificación de los resultados en caso de una derrota republicana, evidenciando un pulso sin precedentes entre los poderes federales y estatales.
Nueva ofensiva y críticas contra California
La campaña de descrédito institucional impulsada desde la Casa Blanca también ha puesto en su punto de mira a los bastiones demócratas tradicionales. California se ha convertido en el nuevo blanco preferente de las acusaciones de irregularidades, intensificando el enfrentamiento entre el Departamento de Justicia y los funcionarios electorales locales.
La administración federal ha emitido citaciones judiciales a los responsables de los comicios en territorio californiano, exigiendo cuentas sobre la composición de los censos. El presidente insiste en señalar la existencia de miles de votantes sin nacionalidad, a pesar de que los datos oficiales apuntan a que esta incidencia es meramente testimonial y carece de sustento probatorio.
“Hemos encontrado 20.000 [votantes]”, reiteró el mandatario, añadiendo sin aportar evidencias que el territorio acumula millones de votos nulos. Mientras los tribunales evalúan los recursos de urgencia presentados por el Ejecutivo, el debate sobre la fiabilidad del sistema de votación se consolida como el eje central del tramo final de la campaña.
