A seis meses del inicio formal del proceso electoral de 2027, el partido en el poder, Morena, enfrenta tensiones internas con al menos diez frentes de conflicto que han generado división entre sus integrantes.
Las disputas incluyen acusaciones de corrupción dentro de algunas facciones, enfrentamientos por liderazgo y denuncias cruzadas que amenazan con debilitar la cohesión del movimiento político.
Miembros de la dirigencia han expresado su preocupación de que estas fracturas internas puedan traducirse en una pérdida de confianza de la ciudadanía en un momento crucial para las aspiraciones electorales del partido.
Algunos líderes han sido acusados de prácticas que reflejan la vieja política, lo que genera críticas desde sectores progresistas que fueron base original del movimiento.
La disputa más visible incluye señalamientos de traiciones y bloqueos internos que han retrasado acuerdos sobre candidaturas y estrategias para la próxima elección.
Analistas consideran que estos conflictos internos podrían beneficiar a partidos de oposición, especialmente si no se logra estabilizar la estructura organizativa antes de las campañas formales.
La situación también ha reavivado debates sobre la necesidad de mayor transparencia institucional y rendición de cuentas dentro de los partidos políticos mexicanos.
Sectores ciudadanos han expresado su descontento por la percepción de que los problemas internos distraen de temas prioritarios como seguridad, economía o bienestar social.
Algunos dirigentes proponen reformas internas para modernizar la operación del partido, mientras que otros abogan por mantener estructuras tradicionales que consideran valiosas para su base electoral.
En este contexto, el liderazgo político enfrenta un desafío clave: cerrar divisiones internas y proyectar unidad en un escenario nacional marcado por la polarización y la exigencia ciudadana de mejores resultados en seguridad y gobernabilidad.